martes, 16 de julio de 2013

Porterhouse Blue (Zafarrancho en Cambridge), de Tom Sharpe














"Porterhouse Blue" no es el nombre de una composición musical, es el sobrenombre de una terrible enfermedad de la que fallecen casi todos los altos cargos (Deanes, Tutores, Decanos, Capellanes) del Porterhouse College. Este es uno de los muchos colleges que forman a los mas florido de la juventud británica en la ciudad de Cambridge. 


El "Porterhouse Blue" es, en realidad, una apoplejía, un infarto cerebral masivo por la ingesta reiterada de cantidades increibles de los platos más caloricamente sobrecargados que imaginar podamos. Y ellos tan contentos y tan orgullosos de su tradición.


Una de las barcas en el Cam a su paso frente a la capilla
del King´s College de Cambridge.


Creo que ya he contado esto alguna vez, pero a riesgo de repetirme diré que la primera vez que estuve en Cambridge tuve la inmensa suerte de alojarme no en un hotel sino en las habitaciones de uno de los estudiantes de los college de Cambridge (entonces estos estaban con una semana de vacaciones). Nos sorteaban por grupos y yo tuve la doble suerte de alojarme en el King´s College (cuando vi el Queen´s College entendí la diferente consideración entre uno y otros). Dormía en la habitación del estudiante (una ducha por planta) y desayunaba y cenaba en el refectorio del College con todo el grupo con el que iba. Fue una experiencia inolvidable. Desde las 6 y media empezaba a pasearme por los alrededores y disfrutaba de la estancia en una ciudad mágica. Tan similar y tan diferente a Oxford (a la que los lugareños no querían nombrar, la llamaban “el otro lugar” o “la otra ciudad”, de manera similar a algunos campesinos que en Andalucía no se atreven a mencionar a las serpientes por su nombre, porque trae mala suerte y le llaman “el bicho ese que no puedo llamar por su nombre”).

En realidad si me refiero a este libro de Tom Sharpe he de reconocer que es, exclusivamente hablando de mis gustos, el punto álgido de la obra de Sharpe. Creo haber leído casi todo de la misma, pero en ninguno he soltado carcajadas como en este ni en otro he logrado ver un Sharpe tan inglés como en Porterhouse Blue. De hecho alguno de ellos lo he abandonado a la mitad desesperado. Yo no asocio el nombre de Sharpe a Wilt y sus aventuras, como le ocurre a mucha gente sino a Skullion y Zipser.

Este escritor inglés, tan querido por infinidad de lectores en su país (y en el nuestro) y tan poco querido por la crítica literaria de su país (algo más por la del nuestro) es exactamente como el inglés que uno esperaría encontrar tras leer sus novelas. De hecho, recomiendo vivamente leer estas entrevistas del autor con diversos periodistas españoles, años atrás. Probablemente el hecho de que sea tan menospreciado por la crítica se deba al tipo de comedia ligera que escriba. De hecho le ocurrió mucho tiempo lo mismo al gran maestro, P.G. Wodehouse, por el mismo motivo.


Tom Sharpe

Sharpe fue un tímido declarado, poco amigo de los medios en general, de los medios ingleses en particular. Durante los años sesenta fue profesor de Historia en los mismos colleges que, disfrazados, se diseccionan en varias de sus obras. Siempre fue personaje interesante de escuchar y de leer, no solo en sus novelas, sino cuando hablaba de sus experiencias vitales y de literatura o política. A veces uno tenía que reirse y otras no tanto, como cuando contaba su infancia con un padre que era un nazi (hablo en el sentido estrictamente literal), ministro religioso de la Iglesia Unitaria y miembro destacado de la Nordic League, una organización británica de extrema derecha de ideología tan antisemita que Hitler les podría haber tenido miedo. De hecho Sharpe relata que a los 15 años acarició la idea de ingresar en una orden equivalente a las SS y que solo la visión de un documental acerca de la liberación de los presos del campo de Bergen-Belsen cambió definitivamente su rumbo político adolescente.  De ahí viajó a Sudáfrica a trabajar como profesor con 24 años, siendo deportado por sedición (lo cual en Sudáfrica, en aquellos años, debía ser todo un orgullo). De ahí a Cambridge y a Llafranc (provincia de Girona) a echar el resto de su vida, primero enseñando y escribiendo y luego solo como escritor, aunque en mi opinión seguía enseñando mucho fuera de las clases. Allí, en Llafranc, murió hace poco más de un mes, trabajando en su autobiografía.


Una de las fotografías tomadas por Sharpe en Cambridge en los 60
con las que se hizo una exposición en Barcelona.

El Porterhouse College es, como digo, uno de tantos colleges de Cambridge, imaginario en este caso. Y a la vez es muy peculiar. Es un college menor, que no dispone de los fondos económicos ni de las posesiones en tierras e inversiones de otros (el King´s College y el Trinity siempre son el parangón). Asi que tiene que obtener medios para mantenerse por otras vías. Estas vías son varias, pero una de las más destacadas es un “Fondo de donación para padres de alumnos”, por el que los padres de los peores estudiantes, que no podrían entrar en ningun otro college, hacen una cuantiosa donación y de tapadillo esto permite que su hijo sea admitido. En Cristiano: comprar títulos universitarios. Precisamente estando en Cambridge nos contaba la guía que nos acompañaba que la más grande abominación de que se tenía constancia en el mundo universitario inglés era que en “el otro lugar” (Oxford) se había juzgado una vez a un grupo de profesores por haber aprobado a un alumno a cambio de dinero. Casi se desmaya mientras lo cuenta, aunque la satisfacción de saber que se refería al “otro lugar” parecía darle fuerzas para mantenerse en pie sobre la barca en que íbamos paseando por el Cam.

Edición española
Además, en este college se precisan fondos para mantener varias actividades curriculares y sobre todo extracurriculares. Una de las más destacadas es la de los banquetes inmensos (el adjetivo pantagruélico quedaría empequeñecido a la vista de uno de ellos) que se pegan todos los profesores y cargos (rector, dean, praelector, capellán, ecónomo, tutor...) del college. A fin de cuentas no es cualquier día el que uno ve un banquete que incluye platos como “cisne relleno de pato” o un “buey asado entero en la chimenea”. Ahora se va entendiendo mejor lo del “Porterhouse Blue” que le da a esta gente, ¿verdad?.

En realidad esta novela es una comedia centrada en la lucha entre la tradición y la renovación de las instituciones educativas británicas en particular o cualquier otra institución en general. Esto es así y viene marcado, justo al abrirse el libro, por la llegada de un nuevo Master, Sir Godber Evans (el Master es la figura de más poder en el college). Este master, que acaba de ser semi expulsado (o reubicado) de la vida política, viene con ideas nuevas, reformistas, impensables para muchos de los que mantienen la institución. Ideas como abrir la institución a la formación de las mujeres (¡Dios mío!), admitir a más alumnos o acabar con las “donaciones” (¿como mantendremos entonces la entrada de “combustible” a las cocinas?).

Wilt soy yo, las conversaciones de L. Moix
con Sharpe. Muy ameno también.


Uno de los personajes más aferrados a la tradición (y posiblemente el mejor personaje de la novela) es el portero mayor del college, Skullion. Skullion es la materialización del pasado. El ha visto pasar múltiples generaciones de estudiantes. Auténticos gentlemen que saben como tienen que comportarse. Este “comportarse” incluye, por supuesto, emborracharse e irse de juerga cada vez que se tercie y luego tratar de colarse en sus habitaciones sin ser atrapado por el portero. Normas como que las mujeres no entran en el college a estudiar, los sirvientes son los únicos que pueden pisar las cocinas, etc. Realmente cuando uno ve las cosas bajo la óptica de Skullion llega a entenderlo perfectamente (nadie habla de aprobarlo o no). Es lo que mucha gente entiende como “tradición” y que va pegado a la idea que tenemos de los ingleses de clases altas y media-alta tanto como el te, el tweed o los castillos en las Highlands. Al menos los ingleses de la primera mitad del siglo XX.

Skullion consideraba que el maharajá era un caballero, un cumplido que él concedía a pocos indios, pero también es verdad que un maharajá tampoco es exactamente un indio, ¿no? Los maharajaes eran príncipes del imperio, y por lo que a Skullion concernía los orientales del imperio eran totalmente distintos a los orientales no imperiales, y los orientales del Fox Club no eran en absoluto orientales porque de lo contrario no hubieran pertenecido al club. Su intrincado sistema de clasificación social permitía a Skullion graduar a todo el mundo. Podía situar a un hombre en su escala social con un margen de error no superior al grosor de un cabello, y sólo a partir de su tono de voz o de su forma de mirar. Algunos piensan que puedes fiarte del corte de un abrigo, pero Skullion no estaba de acuerdo. No era la exterioridad lo que contaba, sino algo mucho más indefinible, una cualidad interior que Skullion no podía explicar pero que reconocía de inmediato. Y ante la cual él mismo reaccionaba. Tenía algo que ver con la seguridad, una certeza acerca de su propia identidad que nada ni nadie lograba minar. Había un montón de estadios intermedios entre esa inefable superioridad y la manifiesta inferioridad de, por poner un ejemplo, el personal de cocina, pero Skullion podía reconocerlos a todos y ponerlos en su debido lugar. Estaban los del dinero, insolentes y pagados de sí mismos, pero fácilmente deshinchables. Estaban los del dinero de dos generaciones atrás, y su pedazo de tierra. Por lo general resultaban un poco pomposos. Estaban los terratenientes, ricos y pobres. Skullion podía advertir la distinción pero tendía a ignorarla. Algunos de las mejores familias del mundo se habían venido abajo, pero mientras no se perdiese la confianza, el dinero no contaba, al menos a los ojos de Skullion. De hecho era preferible la confianza sin dinero, pues indicaba una cualidad genuina y era reverenciada en consecuencia. A continuación venían diversos grados de incertidumbre, nubes de dudas acerca de sí mismos que pasaban desapercibidas para mucha gente, pero que Skullion identificaba de inmediato.

Los "Fellows", precedidos por el portero mayor atraviesan el patio del Trinity College.
Uno de los porteros de un Colleges de Cambridge


Por ello se puede entender que la llegada del nuevo Master con su ideología reformista al college (con su esposa detrás, que le apoya e incluso le supera) es un seismo que no puede acabar bien. Ya con su discurso inaugural lo deja claro: las coas van a cambiar, lo quieran o no los restantes fellows y cargos. A partir de ahí la sucesión de situaciones implicando a estos personajes, junto a un investigador, Zipser, obsesionado con la señora de la limpieza, dan para un rato de risas.

Hace la friolera de 26 años, en 1987, fue llevada  a la TV en una grabación de la BBC que a mi me gusta bastante y obtuvo varios premios (un Emmy y dos Bafta). Solo disponible en inglés hasta donde yo se. Con banda sonora a capella, a cargo de Flying Pickets.

El Master, Godber Evans y el portero mayor, Skullion, en la versión
televisiva de Porterhouse Blue.

En resumen, una novela cómica, sin trascendencia alguna, pero que yo, la verdad, ya he releído por tres veces. Para pasar el rato nada mejor.

La novela tiene una secuela, "Grantchester Grind" (En España "Becas Flacas") que en mi opinión es inferior a esta otra.


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En ingles: Tom Sharpe. Porterhouse blue. Edt Arrow Books Ltd. 2004. 336 pps.
En español: Tom Sharpe. Zafarrancho en Cambridge. Edt Anagrama. 2007. 240 pps.

6 comentarios:

  1. Una entrada muy interesante. Es útil saber que lo mejor de Sharpe no está en 'Wilt' porque me da la sensación de que la estima general que se tenía por esa novela ha ido bajando con el paso de los años.

    Yo también ando estos días a vueltas con el humor inglés. Estoy leyendo la segunda parte del diario de Adrian Mole, de Sue Townsend. Muy divertido. En internet hay un montón de reseñas de los libros de Adrian Mole hechas por adolescentes españoles. Al parecer es lectura obligatoria (o recomendada) en muchos institutos. Y a los chavales les gusta.

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    1. Si, yo también tuve una racha en que leí a Townsend y creo que es lectura excelente para niños y adolescentes y adultos por igual. Me gustó mucho Adrian Mole, pero creo que con el que mñas me reí fue con uno llamado "The Queen and I" creo recordar. Trataba de unas elecciones en que ganaba en Inglaterra el partido republicano y obligaba a la familia real britanica a abandonar Buckingham e irse a vivir a un barrio obrero inglés. Con Camilla Parker-Bowles y todo. Muy divertido.
      No hay humor en el mundo con el que disfrute tanto como con el británico.

      Respecto de Wilt, pienso exactamente igual que tu. Pienso que la época en que se leía y se hizo la película supuso su zenit y a partir de ahi declinó. Los que conocimos a Sharpe más tarde (al menos en mi círculo) vamos por otros derroteros.

      Saludos,

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  2. Cuando tenía 19 años tuve la suerte de pasar un mes en Cambridge haciendo un curso de literatura inglesa. ¡Ah, qué maravilla! Vivía en el Caius College (sí, el de Carros de fuego), en una habitación de unos de los torreones que flanquean el gran patio central. Desde luego, el baño era compartido, y la comida infame (nada que ver con los festines de los dons en Porterhouse Blues), pero ¿qué importa eso si a cambio vives en un entorno así? Caius está junto a King's, de modo que gran parte de mi tiempo libre lo pasaba tumbada en la hierba de los backs de King's, mirando pasar las barcas. Por cierto, el portero de mi college era clavadito al de tu foto. Imponía respeto, desde luego. Me ha encantado recordar esos tiempos al hilo de tu entrada.

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    1. Huy, la comida. Espero que si algun inglés lee esto no le molerte, pero lo más típico que nos sirvieron en el refectorio del King´s College se llamaba "Newtons" y era una ensalada con pasta y una especie de lechuga dura y sin sabor (Comentario de mi compañero de trabajo: "En mi pueblo esto no se lo comen ni las cabras").
      La segunda vez que fui a Cambridge habían comenzado a cobrar entrada en los College (al igual que en Oxford). El único que era excepción era el Caius, así que lo visité más de una vez y me pareció magnífico: acogedor, tranquilo y sobre todo, al igual que el King´s capaz de darle a uno ganas de estudiar. El coro estaba ensayando en la capilla y lo estuve escuchando un rato. Una delicia.

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  3. Así que Cambridge es clavadita a la Universidad Invisible del Mundodisco...¡qué cosas! Voy a ver si me da tiempo a hacerme con él antes del colapso estival...

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    1. Si, aunque no soy experto en Mundodisco, por lo que he leído podría haber más de una y más de dos similitudes. El verano es especialmente propicio a estas lecturas para relajar la mandíbula...

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