viernes, 2 de marzo de 2012

The Ebb-Tide (Bajamar), de Robert Louis Stevenson









Esta fue una de las varias novelas que Stevenson escribió en colaboración con su hijastro, Lloyd Osbourne. Este  último escribió tres novelas en colaboración con su padrastro y varias más en solitario de las que yo creo que nadie ha oído hablar. Además del interés en la escritura compartió con Stevenson el interés por la fotografía, y es en gran medida gracias a ello que disponemos de extenso material fotográfico de los nativos y la familia en sus viajes a través del Pacífico, a Hawaii, de sus años en Samoa, etc.
Pero para cualquiera que haya leído a Stevenson, queda pronto muy claro que esta es una novela Stevensoniana más. Igual soy injusto, pero a mi me parece que el hijastro solo apareció el día que había que firmar el libro. De hecho en la edición española ni se han molestado en poner su nombre en la portada. Y no me parece mal, la verdad.

Cada vez que uno olvida porqué cuando, en la infancia o adolescencia, tropezó por primera vez con un libro de Stevenson le pareció tan absolutamente maravilloso, lo único que tiene que hacer para recordar aquella sensación es leer otra novela escrita por él. Y ya está. Esta novela, publicada el mismo año en que el autor murió,  es un ejemplo perfecto.

La edición española

Y eso es lo que me ha vuelto a ocurrir a mi al leer esta novela. La conocí en español años atrás en la magnífica colección de títulos de Stevenson que publicó la editorial Valdemar y al releerla en inglés me ha vuelto a sorprender y gustar por igual. Basta un sólo párrafo, el primero nada más abrir el libro, para sentirme arrastrado por un viento que me absorbe y traslada automaticamente al Pacífico Sur. Puede parecer cursi o tópico, pero es lo que de verdad me produjo la relectura del primer párrafo del libro:


Throughout the island world of the Pacific, scattered men of many European races and from almost every grade of society carry activity and disseminate disease. Some prosper, some vegetate. Some have mounted the steps of thrones and owned islands and navies. Others again must marry for a livelihood; a strapping, merry, chocolate-coloured dame supports them in sheer idleness; and, dressed like natives, but still retaining some foreign element of gait or attitude, still perhaps with some relic (such as a single eye-glass) of the officer and gentleman, they sprawl in palm-leaf verandahs and entertain an island audience with memoirs of the music-hall. And there are still others, less pliable, less capable, less fortunate, perhaps less base, who continue, even in these isles of plenty, to lack bread.
At the far end of the town of Papeete, three such men were seated on the beach under a Purao tree
(En las islas del Pacífico, aquí y allá, hombres de diferentes pueblos europeos, de varia clase y condición social, desempeñan actividades de toda índole, y contagian enfermedades. Unos prosperan, otros vegetan. Los hay que han ascendido por las gradas de los tronos, que han llegado a poseer islas y compañías de navegación. Sin embargo otros se casan para sobrevivir. Hay damas bien parecidas, de buen carácter y del color del chocolate, que los toman a su cargo y los mantienen en completa ociosidad. Vestidos como nativos reposan bajo tejadillos de hoja de palma, apenas conservan algún elemento extranjero en los andares, en los gestos, tal vez incluso no se hayan desprendido de algún recuerdo del pasado (quizá un monóculo), de cuando fueran oficiales o caballeros; se dedican en general a entretener a un público de aborígenes con recuerdos de los music-halls. Los hay menos dóciles, con menos talento, con peor fortuna, acaso menos degradados, que incluso en estas islas de la abundancia siguen careciendo de pan que llevarse a la boca..
En las afueras de Papetee, en la playa, sentados bajo un Purao, se hallaban tres hombres pertenecientes a esta última categoría.)
[Traducc. de Inmaculada Matito en Valdemar] 




Y ¿porque será que nos atraen tanto los fracasados de la vida?. Stevenson nos consigue nada menos que tres de ellos. Tres occidentales exiliados en las islas del Pacífico Sur por motivos diversos, ninguno de ellos especialmente honroso. Un americano capitán de navío que huyó de su país por ser responsable del hundimiento de su barco y la muerte de su tripulación durante una borrachera, un graduado de Oxford y un dependiente londinese, concretamente cockney (Dios mío, leer su dialecto en inglés es toda una experiencia) que representa la estofa más baja de la sociedad, el maleducado, borracho y traicionero. Cada uno con su historia y cada uno con su pseudónimo. En los Mares del sur casi nadie exhibe su auténtico nombre. No al menos entre gente de esta ralea.

Y el personaje de Attwater, que aparece más adelante en el libro, que nada tiene que envidiar al Kurtz de "El corazón de las tinieblas" de Conrad que de manera tan sencilla representa la locura del elemento colonialista del hombre blanco.

Esta fotografía de Stevenson fue tomada por
Lloyd-Osbourne en 1888.
Y ¿que hacen estos tres personajes en una playa?. Vegetan. Dejan la vida pasar y la muerte llegar. No tienen nada para comer salvo la caridad y mucho menos un trabajo. Pero todo cambia de repente. En el puerto hay una goleta anclada. Inmovilizada por tener una bandera amarilla en lo alto del palo mayor. El distintivo de los barcos apestados. Parte de la tripulación ha muerto de viruela, que se extiende por las islas como la pólvora. Y cuando les ofertan a ellos capitanear ese barco hasta su destino para entregar su cargamento (Champán de California), no hay mucho que pensar.

No contaré nada más del argumento, porque el desarrollo del mismo es magistral y sería un crimen hacer el más mínimo spoiler. Baste decir que Stevenson es un escritor como la copa de un pinar entero.  Los personajes son excepcionales, caracterizados con precisión increíble para la brevedad de la obra. El desarrollo de la obra es un prototipo de Novela de Aventuras. Y además el estilo de Stevenson es cristalino, preciso, con un manejo de su idioma excepcional. De verdad que no tiene desperdicio.

De izquierda a derecha: Lloyd Osbourne, Luego Fanny Stevenson,
el propio R.L. Stevenson y el rey Kalakaua con el que estaban reunidos.
La tumba del Tusitala en la cumbre del monte Vaea en
Samoa Occidental

Esta es una de mis novelas favoritas de Stevenson por derecho propio. Y es que soy de la opinión que la obra que este escribió ambientada en los Mares del Sur ("Cuentos de los mares del Sur", "Los traficantes de Naufragios", "En los mares del sur"  y esta misma obra) no tienen tanto que envidiar a las más conocidas (indudablemente por mérito propio) de RLS.

En inglés: Robert Louis Stevenson & Lloyd Osbourne. The Ebb-Tide. Edt. Aegypan Press. 2005. 113 pps.
En español: Robert Louis Stevenson. Bajamar. Editorial Valdemar (colección Avatares). 1999. 165 pps. Traducción de Inmaculada Matito. [La novela también está publicada en la colección de bolsillo de la misma editorial]



12 comentarios:

  1. Coincido en que leer a Stevenson es siempre un placer. Recuerdo una anécdota de cuando mi hijo era pequeño. Durante mucho tiempo (él tenía nueve o diez años) le anduve detrás para que leyese "La isla del tesoro". Siempre se negaba, porque la veía como algo anticuado, no sé, manías.. . Al final, unos días que se fue de campamento casi le obligué a llevarse como único material de lectura este libro, segura de que en un momento u otro, por aburrimiento, recurriría a él. Y así fue. A la vuelta me dijo: "Mamá, es el mejor libro que he leído en mi vida." Ya ves, magia Stevenson. No falla.

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    1. Te entiendo perfectamente. Aun estoy tratando de que mi hija, entre volúmenes de "Harry Potter", lecturas juveniles y hasta Carlos Ruiz Zafón, meta "Alicia en el país de las maravillas". La primera vez que lo intentó me miraba diciendo "no es muy divertido" (temiendo herirme, porque sabe lo que pienso de la obra). Espero triunfar un día, como tu. Estoy casi seguro de que lo lograré.

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  2. Exquisito ese primer párrafo que nos pones.
    Cuando vayas a Edimburgo no te pierdas el Writer's musum. Es pequeño pero muy tranquilo y tienen una sala dedicada a Stevenson.
    Yo hasta el momento sólo he leído Dr. Jekill y también La Isla del tesoro.

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    1. No te quepa duda. Cuando vaya a Edimburgo peregrinaré a todos los rincones literarios de cada escritor que por allí pululó. Hace poco vi una comparativa que la consideraba la ciudad literaria número uno del mundo, por delante de Londres, París o Dublín. Que ganita, madre. La isla del tesoro me encanta. Con Jeckyll, después de adorarlo de chaval, ahora tengo una relación un tanto ambivalente. No te pierdas sus relatos. Son excepcionales. Me encantan las "Nuevas 1000 y una nocehs" o "La playa de Falesa".
      Saludos.

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  3. Aunque esta novela de Stevenson no la he leído, sí coincido plenamente en que Stevenson era un escritor como "la copa de un pinar entero". Representa para mí, y para muchísima gente, la esencia de la literatura: contar historias sencillas a la vez que profundas, llevarnos a otros mundos para encontrarnos con nosotros mismos, y hacérnoslo pasar pipa.
    No hay lector que pueda resistirse a ese primer párrafo.
    Curiosa, por otra parte, la atracción de los mares del sur en Stevenson, Conrad y otros (¿quizá fue Maugham el último?), así como el hecho de que ese escenario ha desaparecido de la literatura. ¿A qué se debe? Parece que en aquellos días era el rincón más apartado del mundo, el lugar más lejano donde podían recalar y encontrar refugio aquellos perdedores que querían cortar con su vida pasada. ¿Dónde van hoy?

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    1. Es curioso, pero también pensé en ello, Batboy. Creo que efectivamente entonces "Los mares del Sur", asi entre comillas, eran un lugar mágico/mitológico para esconderse cada cual que buscara aventuras o cada cual que buscara borrar un pasado poco claro. Como los tres protagonistas de esta historia, que buscaban eso precisamente, el olvido.
      Hoy, con Ryan Air y similares, cualquier punto del planeta está al alcance de 40 euros. Si la gente va a Thailandia con más facilidad que a los pirineos.
      Ese halo de misterio y aventura no perdura.

      Saludos.

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  4. Ya sabes Oscar que a Stevenson me lo llevaría a una isla (pirata por supuesto). Lo he leído mucho y lo seguiré leyendo porque es motivo de felicidad permanente, pero curiosamente este "Bajamar" no lo he catado. Ya había leído una vez de tu pasión por este libro y ahora no lo dejaré escapar gracias a tu manera de presentarlo(además editado por Valdemar, mis editores preferidos).
    A Stevenson se le conoce sobre todo por las grandes obras "juveniles", pero los buenos aficionados sabemos que hay mucho más y es uno de los pocos escritores con los que se puede disfrutar de casi toda la obra (no hay medianías en sus textos). Por citar algunos que se deben añadir a los que tu nombras: "Nuevas noches árabes", "El barón de Ballantree" y todos sus cuentos y fábulas.
    Un abrazo.

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    1. Bueno, Carlos. Tu eres un Tusitala por excelencia. Yo, tras renovar los votos, también me lo llevaría a cualquier lado. Y me contarás que te parece "Bajamar", pero creo que es imposible que no guste a cualquier stevensoniano como tu. Coincido en la pasión por "Ballantrae" (más que "Secuestrado" o "Catriona" que no están mal) o las "Nuevas noches árabes".

      De verdad, que placer me da confirmar que hay tanto fanático de RLS por aquí cerca....

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  5. Mi mayor deuda de gratitud literaria la tengo con Stevenson y con Salgari. Por decirlo de algún modo pertenezco a su tripulación, si bien como secretario segundo del secretario tercero del grumete. En una ocasión estuve a punto de enrolarme en un carguero que cubría la ruta de Valencia a Sicilia solo por el placer de releer a Stevenson en un barco, pero creo que se dieron cuenta de mis taras. Ahora tu deliciosa entrada me despiera evocaciones de mar, olores de salitre y algas.

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    1. Si, la verdad es que a mi de las lecturas que me impactaron en la infancia/adolescencia, casi ninguna (salvo "Alicia en el país de la maravillas" perdura con tanta intensidad. Y algunos, cuando los leo, me gusta, "pero no es igual que la primera vez", pero Stevenson no pierde nada de actualidad. Desde luego, releer a Stevenson en un barco, es el no va mas. Y esta novela concretamente sería una muy recomendable para esa circunstancia.
      Saludos.

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  6. Esta no la he leido, si que leí hace poco "El diablo en la botella" , la reseñaré próximamente. Un abrazo!

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    1. Hola, Meg. "El diablo en la botella" es (para mi) una maravilla, pero ya digo que soy poco objetivo con Stevenson. Ya nos contarás que te parece. Te leeré con atención. Un abrazo.

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