jueves, 18 de abril de 2013

Sweet Tooth, de Ian McEwan















El cuerpo me lo estaba pidiendo. Ya tocaba algún McEwan, que hacía tiempo que no me echaba alguno a los ojos y he de reconocer que los dos últimos catados (Solar y Chesil Beach) no habían cubierto completamente las expectativas que suelo albergar con este escritor al que tanto admiro.


La gran pregunta (para mi, obviamente, no espero que sea universalmente compartida) era si esta nueva novela, a día de hoy no traducida al español -imagino que Anagrama resolverá esto pronto- me reconciliaría con el autor. Siendo lo más sincero que puedo, la respuesta sería "a ratos".

A McEwan lo conocí por una de sus novelas más o menos "raras". Un día, echando un rato en una librería, cayó en mis manos un ejemplar de "El placer del viajero". Esta novelita me sorprendió y a lo mejor hasta puedo decir que me sacudió. No sabía de que trataba y no imaginé hacia donde se encaminaba hasta casi el final. Y además... estaba tan bien escrita.

Fue por eso que uno (otro) de los autores que fui repitiendo en mis estanterías cuando aprendí inglés fue McEwan. Previamente ya lo había leído mucho en español. Creo que he leído prácticamente todo de él. Y los resultados, como cabría esperar, son desiguales. Tras "El placer del viajero" leí del tirón las tres obras que más me han gustado: "Sábado", "Amsterdam" y "Expiación". A partir de ahí fui hacia atrás y leí obras con tintes algo "oscuros" como "El jardín de cemento" y colecciones de relatos bastante potables como "Primer amor, últimos ritos". Otros me gustaron menos ("Los perros negros" o las dos que antes he citado por ejemplo) pero bueno, ninguna fue tan horrorosamente mala como para no merecer la pena su lectura.

Ian McEwan

McEwan forma parte de una de las generaciones literarias más interesantes de las últimas décadas. Asociado -cronológica y a veces personalmente- con varios de ellos: Julian Barnes, Salman Rushdie (ambos amigos de McEwan), Martin Amis y algo más tarde Kazuo Ishiguro... Una generación de escritores, generalmente agrupados como la Golden Generation que floreció y saltó a las librerías en los años 70-80. De todos ellos, McEwan y Amis son los más "juguetones", protestones, exponen sus opiniones sobre temas tan delicados como el fundamentalismo islámico (aun no me he recuperado de la lectura de "The Second Plane" de Amis). Pero aunque ambos son irregulares en la calidad de su producción y mucho más variados en sus temáticas que, por ejemplo, Barnes e Ishiguro, hay diferencias. McEwan es algo más sutil que Amis, no está tan obsesionado por la introducción del sexo en cada página que destila y además no tiene siempre planeando sobre su cabeza la figura de un padre de dimensiones mitológicas en la literatura británica como le ocurre a Amis. Entre ellos también tienen sus disensiones y asi se recuerda se montó una buena trifulca de opiniones y contraopiniones entre McEwan y John Banville que consideraba totalmente equivocado el presupuesto del que partía "Sábado". Pero para hablar de dimensiones mitológicas podríamos citar la titánica pelea entre Martin Amis y Julian Barnes, que mezcla elementos de comprensión totalmente diferente de la literatura con discusiones por temas de amores y faldas que les han llevado a tirarse los trastos a la cabeza en mas de un medio . Durante muchos años la agente literario de Amis era la mujer de Barnes y ambos se reunían a jugar al billar con frecuencia. Pero Amis despidió a Kavanagh (la esposa de Barnes) y contrató a una gente americano apodado "El chacal". La última carta de Barnes a Amis se cerró con un terminante "Fuck off".

El estilo de McEwan es claro y sencillo. A veces parece hasta demasiado sencillo. Explica en palabras claras y diáfanas todo, desde el sentido de la literatura hasta su opiniones sobre la guerra de Iraq o el sentido último que él atribuye al amor. Sus libros se leen con facilidad. Y cuando algo es tan fácil, tiene que ser muy ameno o adictivo para que no se convierta en algo monótono o aburrido. Es un arte difícil.

Los héroes y heroínas de la literatura británica de 1991:
Fila trasera: Salman Rushdie, Andrew Wylie, David Rieff, Christopher Hitchens, Ian McEwan
Fila delantera: Carol Blue, Erica Wylie, Elizabeth West, Martin Amis



Bueno, llego a este libro así, con toda mi ilusión y me encuentro con la historia de una muchacha (según la rememora ella misma desde su tercera edad). Muchacha que puestos a tener un nombre se llama Serena, puestos a tener una nacionalidad es British hasta el zancajón ("I was rather like people of my parents’ generation who not only disliked the taste and smell of garlic, but distrusted all those who consumed it." ["Yo era bastante parecida a la gente de la generación de mis padres que no solamente no gustaban del sabor y el olor del ajo, sino que que desconfiaba de todos los que lo consumían."]. Y puestos a tener un trabajo, vamos a meterla en el siempre socorrido puesto de secretaria en el Servicio Secreto Británico, concretamente el MI5. No en la segunda guerra mundial (ya sería demasiado arquetípico) sino en época de follones más modernos. Guerra fundamentalmente contra el comunismo y contra el terrorismo del IRA. Primeros años 70, vamos.

Actual sede del SIS (Secret Intelligence Service) británico en Vauxhall Cross.


El libro se inicia de forma bastante floja en mi opinión. Para darnos un contexto de la vida de Serena se nos cuenta su vida juvenil con un ramillete de amantes y el inicio de su trabajo como mera secretaria, en el puesto más bajo en el MI5. Esto hace que las primeras 80-100 paginas del libro me estuvieran haciendo removerme en mi asiento. Esto no iba particularmente bien. Pero Serena (y McEwan) tiene un as en la manga. Y ese as tenía que cautivarme, claro, jugaban con ventaja. Me explico: Serena es una lectora omnívora en insaciable desde su primera juventud. Capaz de leer libros a una velocidad pasmosa aunque luego descubre que no con toda la capacidad de retención que ella querría.  Lee de manera indiscriminada, llegando a afirmar que en su opinión una novelista de tres al cuarto no tiene nada que envidiar a Jane Austen por el simple hecho de que a ella los libros que escribe aquella le resultan más amenos que los de Austen. Interesa solo lo atrayente del argumento y el desarrollo. La auténtica calidad literaria queda aparte. Pero bueno, tras un buen pulido en Cambridge y un amante con vocación docente (entre otras cosas porque es uno de los profesores de la Universidad), la cosa empieza a cambiar. Empiezan a aparecer escritores que suenan a mis oídos cual música celestial.

I had finally managed to absorb a degree of taste or snobbery from Cambridge, or from Tony. I no longer promoted Jacqueline Susann over Jane Austen. Sometimes my alter ego shimmered fleetingly between the lines, she floated towards me like a friendly ghost from the pages of Doris Lessing, or Margaret Drabble or Iris Murdoch. Then she was gone – their versions were too educated or too clever, or not quite lonely enough in the world to be me. I suppose I would not have been satisfied until I had in my hands a novel about a girl in a Camden bedsit who occupied a lowly position in MI5 and was without a man.
Los tres mosqueteros a su manera. I. McEwan, M. Amis y J. Barnes
©Andy Watt/Folioart


Las referencias a libros, literatura y literatos florecen como champiñones:
To relax, to ease ourselves towards the bed I was sitting on, we talked books in a light and careless way, hardly bothering to make a case when we disagreed, which was at every turn. He had no time for my kind of women – his hand moved past the Byatt and the Drabbles, past Monica Dickens and Elizabeth Bowen, those novels I had inhabited so happily. He found and praised Muriel Spark’s The Driver’s Seat. I said I found it too schematic and preferred The Prime of Miss Jean Brodie. He nodded, but not in agreement, it seemed, more like a therapist who now understood my problem
Y es que Serena es reclutada para llevar a cabo una operación secreta del MI5 de carácter "cultural". Se trata de reclutar a un escritor novel para -sin él mismo saberlo- usarlo en la guerra fría ideológica contra los comunistas. Se le coge, se le embauca con una buena pensión y se promociona su obra. Y para eso nada mejor que un gancho en forma de fémina guapa y algo ligera de cascos. Porque, claro está, no se hace de esperar la involucración sentimental entre Serena y Tom, el escritor seleccionado.

En resumen, una novela de espionaje (más o menos) y amores, con un trasfondo literario que ha llevado a algunos a ver en el joven escritor reclutado un "alter ego" del propio Ian McEwan (así lo afirmaba un crítico en The Guardian). Muchos elementos reales (aparece como personaje en la novela el propio Martin Amis, el protagonista es finalista en un premio literario junto a Muriel Spark, Martin Amis, Farrell, etc) y muchas consideraciones sobre el poder de la literatura. Los ya referidos elementos más o menos autobiográficos (de hecho cuando Serena analiza la obra de Tom Haley, el escritor, varios de sus relatos son analizados y descritos en profundidad. Y algunos de estos recuerdan sospechosamente a algunos de los incluidos en libros de relatos de McEwan). La novela recuerda a ratos al otro experimento de espionaje de McEwan, "El inocente" (cuya versión en el cine protagonizó Anthony Hopkins).


Christopher Hitchens, escritor y amigo difunto de McEwan, al que está
dedicada la novela y aparece encubierto en una de las figuras de la misma.

Quizá lo más interessante para  mi hayan sido las diferencias entre la forma de entender la literatura por parte de Serena (lectura omnívora, no exigente, con menor capacidad de análisis de lo que le gusta o no y mayor visceralidad para expresar esos gustos) y sus dos amantes, especialmente el escritor Tom Haley, que entiende la literatura como un medio para sacudir al alma y por ello se empeña en relatos y una novela corta desesperadamente tristes, casi desagradablemente tristes (por momentos me recordaba al relato "El chal" de Cynthia Ozick. Lo menos interesante: su vida amorosa (no consigo empatizar con Serena en casi ningún momento, salvo cuando lee).

Pregunta final: ¿me ha gustado el libro y/o ha satisfecho mis expectativas?
En realidad he de decir que el libro se he hecho laaargo. Primero entonaré el mea culpa, diciendo que su lectura me ha llevado (por motivos de trabajo) mucho más tiempo del que suelo dedicar a una novela de esta extensión. Ha sido leído de manera fragmentaria y no con toda la capacidad de introspección que trato de utilizar en estos casos. Eso puede haber influido en la impresión levemente agridulce que me ha dejado. Siempre me resisto a decir que no me ha gustado un libro de un autor al que sigo con tanta devoción, pero si que puedo decir que me ha dejado en una especie de coitus interruptus, que cada vez que me acercaba a un clímax, este se deshinchaba ante mis ojos. De hecho, leyendo las críticas sobre el libro se aprecia que estas son horrorosamente dispares. Como siempre, cada cual que haga uso de su gusto personal una vez consumido el libro.

Espero más de Ian McEwan. No me cansaré de esperarlo.



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Then, I thought, I had a measure, I could gauge the quality of the writing by its accuracy, by the extent to which it aligned with my own impressions, or improved upon them. I was fortunate that most English writing of the time was in the form of undemanding social documentary. I wasn’t impressed by those writers (they were spread between South and North America) who infiltrated their own pages as part of the cast, determined to remind the poor reader that all the characters and even they themselves were pure inventions and that there was a difference between fiction and life. Or, to the contrary, to insist that life was a fiction anyway. Only writers, I thought, were ever in danger of confusing the two. I was a born empiricist. I believed that writers were paid to pretend, and where appropriate should make use of the real world, the one we all shared, to give plausibility to whatever they had made up. So, no tricksy haggling over the limits of their art, no showing disloyalty to the reader by appearing to cross and recross in disguise the borders of the imaginary.Then, I thought, I had a measure, I could gauge the quality of the writing by its accuracy, by the extent to which it aligned with my own impressions, or improved upon them. I was fortunate that most English writing of the time was in the form of undemanding social documentary. I wasn’t impressed by those writers (they were spread between South and North America) who infiltrated their own pages as part of the cast, determined to remind the poor reader that all the characters and even they themselves were pure inventions and that there was a difference between fiction and life. Or, to the contrary, to insist that life was a fiction anyway. Only writers, I thought, were ever in danger of confusing the two. I was a born empiricist. I believed that writers were paid to pretend, and where appropriate should make use of the real world, the one we all shared, to give plausibility to whatever they had made up. So, no tricksy haggling over the limits of their art, no showing disloyalty to the reader by appearing to cross and recross in disguise the borders of the imaginary.



En inglés: Ian McEwan. Sweet Tooth. Edt Jonathan Cape Ltd. 2012. 336 pps.


11 comentarios:

  1. Muy interesante. Aunque tengo algún otro en la estantería, de Ian M. sólo he leído Atonement de momento. Parte del hecho de no haber leído otro es lo imponente que me pareció aquel libro. Puede que me equivoque pero, por bueno que pueda ser, es probable que cualquier otro libro suyo me decepcione un poco. Así que, como tú, espero. Y ahora ya sé que no debo continuar por Sweet Tooth.

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    1. Creo que McEwan ha escrito poco del nivel de Atonement. Tengo mucha debilidad por "Amsterdam", pero no se hasta que punto es debilidad personal (no es muy popular McEwan entre mis amigos). También "Sábado" sería una buena alternativa. Pero creo que ninguno te recordará casi nada a "Atonement". Si te decides, ya nos contarás.
      Un saludo.

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  2. Me engancho a tu bloc para subir un peldaño en mis gustos literarios y después del trabajito que me ha costado desengancharme de las novelas de espías, vas y recomiendas una de mi género preferido, después del histórico y además me incitas poniéndome a uno de los protagonistas a la altura de Spark (otra que e ha entrado en mis venas a través de tus post), pero me martirizas sabiendo que aún no está traducida. No sé si adorarte por la expectativa que me has creado u odiarte por la paciencia a la que he de someterme. Bueno, me quedo con el cariño, tu intención siempre es enriquecernos y en mi caso cumples sobradamente.

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    1. Jajaja. Para tu tranquilidad te diré que aunque "quiere ser de espías", lo es poco, porque mezcla demasiado la trama amorosa y pierde fuelle en varias ocasiones, lo cual le quita el suspense preciso para novelas de espías en condiciones. Y desde luego entre Spark y esto, no hay duda, persevera con la Spark. La traducción estará en la calle ya mismo (anagrama traduce todo McEwan afortunadamente), pero no se si este sería un libro que yo te regalaría. Igual me lo tirabas (con cariño) a la cabeza. Y no quiero dar impresión equivocada de que sea malísimo. Simplemente "no es tan bueno como otros".

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  3. McEwan es de esos autores que, en sus momentos más flojos, vale la pena leer, y en sus mejores momentos, son colosales. Y sus novelas permanecen en el recuerdo. Yo todavía le estoy dando vueltas al partido de squash en Saturday, y todavía puedo ver ese viaje en globo de Enduring love, esa cola del supermercado de Child in time, y muchas escenas de Atonement.
    No sabía lo del rifirrafe entre Amis y Barnes, pero qué flojo eso del fuck off. A un escritor hay que pedirle un poco más de creatividad e ingenio. Debería haberle pedido ayuda a Hitchens (hoy precisamente he oído una anécdota acerca de él. Por lo visto cuando ya estaba enfermo de cáncer de esófago, algún simpático fundamentalista se regodeó y le dijo que Dios le había castigado en el órgano con el que había pecado, a lo que Hitchens respondió algo como "le aseguro que no es el órgano con el que más he pecado").

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    1. Ja, ja! Hitchens tan mordaz como siempre...

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    2. Desde luego, el globo de "Enduring Love", se me había pasado. Tenía una cualidad casi hipnótica esa escena. Hitchens, genio, figura y british hasta la sepultura. Coincido, incluso en lo más flojo, nunca he acabado sus libros con sensación de haber perdido el tiempo.

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  4. Lo que más me sorprende de lo que dices de este libro (que está en mi lista de lectura, yo tampoco puedo resistirme a McEwan, por más irregular que sea) es lo de que el principio sea flojo. ¡Pero si McEwan es el escritor de algunos mejores primeros capítulos que he leído! Véase, por ejemplo, el de Amor perdurable (ese globo que cita ENV) o el de Expiación. Sencillamente magistrales. De hecho, siempre he tenido la impresión de que McEwan se esforzaba mucho en sus primeros capítulos y perdía fuelle después (con la posible excepción de Expiación). ¿A lo mejor se ha dado cuenta y ha decidido hacer al revés a partir de ahora?

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    1. Ya digo que puede ser que a mi no me ha pillado el cuerpo y las entendederas muy católicos por una sobrecarga cercana al cortocircuito, pero que conste que yo estaba predispuesto a disfrutar el libro. Pero la verdad, me ha parecido un inicio de lo más manido. Solo a partir de la introducción del componente literario en la trama empecé a removerme un poco menos.

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    2. Me gusta eso de "me pide el cuerpo..." pues es verdad que pasa, que a veces te pide el cuerpo leer uno de esos autores de referencia que cada uno tenemos. Los míos: Kate Atkinson, Margaret Atwood y McEwan también (algunos más hay).
      Yo he leido en este orden Amsterdam, Niños en el tiempo (Este tb me ha sacudido), Expiación y Chesil Beach, curiosamente todos en español porque eran las ediciones que teníamos en casa. Ahora tengo pendiente Saturday y Last love, last Rites, estos ya en inglés. Solo me decepcionó un poco Chesil Beach y con todo no puedo decir que sea malo , no podría decir semejante cosa ...sólo que no está a la altura de los otros.
      Si llego a estar más tiempo en Escocia , le habría conocido en el Book festival.Un saludo

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    3. A mi también me pareció muy flojo "Chesil Beach", quizá el que menos me ha gustado de McEwan. Ahora, si te gustan otros de sus libros, creo que con "Saturday" vas a disfrutar. Es uno de los que le han salido más redondos.

      Nada, nada, tienes que volver a Escocia para enmendar el no haberle conocido.

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