sábado, 15 de diciembre de 2012

A walk in the woods, de Bill Bryson












No se de que me sorprendo aun, pero Bill Bryson no deja de parecerme uno de los escritores más amenos que me he cruzado en los últimos años. Quiza no de los mejores, pero de los que más me relajan con sus libros. Escriba acerca de viajes, de costumbres domésticas, de la historia del lenguaje inglés, de Shakespeare o en este caso, de los bosques de su país. 


Tras meditarlo creo que la gracia de Bryson es que es un individuo absolutamente común al que le ocurren cosas absolutamente comunes, pero que es capaz de escribirlo de manera amena y convertir cualquier experiencia más o menos banal en un auténtico "vuelvepáginas".

Empecemos poniéndonos en situación. Cualquiera que haya leído (entre otros) su libro "Historias de un gran país" sabe que hay una característica inherente a Bryson: su torpeza en la vida diaria es casi mítica. Cuando tras haber vivido muchos años en Inglaterra, Bryson decide volver a su país natal, concretamente al estado de Maine, en la siempre atractiva (para mi al menos) región de Nueva Inglaterra, notaba cierta dificultad para ubicarse en un país que había cambiado mucho en los años en que él estuvo ausente.

Un día, de paseo alrededor de su casa descubre un sendero que tiene una cartel que indica que dicho camino pertenece al Appalachian Trail. Esta maravillosa ruta a través de la cordillera de los Apalaches, atraviesa de arriba abajo la zona Este de Estados Unidos, cruzando nada menos que catorce estados y con una distancia total que equivale a unas 2.200 millas (más o menos 3520 km). Vamos sendero para hartarse de andar, montaña arriba y montaña abajo. Es una zona de montañas de no excesiva altura y de bosques que mantienen gran parte de su estado salvaje a pesar de la cabezonería del ser humano en que esto no siga siendo así.

Mapa del Appalachian Trail.

Bien, pues la idea que se le ocurre a Bryson es “¿porque no hacer la famosa ruta del Appalachian Trail, de Norte a Sur o al revés?”. Bueno, lo que sigue es una mezcla entre carcajadas, pasajes de absoluto arrobamiento sobre el poder de la Naturaleza, ganas de ponerme mis botas, sacar un billete e irme allí y muchas cosas más. De paso diré que ir de rutas por los senderos y parques de Estados Unidos es uno de mis viejos sueños que no se si se materilizaran alguna vez. Hacer el trayecto entero de la ruta lleva habitualmente meses (hasta 4-5 meses) de andar a diario, descansar en la naturaleza o en refugios que son solo tres paredes de madera con el frontal abierto (no se porqué lo hacen asi) y solo ocasionalmente cruzar con zonas civilizadas.

Bryson ya había estado, años atrás, ejerciendo de caminante por diversas partes de Europa. Entonces empieza la fase 1: preparar el viaje. Eso incluye en primer lugar preparar el material para un trayecto de varios meses: mochila, botas, comida, tienda, material imprescindible...

Acabé con equipamiento suficiente para dar trabajo a un grupo de Sherpas - una tienda de campaña de tres estaciones, colchoneta de dormir autoinflable, tazas y cacerolas apilables, cubiertos plegables, platos y taza de plástico, purificador de agua con complicado mecanismo tipo bomba, bolsas para material en un arco iris de colores... // ...un gran cuchillo para matar osos, camisetas y pantalones largos térmicos, cuatro bandanas y montones de otras cosas, algunas de las cuales tuve que volver de nuevo a la tienda a preguntar para que servían exactamente. 


En esa fase preparatoria también se incluye planificar los peligros posibles de la ruta. Peligros animales y no animales: serpientes (cascabel y mocasines de agua), gatos silvestres, osos, coyotes, lobos, jabalíes, mofetas y mapaches enloquecidos por la rabia, hiedra venenosa, salamandras venenosas y los “loony hillbillies destabilized by gross quantities of impure corn liquor and generations of profoundly unbiblical sex”. Enfermedades infecciosas (enfermedad de Lyme, fiebre amrilla...) y finalmente “siendo esto Estados Unidos está a constante posibilidad de ser asesinado”. Una alegría, vamos.




Luego de darse cuenta de los peligros que la ruta puede deparar a un ciudadano común, con severo problema de sobrepeso y escaso conocimiento de la naturaleza decide ofertar en un tablón a sus conciudadanos la posibilidad de acompañarle. El único que lo hace (responderle) es Katz, un antiguo amigo con el que muchos años atrás estuvo viajando por Europa (y del cual se separó con no muy buen recuerdo). Katz, que se hace un personaje imprescindible en la obra, equiparable al propio Bryson, fue una ayuda celestial que el cielo puso en el camino de Bryson. Sus aventuras juntos pueblan la primera mitad del libro.

Bryson vestido de senderista.


El trail es cuidado por todo un ejército de voluntarios y está (al menos lo estaba años atrás cuando Bryson escribe)  desprovisto de suficientes recursos para mantenerlo salvo la buena voluntad de la gente y sociedad de “Hikers” que lo cuidan. Aquí, no olvidemos que estamos en un país inmenso en el que todo (bueno y malo) es a lo grande, las extensiones de bosque son tremendas y muchas veces pasan días hasta que se vuelve a pisar una carretera o un albergue. Las extensiones de terreno son increíbles para los que vivimos en países mas pequeños. La gente con la que se encuentran en el camino es cada vez más curiosa. A medida que merma el peso de los dos amigos aumenta su integración en la Naturaleza.

El libro es igual de eficaz para transmitirnos el amor por la naturaleza, la devastación que la acción del hombre ha producido en la ruta (incluida la eficacia de los propios servicios de vigilancia y sus ineptas medidas de protección, que han extinguido muchas especies animales y de la flora), contar la experiencia de una caminata entre dos amigos en la que el silencio compartido se convierte en la mejor forma de comunicación o los peligros que envuelve la naturaleza y los que conlleva la civilización cuando los senderistas tratan de llevársela con ella a la ruta... No es un libro con el que se vaya a adquirir mucho conocimiento teórico sobre trekking, pero igualmente útil para senderistas activos y de sillón.

Y sobre todo es muy, muy divertido, lectura ligera pero de la buena, la que se puede recomendar sin problemas. Cierto es que la segunda mitad del libro pierde un poco de fuelle y es menos eficaz y algo más trabajosa que la primera, pero ello no merma su valor.

Bill Bryson a carcajadas.

En inglés: Bill Bryson. A walk in the woods. Edt Black Swan. 1998. 367 pps.

16 comentarios:

  1. Esos preparativos suenan a los que describe Jerome K. Jerome en "Tres hombres en una barca (por no contar al perro)", aunque la mala baba de Bryson no es tan puramente británica, lógicamente puede olvidar sus orígenes, pero esa mezcla también tiene su gracia.

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    1. Si, tras veinte años trabajando en Inglaterra, el humor de Bryson es una extraña y suculenta mezcla de "la pequeña isla" y "el gran país" como los llama en sus libros. Siempre me acuerdo de cuando decía que sus compatriotas americanos no entenderían un chiste aunque rellenaras con el una vejiga de cerdo y les pegaras con ella en la cabeza. Gráfica explicación donde las haya.

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  2. A mí, que vivo al lado del mar, a veces me acomete una nostalgia del bosque irrefrenable, y entonces tengo que salir como loco en busca de árboles y musgo. Como esta obra de Bryson que nos comentas sea la mitad de buena que las otras que de él he leído, me parece que se va a convertir por un tiempo en una parte de mi equipaje de mano tan importante como mi petaca.
    Un saludo.

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    1. Por aqui tenemos una sierra excepcionalmente hermosa, aunque no bosques y de mar nada de nada. Pero la atracción de ambos (el mar y el monte) se dejan sentir en mi cabeza de vez en cuando (son mucha frecuencia en realidad. El otro día me comentaba un amigo (con el que hoy hemos hecho una preciosa ruta de sierra de 5 horas y media) la suerte que tienen los asturianos de poder disfrutar de las dos cosas, del mar y la Montaña. Para gustos colores, pero como dice Bryson citando a otro autor:

      "Quien puede oir nombres como "Grandes montañas humentes (Great Smoky Mountains) o "Valle de Shenandoah" y no sentir un irrefrenable deseo de arrojar una hogaza de pan y una libra de té en una viaj bolsa y saltar la valla de la parte trasera de la casa".

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  3. ¿No se puede hacer la ruta del ferrocarril...en ferrocarril? Porque si se puede ya son ganas de andar...
    Yo soy fan de la "zona", la cultura y la música de los Apalaches (Johnny Cash mismo presentó un documental muy recomendable, así que el libro ya está pedido...no me puedo perder a Bryson en plan "Deliverance"!

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    1. Jajaja, las ganas d eandar son tales a veces que nos llevan a meternos por sitios en los que la caminata puede ser difícil de justificar si no es por puro amor al arte.
      Hablando de Deliverance, Bryson (como muchos americanos que pasean por la zona) tiene muy en mente la película. De hecho pasa por la zona donde vive el albino que toca el banjo en el film... Y da unas explicaciones acerca de los asesinatos acaecidos en el trail.
      Espero que te guste, que el mundo esta lleno de vías de tren y senderos.
      Saludos.

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  4. ¡Madre mía! No sé si llegaré a leer este libro cuando lo traduzcan, pero si algún día decides dar el salto cuenta conmigo, desde que recorrí "Los carros de fuego" este verano, por los Pirineos, no paro de soñar con realizar una gran aventura, y a ésta sólo le encuentro el inconveniente del mucho tiempo libre necesario, algo que no me sobra.

    De Bryson tengo a medias "Una breve historia de casi todo", es increíble como escribe de temas tan complejos como la física cuántica o el desarrollo de la energía nuclear, con una claridad meridiana y amena; esperando en el montón de pendientes está "En casa..." me tendré que dar prisa en terminarlos, pues si llega me interesa la parte del manual de supervivencia, no sabe uno que te pues encontrar por esos caminos, jaja.

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    1. Yo también sueño y sueño con ello pero, efectivamente, el tiempo anda corto. Pero entretanto me entretengo con las rutas que puedo hacer alrededor de mi zona o en los viajes de trabajo o familiares. Y de todas formas tener esos sueños es casi como un alimento para el espíritu ¿no?.

      Saludos,

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  5. ¡Qué ganas entran de coger la mochila sólo de oír hablar de esos grandes bosques! Sólo refrenadas por el pensamiento de esas serpientes y grizzlies, por no hablar de los hillbillies,que casi dan más miedo... Cofieso que me encanta caminar, y los bosques, y la naturaleza, pero al final de la jornada necesito una buena cama y una ducha. Comodona que es una. Lo compensaré leyendo este libro de Bryson, que ya veo que es tan delicioso como todo los suyos.

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    1. A mi también ma dan más miedo los hillbillies que los osos (aunque la verdad es que he visto unos videos de Grizzlies que me han dejado pálido). Los Grizzlies en realidad están al otro lado del país, en la mitad Oeste, pero el Oso negro u Osos americano, que es el que hay por el Appalachian, aun siendo menos agresivo, tampoco incita a que le demos un abrazo.

      Pero ¿Donde han quedado ese Yogui y ese Bubu que lo más violento que hacían era robar la cesta de picnic con un anzuelo?.

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  6. Yo soy otro de esos a los que cualquier día le encantaría "agarrar la mochila" y perderse un rato por ahi, así que seguro que la lectura de este autor es más que disfrutable para bohemios frustrados como yo.

    Un saludo!!

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    1. Estadísticamente comienzo a asociar amor por la lectura con amor por los bosques y naturaleza al leeros a todos. Algo tiene que significar...
      Saludos.

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  7. Pues nada Oscar, ya sabes, en Asturias hay mar, montaña y también tenemos osos pardos (el grizzly es un oso pardo a fin de cuentas), no hay hillbillies tocando "duelo de banjos" (que no sé por qué se llama así porque siempre es un duelo entre banjo y guitarra o banjo y mandolina), pero seguro que hay algún autóctono, algún turista o algún jabalí que da el mismo miedo.

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    1. Pues no te quepa duda de "El" viaje Nacional que tengo pendiente desde hace dos o tres años con mi familia es a Asturias. Tengo mucha gana de verlo yo y enseñárselo a mis hijas. Por una cosa u otra siempre se nos tuerce. Pero este año que entra puede ser el definitivo. Y no te quepa duda de que cuando vaya me llevo mis botas y mi chubasquero, que Asturias es como Irlanda, nunca se puede uno fiar del clima. Me encantaría ir por allí.
      Y vuestros osos son mas bonitos que los Grizzlies. No es que quiera verlos cara a cara, pero un poco de lejos me encantaría.
      Jabalíes si que tenemos en nuestra sierra. Es casi el único peligro a que me enfrento teoricamente cuando salgo a correr por la sierra antes de amanecer.
      Y por cierto, totalmente de acuerdo en lo del duelo de banjos.

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  8. Bueno, no sé a que se refiere la mujer Quijote con lo de meter en el mismo saco al autóctono, al jabalí y al turista ...¿O solo se refiere al jabalí como causante de miedo? En fin, que sí que en Asturias tenemos suerte, lo tenemos todo menos puestos de trabajo pero en cuanto a naturaleza hay donde escoger y mucho, y no hablemos ya de la gastronomía (hala, haciendo patria yo!) Pues si venís por aquí tenéis a más de una para haceros de guía.
    Aún no he leído nada de Bryson aunque tengo dos en casa...uf! tanto por leer !! (Thank God)

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    1. Pues no te creas, que hay turistas que tiene los colmillos más retorcidos que los jabalíes. Y hablando de colmillos, mira que me los estáis poniendo largos de ganas de escaparme para allá (hace poco el amigo que mencionaba ya estuvo enseñándome fotos de sus estancias veraniegas por vuestra tierra que me parecieron simplemente espectaculares). Así que siempre viene bien tener guías locales a los que consultar... ya os pediré consejo, muchas gracias.
      Saludos.

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