sábado, 23 de marzo de 2013

Queen Victoria (La Reina Victoria), de Lytton Strachey





"Ignorance is the first requisite of the historian -- ignorance, which simplifies and clarifies, which selects and omits, with a placid perfection unattainable by the highest art." (Lytton Strachey).




Si hay una biografía que pueda competir con la de Virginia Woolf escrita por Quentin Bell en su capacidad para transmitirnos de manera literalmente apasionada la vida de un miembro del grupo de Bloomsbury esa es, sin duda, la de Lytton Strachey escrita por Michael Holroyd. Y mira que se habrán escrito cientos de biografías acerca de los miembros de este grupo. 


Esta biografía de Strachey, de la que hablare algo más reposadamente en otro momento, generó la solo parcialmente exitosa adaptación cinematográfica "Carrington" y fue publicada (incomprensiblemente, como siempre) en España con un cambio de protagonista ("Carrington, una vida con Lytton Strachey") es la digna obra de un digno discípulo.  Holroyd es un gran biógrafo, que aprendió mucho de su biografiado, Lytton (y marido, no lo olvidemos por si aquello de la transmisión venérea del valor literario, de Dame Margaret Drabble).

Lytton Strachey se quejaba siempre de que la biografía era, con diferencia, el peor tratado de los subgéneros literarios. El público era exigente con quien escribía un libro de Historia o de Arte, cuyos autores podrían ser más o menos fiables, pero se les exigía un mínimo de formación. En cambio parecía que cualquier "paleto iletrado" podía reunir cuatro chismes acerca de la vida de cualquier personaje, inventarse otros cuatro, dar pábulo a unos pocos rumores y escribir una biografía de cualquier personaje, desde el zapatero de su barrio hasta Napoleón. Así, sin sonrojos, del mismo Napoleón. De hecho se constata en cualquier feria del libro que muchas de las colecciones populares de biografías que se venden en los quioscos, ni siquiera llevan el nombre de un autor. Yo tuve dos volúmenes (rápidamente despachados) de una colección de quiosco con biografías de Buda y Einstein en las que, efectivamente el autor o no se atrevía a poner su nombre o quizá es que no le dejaban. A veces pensaba uno que simplemente no existía tal autor y habían dado la tarea a un robot que copia-pegaba de diversas páginas web de manera inconexa.

El precioso retrato de Strachey, pintado por Dora Carrington, que este
tenía colgado en su dormitorio.
Esta biografía de la Reina Victoria es la destilación perfecta, junto a "Eminent Victorians", del arte biográfico de Strachey. Siempre que pensaba en Victoria como reina, se me venía a la cabeza la imagen de una reina muy madura o anciana con su velo y coronita en la cabeza o bien con un moño con un "donut" y velo en la cabeza (solo más tarde descubrí que eso era un tocado de viuda que lució toda su vida tras la muerte de su amado Albert). Cara de luna llena, una buena papada y joyas para repartir. Pero como suele pasar con estos personajes, a veces no nos paramos a pensar que han tenido todo un desarrollo a lo largo de su vida, que esta ha sido interesante en muchos aspectos que no se limitan a su vertiente pública más conocida (¿Quien piensa en la juventud del almirante Nelson o imagina a Napoleón como un muchachuelo?). Y esa es una de las grandes virtudes que puede tener una biografía. Demostrarnos que un personaje conocido o famoso puede ser el resultado de un interesante recorrido vital. A veces con aspectos igual de interesantes (aunque públicamente menos importantes) que los que saltan a nuestro pensamiento inmediatamente.



La imagen arquetípica de Victoria
Que si, que si, que Victoria fue joven alguna vez,
que no nació con el moño y la papada.
A medida que avanzamos en el conocimiento de la vida de los personajes principales, que incluyen no solo a Victoria y Albert, sino también los políticos de los diferentes gobiernos con que Victoria compartió el poder, como los famosos Lord Melbourne o Robert Peel, Gladstone o Disraeli y las relaciones familiares y amistades nobles diversas que pululaban por Buckingham, Kensington y alrededores. Pero a la vez vamos también descubriendo multitud de facetas en la vida política de las islas que son a cada cual más interesante. Por ejemplo la forma en la que el Parlamento tenía ya entonces sometida a la Reina con muchas de sus decisiones como poder determinar que cantidad de dinero público se destinaba cada año a la reina, su marido (al casarse, Victoria pidió una pensión anual de 50.000£ para Albert. El parlamento le dijo que tururú y que con 30.000£ al año iba sobrado, provocando la ira de la reina) o cada uno de sus hijos cuando iban creciendo y tras casarse y no tener "de que vivir", solicitaban una "dote" (literalmente) de las arcas públicas y luego una pensión anual vitalicia.

Esto es lo que viene a mi cabeza cuando pienso en el "Londres Victoriano".


Estamos tan acostumbrados a oir hablar del Londres Victoriano que a veces no nos paramos a pensar lo que realmente supuso este periodo y esta Reina para la historia de la Pérfida Albión. En esencia Inglaterra Victoriana equivale a Revolución Industrial en toda la extensión del concepto. Hasta ahora Victoria es la monarca inglesa cuyo reinado ha sido el más largo de toda la historia, con 64 lustrosos años de reinado. Y digo hasta ahora porque en breve Isabel II cumple los 60 años en el trono, así que tiene papeletas para poder batir el récord.  En ese periodo que, más o menos, coincide con el reinado de Victoria, el Reino alcanza una de las mayores cumbres de su historia. Antes de Victoria: Inglaterra rural, agrícola y ganadera. Después de Victoria: La mayor tasa de industrialización de todos los países del mundo conocido. Con sus pros y sus contras, pero así era.

Si en el mismo periodo temporal metemos a Jack el Destripador, "El origen de las especies" de Darwin, epidemias de cólera, los prerafaelitas, las primeras leyes que prohibían a los niños y mujeres trabajar en las minas o que obligaban a la gratuidad de la escolarización hasta los diez años, el mesmerismo, Gilbert & Sullivan, Thomas Cook y sus viajes... ¿alguien quiere más?. Pues claro que si. ¿De que va este blog si no?. A nivel literario el Dream Team no cabía en una gran salón: Dickens, las Brontë, Oscar Wilde, Lewis Carroll, Thackeray, Robert Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle, H.G. Wells, Bram Stoker... Madre mía, no creo que nunca haya habido una alineación como este en otro momento o lugar. Individualmente se pueden discutir las cumbres más destacadas de otros periodos, pero tal aglomeración es muy llamativa ¿no?. Con razón es uno de los puntos espacio-temporales que más me fascinan. Y sin embargo, de Victoria no conocía mucho más allá de sus iniciales "V.R." tal como las dibujaba a tiros Sherlock Holmes en la pared del 221B. Y fue esta biografía la que me abrió los ojos. Desde que la leí no he vuelto a ver con los mismos ojos el Victoria Memorial de Buckingham o el Albert Memorial en Kensington.


Detalle del Victoria Memorial, en Buckingham
Curiosidades como el caos de cargos y subcargos que formaban parte del cuerpo de personal de Buckingham. Había tantos diferentes que muchos de los empleados podían faltar tranquilamente a su trabajo sin que nadie lo notara. Y a la vez la división de labores cubiertas por cada uno de los cargos y su subalternos era tan extraña que llevaba a que, por ejemplo, la cara interior de las ventanas del palacio era limpiada por el personal que se encontraba a cargo del Lord Chamberlain, porque este tenía potestad en todas las habitaciones del palacio (menos cocinas y despensas que dependían del Lord Steward). Sin embargo, la cara exterior de dichas ventanas era limpiada por personal de la Office of Woods and Forests, que vigilaba y cuidaba los exteriores del palacio. Demencial, vamos. Y además un derroche increíble de dinero al que solo la cabeza científica germana de Albert fue capaz de poner fin.

Albert, príncipe consorte de Inglaterra. Para muchos
llegó a ser algo muy cercano al Rey de Inglaterra.


Y hablando de Albert, su figura permitiría invertir aquello de que "detrás de todo gran hombre hay una gran mujer". Llegado de un entorno totalmente diferente (añoró su patria alemana con sus bosques y su eficacia germánica prácticamente toda su vida) e inicialmente destinado por Victoria a ser poco más que un pelele (del que, no obstante, ella estaba muy enamorada), logró poco a poco demostrar su extraordinaria capacidad de gestión y organización de los más diferentes asuntos relacionados con el gobierno. Superó incluso los eternos reproches y recelos que generaba por no ser inglés (los ingleses cuando quieren con muy suyos). Sin duda su gran golpe de efecto fue la histórica "Great Exhibition" de 1851, cuyo epicentro era el maravilloso Palacio de Cristal que se montó (y luego desmontó) en Hyde Park, englobando los olmos centenarios del parque y que, no me cabe duda, tuvo que ser un espectáculo digno de verse. Dicen que Victoria lloró cuando lo visitó por última vez al acabar la Exhibición, justo antes de que lo desmontaran para transportarlo.

Victoria inaugura la Great Exhibition de 1851 en el espectacular Palacio de Cristal.
La cantidad de hijos que tuvieron Victoria y Albert le hace a uno preguntarse
¿Cuando gobernaban?. Pero niñeras no les faltaban. La familia Real en 1861.

Algunos pasajes del libro tocan (o sobrepasan) el límite del rumor/cotilleo, como cuando nos habla de la profecía que una gitana le "echó" al duque de Kent (futuro padre de Victoria), nada menos que en Gibraltar:

He brooded--for in spite of his piety the Duke was not without a vein of superstition--over the prophecy of a gipsy at Gibraltar who told him that he was to have many losses and crosses, that he was to die in happiness, and that his only child was to be a great queen. 
(El  le daba vueltas a la idea -porque a pesar de su devoción el Duque no estaba exento de una vena supersticiosa - sobre la profecía de una gitana en Gibraltar, que le dijo que tendría muchas pérdidas y contrariedades, y que moriría feliz y que su única hija sería una gran Reina).
O cuando Victoria acude al baile de celebración de su mayoría de edad, esto es lo que ella misma escribe en su diario:

…through her birthday festivities--a state ball and a drawing-room--with unperturbed enjoyment. "Count Zichy," she noted in her diary, "is very good-looking in uniform, but not in plain clothes. Count Waldstein looks remarkably well in his pretty Hungarian uniform…
Caricatura de Lytton

Pero esto era de esperar también. Porque asi es como uno imagina siempre a Lytton. Un chismoso y chistoso erudito cotilla. Ese aspecto si que fue reflejado de manera impecable en la película. El humor a veces le puede, y ciertas situaciones, especialmente las que competen a los miembros de la familia real antes del nacimiento de Victoria, los famosos hijos bastardos del rey loco Jorge III tienen  la capacidad de hacernos creer que en vez de leyendo una biografía, estamos viendo una comedia inglesa:

"The corporal" es como llamaba su hermano al Duque de Kent, padre de Victoria. Los hermanastros siempre se estaban metiendo unos con otros con saña. He aquí una prueba:
A few days later, at Brussels, Mr. Creevey himself had an unfortunate experience. A military school was to be inspected--before breakfast. The company assembled; everything was highly satisfactory; but the Duke of Kent continued for so long examining every detail and asking meticulous question after meticulous question, that Mr. Creevey at last could bear it no longer, and whispered to his neighbour that he was damned hungry. The Duke of Wellington heard him, and was delighted. "I recommend you," he said, "whenever you start with the royal family in a morning, and particularly with THE CORPORAL, always to breakfast first." He and his staff, it turned out, had taken that precaution, and the great man amused himself, while the stream of royal inquiries poured on, by pointing at Mr. Creevey from time to time with the remark, "Voila le monsieur qui n'a pas dejeune!" 
[En Bruselas, unos días después, Mr. Creevey tuvo una desgraciada experiencia durante la inspección de una escuela militar, una mañana temprano antes del desayuno. La compañía se reunió y todo estaba en el más perfecto orden, pero el duque de Kent examinaba las cosas con tal detalle y hacía incesantemente preguntas tan rebuscadas, que Mr. Creevey ya no aguantó más y susurró al oído de su compañero que tenía un hambre del demonio. El duque de Wellington lo oyó y le dijo: «Le aconsejo que siempre que vaya por la mañana con la familia real, y especialmente con el Caporal, desayune antes.» El y su gente habían tenido la precaución de hacerlo así y el duque de Wellington se divirtió muchísimo mientras que las preguntas reales se sucedían ininterrumpidamente, entre ocasionales comentarios dirigidos a Mr. Creevey: «¡Voilà le monsieur qui n’a pas déjeuné!» ] 

Y otra, sobre el bautizo de Victoria y el nombre que su padre deseaba ponerle:

A pesar de todo, el duque tenía esperanzas: había profecías... En cualquier caso, bautizaría a la niña con el nombre de Isabel, nombre de felices augurios. Pero no había contado con el regente, quien anunció que estaría presente en el bautizo e indicó también que uno de los padrinos sería el emperador Alejandro de Rusia. En el bautizo, cuando el arzobispo de Canterbury, que oficiaba la ceremonia, preguntó qué nombre se le iba a poner a la niña, el regente contestó: «Alejandrina.» El duque se atrevió a sugerir que también se le podían añadir otros nombres. «Por supuesto —dijo el regente—. ¿Georgina?» «¿O Isabel?», dijo el duque. Hubo una pausa, mientras la cual el arzobispo, con la niña en sus brazos, miraba con desasosiego a uno y otro príncipe. «Bien —decidió por fin el regente—, que reciba el nombre de su madre. Pero Alejandrina debe ser su primer nombre.» Así, para disgusto de su padre, la niña fue bautizada con el nombre de Alejandrina Victoria.

Victoria en su infancia, cuando era conocida por la familia como
"Drina" (por Alejandrina, su primer nombre). Famosa por su
hermoso cabello rubio y profundos ojos azules.

Una biografía excelente, amena e interesante, que se lee casi sin sentir y que para mi convirtió en su día a un personaje mayestático e impasible en una persona con historia, familia y pasiones. No es poca cosa. Muy recomendable. Para quien le interese mínimamente el personaje sobre todo, claro.


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When all was over, the Archbishop and the Lord Chamberlain ordered a carriage, and drove post-haste from Windsor to Kensington. They arrived at the Palace at five o'clock, and it was only with considerable difficulty that they gained admittance. At six the Duchess woke up her daughter, and told her that the Archbishop of Canterbury and Lord Conyngham were there, and wished to see her. She got out of bed, put on her dressing-gown, and went, alone, into the room where the messengers were standing. Lord Conyngham fell on his knees, and officially announced the death of the King; the Archbishop added some personal details. Looking at the bending, murmuring dignitaries before her, she knew that she was Queen of England.
[Cuando todo terminó, el arzobispo y el lord chambelán pidieron un vehículo y se trasladaron con toda urgencia desde Windsor a Kensington. Llegaron al palacio a las cinco y, después de grandes dificultades, les fue permitido entrar. A las seis, la duquesa despertó a su hija y le comunicó que el arzobispo de Canterbury y lord Conyngham estaban allí y deseaban verla. Saltó de la cama, se puso la bata y fue, ella sola, a la sala donde los dos mensajeros la estaban esperando. Lord Conyngham se arrodilló y le anunció oficialmente la muerte del rey; el arzobispo añadió algunos detalles personales. Nada más ver a los dignatarios inclinados y murmurando delante de ella supo que era la reina de Inglaterra.]


En inglés: Lytton Strachey. Queen Victoria. Edt Harvest Books. 2002. 327 pps.
En español: Lytton Strachey. La Reina Victoria. Edit Lumen. 2008. 396 pps 

12 comentarios:

  1. Una alineación impresionante, verdaderamente. A mí también me parece una época apasionante, aunque probablemente es la longevidad de la reina lo que hace de aquellos 64 años una época. Hoy los dividiríamos en décadas, algunas tan dispares que sería impensable meterlas en el mismo saco.
    Te recomiendo (probablemente lo conozcas ya) el libro The Victorians, de A.N. Wilson, interesantísimo. Por cierto, que había por la corte de la reina un personaje llamado Abdul Karim, alias "el munshi", del que no sé si hablará Strachey, pero su relación con la reina era de novela.

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    1. Huyuyuy, un buen chisme. Voy a buscar quien era ese buen señor, que no lo conozco y has tocado mi fibra curiosa. Nada más que por como lo mencionas segura que tiene tela.
      Que va, no conozco el libro. Me lo busco ahora mismo. Ya que estoy en racha, antes de que se me pase. Muchas gracias.

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    2. Por cierto, que otro libo que no se si decir que muy bueno, pero si muy interesante es "The Vcitorian Age in Literature" de G.K. Chesterton. Si tienes algun dispositivo electronico de lectura (o un ordenador para leerlo en PDF :-) ) lo puedes bajar gratis (y legal) de aquí:

      http://manybooks.net/titles/chestert1863918639-8.html

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    3. O ya, sin ánimo de abusar de vuestra paciencia, para quien se interese en el grupo de Bloomsbury, los victorianos y sepa leer inglés: "Virginia Woolf and The Victorians" de Steve Ellis. Va más de la Woolf (mucho más) que de los victorianos, pero aporta muchas ideas interesantes.
      Saludos.

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  2. muchas gracias por esta entrada tan interesante...¡64 años reinando! y es verdad, uno olvida que no nació siendo así como la presenta la estatua ;)
    tomo nota del libro.
    Un abrazo

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    1. Si, la verdad es que son, literalmente, toda una vida. Cuando te habla (Strachey) de los últimos años de la vida de Victoria, te dice que una gran parte de los ingleses nunca habían conocido otro soberano que no fuera ella y eso contribuyó a que realmente el pueblo lamentar su muerte. Para muchos era, literalmente, el final de una época..
      De hecho, los primeros 40 años de su vida están narrados de manera mucho más amena que la segunda parte de la misma, cuando decidió eclipsarse tras la muerte de su adorado Albert.
      Un abrazo y gracias a ti por visitar y participar.

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  3. Tu estupenda reseña me ha traído a la memoria un libro al que acudo con frecuencia: "Londres victoriano", de Juan Benet, que es una auténtica joya. Y, en un plano más jocoso, oye, qué parecido más extraordinario entre el Strachey del retrato que pintó Carrington y nuestro Valle-Inclán.
    Un saludo

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    1. Si, es verdad, Ricardo:

      Esa serie de "Ciudades en la Historia" tenía algunos volúmenes estupendos. El que citas del Londres Victoriano, además de otros que disfruté mucho como "Florencia de los Medici" de Luis Racionero y el de mi ciudad "Córdoba de los Omeyas", que le dieron a Muñoz Molina (al escritor cordobés, Antonio Gala, le dieron "Granada de los Nazaríes", con lo cual, creo que salimos ganado los cordobeses, aunque Muñoz Molina tampoco es la niña de mis ojos).
      El de Córdoba, el de Londres, el de Florencia y el de Atenas los recomiendo con frecuencia como una especie de introducción a la ciudad a quien va a viajar a ellas. Capturan la esencia de la ciudad en su cumbre histórica de manera estupenda.

      Y también es cierto el parecido que reflejas. Strachey se parecía mucho a Valle Inclán o viceversa. Tenían la misma barba y gafas, la misma disposición craneal y corporal. Y ala ctor que eligieron el a película ("Carrington") también lo encontraron con mucho parecido.
      Un saludo.

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  4. Le he echado un vistazo a ese link de descargas legales. Muy interesante. Más práctico que Project Gutenberg (que suele ser mi fuente de libros para descargar), me gusta eso de que esté ordenado por géneros y de que haya comentarios de los lectores. Ya me he bajado unos cuantos títulos que tenían buena pinta.

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    1. Si, y viene perfectamente formateados para los distintos tablets.
      De hecho, el libro que comento en este post "The Queen Victoria" también se puede encontrar en inglés gratis por no tener derechos de autor en inglés, ya que han caducado.

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  5. Bueno Oscar, como siempre un gustazo tus entradas con tanta y tan buena información. En un país de tantas tradiciones, es curioso que las dos épocas más gloriosas de su historia deriven su nombre de sendas reinas y es que parece que a nivel Real, las mujeres han jugado un gran peso.
    Por cierto, para los que lean en castellano, Valdemar publicó sus "Retratos en miniatura", "Victorianos eminentes" y "La reina Victoria". Es bien cierto que la biografía es un género muy maltratado, pero cuando las hay buenas son un gustazo.
    Esa caricatura de Lytton tiene toda la apariencia de ser del gran Max Beerbohm ¿me equivoco?.
    Por último y ya que sale por aquí, me uno a la recomendación de la colección "Ciudades en la historia" que lanzó Planeta y que creo que es una de las más originales y excelentes colecciones que se han escrito para los viajeros que desean "conocer" una ciudad. Sumo aquí la de "Barcelona modernista" de E. Mendoza, "Venecia de Casanova" de Félix de Azúa e incluso "Roma de los césares" de Juan Eslava Galán. Los tengo casi todos y son un auténtico disfrute cultural.
    Un abrazo.

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    1. Hola, Carlos:

      Siempre un placer para mi saludarte. Aunque no estoy totalmente seguro, creo que si, que la caricatura formaba parte de un breve libro acerca de Strachey que escribió Beerbohm (del que comparto tu admiración sin duda). Desde luego las reinas inglesas son famosas por hechos algo menos escandalosos que sus reyes (decapitaciones, incestos, divorcios...). Salvo Mary I (Bloody Mary) , las reinas eran más pacíficas, o al menos más disimuladas, e Isabel y Victoria serían, como dices el parangón.
      De la serie de Planeta (que descubrí de oferta tiempo después de haber sido lanzada) me faltaron Barcelona (que no encontré) y Venecia (que encontré, presté antes de leer y nunca más volví a ver...).

      Tengo tu recomendación del libro de Roma de Hughes encima de mi mesa, a ver si este verano convenzo a mi mujer de que el calor veraniego de la ciudad capitolina no es tan horroroso y vamos allí con las niñas, que siempre es lo que la echa para atrás. Vamos, amenazar a un cordobés con pasar calor....

      Un abrazo.

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