martes, 9 de octubre de 2012

The loneliness of the long distance runner (La soledad del corredor de fondo) de Alan Sillitoe










Hubo un tiempo (concretamente los años 50 en Inglaterra) en que ser un YAM no era algo apetitoso como su nombre podría sugerir, sino algo reaccionario.  Y es que algunos cambiaban el orden de las palabras cuyas letras forman el acrónimo para que sonara mejor. Los AYM o Angry Young Men (Hombres jóvenes enfadados) que es como se refiere siempre los textos literarios a este movimiento fueron un conjunto (heterogéneo como casi todos) de escritores y guionistas ingleses de esa época que se ve que solían andar de bastante mal humor.


Su farol más destacado fue el (extraordinario, magnífico, grandioso y desde luego merecedor del título de Angry Man, dado su carácter, proverbialmente arisco y maledicente, especialmente si pillaba una copichuela) Kingsley Amis, con dos lugartenientes, uno al que admiro mucho (Philip Larkin) y otro al que conozco casi nada (John Osborne), lo cual no hace sino demostrar mi severo y vergonzante desconocimiento de la esfera teatral. De la obra Look back in Anger de Osborne es de la que se tomó la inspiración para dar nombre colectivo a este grupo de escritores caracterizados por su procedencia de clase media, clase obrera especialmente, usualmente con tendencias políticas de izquierda (no siempre) y con una visión completamente desesperanzada de la sociedad británica tradicional, muy marcada por la frustración que siguió a la guerra.

Kingsley Amis. Relajadito.
Philip Larkin en 1943

Como suele pasar (y más aun estando todos tan enfadados como para llevarlo hasta en el nombre) acabaron estando todos en visiones opuestas de la vida, la sociedad y la literatura y la utilidad de la denominación grupal acabó en nada. No es difícil encontrar artículos y comentarios en que uno de ellos ridiculiza o ataca frontalmente a otro. De hecho algunos alcanzaron un nivel educativo superior en Oxford o Cambridge a pesar de su procedencia humilde (el prototipo es Sir Kingsley Amis, hijo de un dependiente de una fábrica de mostaza, pero también Larkin lo es). A este subgrupo se les llamó los New University Wits ("puestos a poner nombres a todo, vamos allá", debieron pensar los críticos). De hecho, es posible que este apelativo (el de AYM) sea uno de los menos útiles y de los más artificiales en la historia de la literatura. Tras la muerte de Sillitoe, otro de los componentes del grupo escribió un artículo titulado "Alan Sillitoe: ¿A quien estáis llamando enfadado?" que resulta muy revelador. También, aunque ya lo recomendé una vez, para cualquiera interesado en los movimientos literarios en la Inglaterra de finales del siglo XIX y del siglo XX en Inglaterra, los documentales In their own words son los mejores documentales sobre literatura que he visto en bastante tiempo.

Alan Sillitoe
Bien, pues además de los referidos, en este batiburrillo de escritores se incluyó a otros con un vuelo algo más corto. Harold Pinter, John Braine y el que nos ocupa, Alan Sillitoe. Sillitoe es conocido muy especialmente por dos obras (el resto de su producción es bastante difícil de encontrar). Una novela ("Saturday nights and sunday mornings", que dio origen a una buena película y acaba de ser traducido por Impedimenta) y una colección de relatos que toman el nombre del primero de ellos ("The loneliness of the long distance runner"). Estos relatos son los protagonistas de esta entrada, especialmente el primero y mejor de ellos.

Para empezar a hablar del primer relato, el que da título al volumen, hay que comenzar explicando lo que en la Inglaterra de principios y mediados del siglo XX era un Borstal. Este era un centro penitenciario que se caracterizaba por estar dedicado a la reclusión de jóvenes, casi siempre varones, entre los 16 y 23 años. Casi siempre los reclusos eran culpables de delitos menores aunque reiterados y con frecuencia se encontraban (los centros) en zonas rurales. La característica principal es que en ellos se aplicaba el llamado método Borstal, que consistía en tratar de reintegrar al delincuente por medio del uso del trabajo físico y el deporte a modo de terapia ocupacional para reintegrarlos a la sociedad como "hombres de bien". Trataban de ser "educativos más que punitivos". Este tipo de institución fue abolida en 1982.

El Borstal de Nashenden Valley [Wikipedia]

Bien, pues el protagonista del relato, Colin Smith, ha llegado a uno de estos Borstal (tras asaltar una panadería) ubicado en Essex, en el que nada más verlo entrar han decidido convertirlo en corredor de fondo. Su morfología corporal y su facilidad para la carrera ("en mi familia siempre le hemos dado mucha importancia al correr, especialmente al correr huyendo de la policía") hacen que el no solo lo acepte sino que se encuentre encantado de ello. Todas las mañanas, a las 5 de la mañana, con un frío que hiela la sangre en las venas, tiene que echarse al campo a correr, a hacer carreras de dos horas, con las que prepararse para una competición, que se celebra una vez al año. En esta competición se cuenta con la asistencia de los próceres de la sociedad, que vienen a comprobar los muchos beneficios del deporte para estos muchachos. Una exhibición que recuerda a las que se usan para enseñar los caballos que cada Lord ha criado en sus establos. El premio, la anhelada copa. Anhelada por el director del centro que promete a Colin todo tipo de beneficios para el tiempo que le quede por pasar en la institución.

La parte interesante de la obra es que inicialmente puede parecer un poco simple (no olvidemos que está escrita como la memoria en primera persona de un jovenzuelo sin cultura y con propensión a la delincuencia) pero rápidamente  cambia a una estupenda historia de gestación personal. La experiencia metamorfosea al personaje. Aunque me aburre un poco que cualquier obra que trate de un hombre joven acaba comparándose con "El guardián entre el centeno", lo voy a hacer una vez más... Si a Holden Caulfield se le hubiera ido un poco más la cabeza y hubiera franqueado la invisible barrera entre delinquir y no hacerlo, tendríamos a nuestro Colin Smith. Las carreras generan el estado mental propicio para repasar su historia reciente (la que le llevó al Borstal), su situación actual, y en ultima instancia, su futuro. Todo su futuro a partir de ese punto. ¿Que actitud vamos a tomar ante la vida, querido Colin?. Esos ratos consigo mismo, solo en la fría mañana, aunque sabiéndose vigilado en la distancia por los custodios del Borstal permiten a Colin conocerse mejor, llegar a saber cuales son sus motivaciones y de donde han ido derivando estas a lo largo de su vida.





He de decir que yo también soy corredor y también de distancias medias o largas y en gran medida la maravilla de este libro es que puedo decir que refleja perfectamente muchas de las ideas que se atribuyen a su protagonista o el desarrollo de como se va transmutando cada vez que sale a correr, son absolutamente ciertas. En muchos pasajes reconocía estados anímicos e ideas que yo mismo he experimentado con frecuencia. El alivio mental que supone este deporte y la desconexión que durante él se consigue, son reales como la esencia misma de la vida. El momento en que cabeza y pies se desensamblan como un módulo lunar y cada uno funciona independientemente del otro está ahi, perfectamente contado. Estoy seguro de haber leído en alguna ocasión que Sillitoe fue corredor, pero no he logrado corroborarlo en  búsquedas posteriores.

La sensación de libertad que puede experimentar alguien que está en una prisión y como el correr le produce tal sensación de libertad, de vivir en otro lugar, de ser, básicamente, la única persona en la tierra, está descrita de manera magistral. Cualquiera que haya practicado la carrera de fondo se encontrará asintiendo de manera repetitiva al leer a Sillitoe (igual que al leer a Murakami en "¿De que hablo cuando hablo de correr?", aunque el inglés use el relato y el japonés la autobiografía como medio expresivo). Pero obviamente es un reduccionismo simplista pensar que Sillitoe está solo haciendo apología del running. En realidad lo que está exaltando es la capacidad de sobrevolar la dificultad, de saborear la libertad en situaciones en las que podría parecer imposible lograrlo. De pararse un momento (aunque uno para pararse lo tenga que hacer metafóricamente mientras sigue trotando por el campo)

Edición española


La versión cinematográfica de este relato alcanzó gran difusión (a ella pertencens las fotos que aparecen algo más arriba), y he de reconocer que a mi me gusta muchísimo. Transmite perfectamente el espíritu del relato y el estilo, en gran parte cercano al documental, le aporta mucho.





En inglés: Alan Sillitoe. The loneliness of the long distance runner. Edt Harper Collins. 2007. 174 pps + apéndices.
En español: Alan Silitoe. La soledad del corredor de fondo. Editorial El Tercer Hombre. 2007. 252 pps.

8 comentarios:

  1. “Sábado por la noche y domingo por la mañana” lo leí en una edición antigua de Plaza & Janés. No he leído “La soledad del corredor de fondo” pero he visto la película (qué mal suena esa frase). Tendría que leer la novela porque la película me gusta bastante. Llegué a el autor a través de John Fowles que habla de “Sábado por la noche…” en su novela “El coleccionista”. En realidad por edad Fowles podría haber formado parte de los YAM, pero se desmarcó siempre.

    Precisamente hace poco he visto la película “Borstal Boy” basada en el libro autobiográfico del escritor Brendan Behan que fue internado en uno de esos establecimientos a los 16 años por pertenecer al IRA. La experiencia de Behan en el Borstal no fue excesivamente mala.

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    1. Si, es curioso que mas de uno (y más de dos) de los que pasaron por el Borstal no guardan mal recuerdo de la experiencia ni consideran completamente equivocado el método. Era una prisión, obviamente, pero parecía haber una cierta suavidad en la aplicación de las normas y más de uno considera efectivamente que la terapia física realmente ayudó a reeducarle. Ayer leía una entrevista con Behan contando lo que tu refieres.
      No recordaba que Fowles ("El coleccionista" me encanta) mencioanra a Sillitoe, muy probablemente porque lei la obra hace muchísimos años por primera vez y debía estar muy borrosa en mi mente cuando leía Fowles. Otro motivo para releerlo, gracias.
      Saludos.

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  2. Yo leí hace poco Sábado por la noche... y me pareció una gran novela, escrita en un lenguaje sencillo, sin florituras, y con un personaje principal inolvidablemente airado. La soledad... es uno de esos títulos que está en la lista desde hace años y años, y nunca me ha caído en las manos. Quizá tendría que estirarlas un poco más.
    La historia de la generación de los Jóvenes Airados es muy interesante, aunque es curioso las pocas obras que nos legó ese movimiento literario.
    La obra de Osborne es de lectura obligada en filología inglesa. Uno entiende la revolución que supuso en el teatro británico, aunque yo diría que ha envejecido muy mal.

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    1. Yo pensaba lo mismo el otro día. Que pocas obras conozco de estos autores (solo de Amis he disfrutado más y un poco de Larkin). La verdad es que leyéndolos me parece que efecivamente estod e querer meter en el mismo corral a todos los cerdos que pesen entre 150 y 200 kilos no es más que un método demasiado artificial de marcar periodos en la historia literaria. Amis y Larkin no se parecen en nada de nada. Y tanto que dicen acerca de la protesta social, Sillitoe no me ha parecido más "prostestón" (ni más "angry") que el 95% restante de los escritores, ingleses o no.
      Yo, en cambio, no he leido "Sabado por la noche y domingo por la mañana" y me parece que debería. Lo tuve en mis manos en el reciente vaije pero al final lo dejé pasar para traerme este. Leído este, creo que buscaré el otro.
      Saludos.

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  3. Muchos años antes de leer el relato, cuando ni siquiera sabía su origen literario, vi la película de Richardson, que me pareció magnífica. Después leí los relatos de Sillitoe, que me dejaron un poco frío, en especial el que sirvió de inspiración a la película, quizás porque lo mejor de él ya me lo había dado Richardson con una fuerza evocadora superior a la que despertaba en mí la lectura; o quizás porque a los dieciséis años -que es la edad que tenía cuando la vi- uno comparte la rebeldía y la falta de cinismo necesrias para identificarse con su protagonista.

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  4. La película también me resulta fascinante a mi. Por cierto, la adaptación del relato al guión cinematográfico la hizo el propio Sillitoe si no recuerdo mal (también en "Sábado por la noche...").
    A mi el relato si que me transmite, especialmente la rebeldía que mencionas al final. No así el resto de relatos del volumen, por lo que ni los he comentado. Quizá verla (la película) de manera correlativa a leer el relato me aclararía más aun las cosas.
    Un saludo.

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  5. Alegría enorme al encontrar de nuevo tu blog abierto, "Fiesta en una botella" (me ha costado hacerme con él) ha sido la última de tus recomendaciones con la que me he deleitado. También he tenido en mis manos "Sábado por la noche y domingo por la mañana", tentado de comprarla y aumentar mi pila de pendientes, pero los precios de Impedimenta me han retenido (por falta de referencias), aunque con las recomendaciones de tu blog caeré de cabeza. como por supuesto, con el que hoy nos descubres.

    Aunque no soy corredor de fondo, lo mío es la bici, no quita el que de vez en cuando me eche unas carreritas a pie, si la compañía vale la pena (el recorrido lo suelo elegir yo, procurando que sea duro, exigente, pero que integre naturaleza y vistas), por lo que seguro que me veo, igual que tú, reflejado en él, como ya consiguió Murakami.

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    1. Si, los precios d eImpedimenta son un autentico impedimento. Me alegro de que te haya gustado el libro de Collier. Yo lo disfruté mucho.
      Ten cuidado con las rutas que eliges para tus acompañantes no los vayan a dejar lisiados....
      Correr por la naturaleza tiene el doble placer de correr y de la naturaleza.

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