jueves, 28 de noviembre de 2013

Eleven kinds of loneliness (Once maneras de sentirse solo), de Richard Yates















Yates es uno de esos autores magistrales que aparece y desaparece de vez en cuando del panorama literario dentro y fuera de Estados Unidos. En aquel país sus seguidores son muchos más que aquí, pero aun así no son tantos como uno piensa que deberían ser.


Que yo recuerde el último repunte de su fama por estas tierras fue tras el estreno de la adaptación cinematográfica de una de sus obras maestras, Revolutionary Road, interpretada por dos actores que admiro (Di Caprio y Winslet), a pesar de lo cual, siguiendo mi tradición de no ver películas basadas en las novelas que mas me han gustado, dejé pasar. 

Pero Yates es mucho más que Revolutionary Road, por estupenda que sea esta obra (que lo es). Estos relatos, publicados un año después de la novela que acabo de citar, son buena prueba de ello.

Yates es uno de los dos o tres maestros a la hora de tratar al americano común y sus tormentas emocionales. Concretamente el americano común de los años 50, los años en que tras la guerra comenzaba a parecer posible cumplir con esa huidiza promesa llamada el sueño americano. Pero claro, como todo sueño que por fin se consigue, este sueño conllevaba un germen de decepción dentro. No todos eran capaces de alcanzarlo ni una vez alcanzado eran todos capaces de mantenerlo. Sus protagonistas son de lo más variopinto por un lado y de lo más similar por otro. Oficinistas de Manhattan, novelistas frustrados, taxistas,  unidos por el nexo de la decepción presente o futura.

Richard Yates (1926-1992)

Nacido en Nueva York y con la mayor parte de su obra asociada a esta ciudad, soldado en campañas en Francia y Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, gran amigo de Kurt Vonnegut y con otros trabajos alternativos al de escritor como el de ser redactor de discursos para Robert Kennedy o simplemente el de "negro" (ghost writer) de obras atribuidas a otros autores, Yates acabó finalmente  como escritor y profesor de escritura en múltiples universidades a lo largo de los Estados Unidos.

Richard Yates cuando aún era un madurito interesante.

Y a pesar de la excelente producción literaria que ha dejado a sus espaldas es uno de esos autores que caen en el olvido parcial o la indiferencia hasta que el cine de Hollywood, con una película de 120 minutos los rescata de años de desdén. Y esto da que pensar. Al menos a mi. Para más de uno y más de dos, Yates debería constar sin duda en la lista de los diez autores americanos del siglo XX más innovadores o que mejor pulieron una faceta de la vida americana al pasarla al papel (si bien he de reconocer que preferiría no tener que ponerme a dejar por escrito dicha lista, porque el siglo XX americano es un vergel en que uno corre de un lado a otro sin saber donde pararse: Hemingway, Carver (influenciado de manera directa por Yates), Cheever, Steinbeck o el autor más idolatrado siempre por Yates, F. Scott Fitgerald, se pegarían tortas en mi cabeza para decidir el orden en la lista. Esos y varios otros. En cualquier caso solo quiero dejar constancia de que no estoy hablante un autor que sea famoso por una sola obra. No es un one hit wonder

Este ejemplar de Revolutionary Road lo compré,
teniendo ya otra edición, solo por su portada.
Dos "muñecos rotos" del sueño americano.
Una prosa aparentemente muy sencilla que despedaza como las hojas de una segadora de césped las vidas de los americanos de los años cincuenta y de principios de los sesenta. Los que triunfaron en su afán por tener casa, coche, esposo/a, hijos, dinero en el banco y un trabajo fijo. Un sombrero Fedora, un buen traje para ir a trabajar y una barbacoa en el césped del patio trasero de la casa. Las escenas de los periquitos regando el jardín de las casas siempre me han provocado cierta tristeza (me estoy acordando ahora de las escenas de El árbol de la vida y la casa con jardín de Brad Pitt).

Pero sobre todo, en los libros de Yates encontraremos las historias de los americanos que fueron arrollados por American dream. Los que perdieron (o nunca lograron) casa, coche, esposa, barbacoa, trabajo, sombrero y hasta periquitos. Acosados y derribados por aquello que toda la propaganda ideológica de la época les decía que no podía ocurrir. Que sabían que tenían derecho a la felicidad aunque algo o alguien se emperrara en obstaculizar su camino.




El titulo no puede ser más explícito y a la vez más acertado: Once formas de estar solo (quizá sería mejor Once tipos de soledad, pero bueno). Once historias de personas totalmente diferentes: un niño que acaba de llegar a una clase nueva en un colegio nuevo, una mujer que está en el día previo a su boda reflexionando acerca del hombre con el que se va casar, un sargento cuya mayor aspiración es vivir para el ejército, la esposa de un enfermo mental que lleva cuatro años recluido en un sanatorio... Todos son, no se decirlo mejor, unos tristes. Prácticamente ninguno verbaliza su soledad, todos ellos escenifican su historia en unas breves secuencias ante nuestros ojos. Once neoyorquinos que se desnudan ante nosotros.

Gran parte de la obra de Yates es autobiográfica y la autorreferencia es muy frecuente. Y no le salió nada mal. A fin de cuentas no todo el mundo coloca su primera novela, Revolutionary Road, como finalista del National Book Award. Tras este arranque tan prometedor vino el desafío de la segunda obra.




Yates, fiel a su época, compró coche nuevo y alquiló casa en la playa de Malibú para pasear su carro. Allí se dedicó a recopilar las historias que componen este volumen. Pero como a cualquier protagonista de sus obras algo se le torció. Refiere Yates en una carta: "El libro no vende nada y está recibiendo las mejores críticas en todos los lugares que no cuentan: todos los críticos de Nueva York lo ignoran". Menos mal que la racha no fue eterna y el aprecio de esta y las sucesivas obras fue en lento ascenso. Parece infinito el salto que media entre la carta antes citada de Yates y el momento en  que en 1981 el New york Times afirmara, ni más ni menos, que esta recopilación de relatos era el equivalente al "Dublineses" de Joyce trasladado a Nueva York. Y aun así las ventas nunca se disparaban. De hecho en ese año de 1981 Yates se encontraba completamente alcoholizado (murió solo, divorciado, en una habitación destartalada decorada con las fotos de sus hijas colgadas en las paredes). Un escritor que años antes era alabado por Vonnegut (que en más de una ocasión le llamó "El Gran Gatsby de mi generación"), Dorothy Parker, John Cheever...




Diez de los relatos del volumen habían sido publicados previamente en varias revistas (igualmente pasando sin mayor gloria). Pero para cerrar el libro compuso un último relato ("Builders"/"Constructores") que es una auténtica perla dentro de esta sólida colección.




Quizá se trataba de que el realismo que cultivaba Yates no era algo que a los americanos les gustara tener delante de los ojos. Era algo que resultaba más fácil ignorar hasta que le implicaba a uno. A fin de cuentas a nadie le gusta que le pinchen sus pompas de jabón. Quizá en otra época (y otro país) nos resulta más fácil ser aceptablemente objetivos con lo que ocurrió en la sociedad americana desde la postguerra hasta los primeros años sesenta. Años en que el éxito del americano medio subió hasta niveles no vistos en varios decenios a la vez que se fraguaba otro de los inevitables y periódicos batacazos sociales.

Si no se conocen libro o autor, este volumen resulta especialmente recomendable para aquellos que adoran los relatos de Carver o Cheever. En muchos aspectos, con su sencillez aparente, los relatos de Yates son los más crueles de todos, los que con más saña despellejan a sus protagonistas para nuestro deleite. Y aun así, más que la pena por los protagonistas muchas veces prima la conexión y la simpatía por estos perdedores.

Dice Yates en una entrevista publicada en 1972:

It’s too bad that my second book, Eleven Kinds of Loneliness, is out of print, but not at all surprising: most books of short stories disappear quickly, and at least mine had a few decent reviews and a paperback sale before it disappeared. What happened after those two books was my own fault, nobody else’s. If I’d followed them up with another good novel a few years later, and then another a few years after that, and so on, I might very well have begun to build the kind of reputation some successful writers enjoy. Instead, I tinkered and brooded and fussed for more than seven years over the book that finally became A Special Providence, and it was a failure in my own judgment, as well as that of almost everyone else, and was generally ignored. Now I feel I’m almost back where I started, with the added disadvantage of being middle-aged and tired 

[Es una lástima que mi segundo libro, Once maneras de sentirse solo, esté descatalogado, pero no es sorprendente: muchos libros de relatos desaparecen rápidamente y al menos el mío tuvo unas pocas críticas decentes y una edición de bolsillo antes de desaparecer. Lo que ocurrió tras estos dos libros fue culpa mía y de nadie más. Si las hubiera continuado con una buena novela unos años después y luego otra buena novela unos años tras aquella y hubiera seguido así, podría muy bién haber comenzado a construir la clase de reputación que disfruta un buen escritor. En lugar de eso me ocupé vanamente, me inquieté y desvelé durante más de siete años en el libro que finalmente  resultó ser A special providence y este resultó un fracaso en mi propia opinión además de en la de casi todos los demás y fue generalmente ignorado. Ahora me siento de nuevo casi en el punto de partida, con la desventaja añadida de tener una edad mayor y estar cansado]

Confesó a su vida que anheló toda su vida haber sido portada en The New Yorker cosa que nunca logró.

Y que conste que, a pesar de no haberla visto, estoy bastante convencido de que la adaptación cinematográfica de Revolutionary Road fue magnífica...

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En inglés: Richard Yates. Eleven kinds of loneliness. Edt Vintage. 2008. 240 pps.
En español: Richard Yates. Once maneras de sentirse solo. Edt RBA. 2010. 256 pps.

2 comentarios:

  1. Vaya, qué casualidad. Tenía planeado como próxima lectura algún libro de Yates (para remediar otra de esas lagunas incomprensibles en mi vida lectora) y estaba dudando ente estos relatos o alguna de sus novelas. No "Revolutionary Road" porque precisamente yo sí he visto la película, que es verdaderamente espléndida (y muy triste, por supuesto) y prefería comenzar por algo que no conociera. Después de leer tu post, y de comprobar lo mucho que me recuerda Yates en tantos aspectos a mi adorado Cheever, me voy directa a Amazon a comprarme estas Once maneras de sentirse solo. El título ya promete muchísimo... ¡Gracias por la recomendación!

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  2. De las novelas me falta alguna por leer pero no mucho. Es veras que "Revolutionary Road" es con justicia la más famosa. La más prototípica del estilo de este autor. Pero estos relatos no le andan muy a la zaga.
    A simple vista pueden parecer relatos más "amables" que los de Cheever, pero en realidad muchos críticos los consideran más duros. Y he de reconocer que algunos me han puesto (y es la segunda vez que los leo) al borde de las ganas de llorar.
    Creo que te gustarán mucho. Y además lo espero.
    Un saludo.

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