viernes, 17 de febrero de 2012

Horas en una biblioteca, de Virginia Woolf









El mundo de las recopilaciones de ensayos de Virginia Woolf es un océano sin fondo, del cual, cada cierto tiempo (o cada cierto aniversario), cualquiera saca una serie de peces que reúne por tener un color similar y hace una fritada con ellos. Encima tenemos unos en inglés y otros en español, pocas veces superponibles. Así que o bien uno opta por explorar del tirón todos los volúmenes de ensayo (inacabables) o va seleccionando poco a poco los que más le interesan. Podemos aprovechar esta recopilación de ensayos acerca de la literatura para hablar un poco de la biblioteca particular del matrimonio Woolf.

El matrimonio Woolf construyó su biblioteca a partir de un núcleo que aportó Virginia y que esta había heredado de su padre, Sir Leslie Stephen. Sir Leslie, uno de los primeros editores del Dictionary of National Biography, poseía una vasta biblioteca y gran parte de esta pasó a propiedad de su hija tras su fallecimiento. En esta biblioteca pasó su infancia en gran medida la pequeña Virginia. De todos los hijos de Sir Leslie Virginia parecía ser la única devoradora de libros y por ello este adoptó una medida que hoy nos parece lógica pero entonces era excepcional: abrir su biblioteca completa a su hija menor, a pesar de que muchos de los volúmenes que contenía se podían considerar "poco recomendables" para una mujer, especialmente menor de edad. Su padre la instaba a elegir cualquier volumen y leerlo al menos dos veces antes de formarse su propia opinión acerca de ellos en vez de "confiar en las opiniones de otros". Es fácil comprobar en sus diarios que durante toda su vida Virginia continuó leyendo obras conservadas de la biblioteca de su padre. Esta biblioteca fue creciendo y habitó en todas las (muchas) casas en que Leonard y Virginia vivieron y tras la muerte de Virginia, Leonard la cuidó con mimo hasta su muerte en 1969. Se componía de unos 4.000 volúmenes. Más tarde esta biblioteca, prácticamente íntegra cruzó el Atlántico y fue comprada por la Universidad del Estado de Washington.

Entre las características más importantes de muchos de estos volúmenes esta la de estar en muchas ocasiones "remendados" y decorados por Virginia (aunque los restauradores de la biblioteca de la Universidad que los adquirió consideran que para los Woolf "los libros eran más herramientas que objetos de coleccionista. Muchos tenían las cubiertas desprendidas o las costuras muy estropeadas por un uso intensivo. Los intentos de Virginia para la reparación de los libros eran chapuceros y patéticamente inadecuados. Esto indica una vez más que su biblioteca era una biblioteca de trabajo para ser utilizada como herramienta de trabajo en su profesión como escritores".

Tres volúmenes de la biblioteca de los Woolf, reparados y reencuadernados por Virginia:
Le quartier Montisson de Marie Mauron, la obra poética de Percy Bysshe Shelley
y las obras de Charles Lamb.

De hecho pocas de las obras escritas y publicadas por el propio Leonard e incluso menos de las de Virginia formaban parte de esta biblioteca cuando fue adquirida. No coleccionaban sus propios libros. No obstante, es de admirar el espíritu de esta biblioteca Universitaria (¡que me dieran a mi unas pocas de estas por aquí!) que tenía empeño en recopilar ejemplares de todas las ediciones de los Woolf. Así adquirieron también colecciones de Cecil, sobrino de Leonard Woolf que se los había comprado a su tío a lo largo de los años (400 volúmenes) y en 1983 compró cien libros más, nada menos que a Quentin Bell, el sobrino y biógrafo de Virginia. 

La importancia de esta biblioteca no es sólo económica o sentimental, sino que además aporta información excepcional acerca de los gustos y los métodos de trabajo de la pareja. Algunos de los libros llegaron con hojas manuscritas por Virginia o Leonard alojadas entre sus páginas (¡que maravilla!) con los que la biblioteca universitaria creó un volumen individual ("Leonard and Virginia Woolf Insert Papers"). Ojear este catálogo es un entretenimiento fascinante (se puede conseguir en formato PDF) y los títulos de algunos de los volúmenes me provocan punzadas  de envidia o deseo. 

El amor que esta pareja dedicó a sus libros se materializó especialmente en la fundación de la Hogarth Press en 1917, la imprenta artesanal con la que ambos emprendieron una de las aventuras editoriales más bonitas que conozco. Empezaron con una imprenta manual en la Hogarth House en que vivían en Richmond y luego la fueron ampliando para editar prácticamente todas las obras de Virginia (con lo cual le evitaron además tener que someterse a la censura o recortes de otros editores), además de las obras de T.S Eliot, Katherine Mansfield, el Ulysses de Joyce o las obras completas de Sigmund Freud.

Algunos de los ejemplares publicados por la Hogarth Press escritos por los propios Leonard y Virginia y
que formaban parte de la biblioteca personal de los Woolf. No se lo que daría por ellos.

En este volumen que en principio puede entenderse como de ensayo, tenemos en realidad una de las cosas que a mi personalmente tienden a aburrirme bastante. Un batiburrillo de textos, de cualquier época de la vida de Woolf, con estilos tremendamente diferentes (cualquier escritor muta a lo largo de su vida) desde los aburridos hasta el bostezo llegando a algunos ensayos muy interesantes. En cualquier caso diré a priori que me parece un libro fundamentalmente para "woolfianos" adictos. De no serlo, la tasa de desengaños puede ser relativamente alta.

El profesor Elwood, jefe del departamento de inglés de la
Washington State University, posando al lado de los libros
de Virginia y Leonard Woolf, 1971


El editor y traductor (Miguel Martínez Lage) ha seleccionado gran parte de los artículos de un volumen recopilado en 1977 por M. Lyons para la Hogarth Press titulado "Books and Portraits", ha eliminado de este los que considera poco susceptibles de interesar al público español (?) y añadido algunos más, de temática similar, extraídos de los Collected Essays. Previamente en vida de Virginia se había publicado dos volúmenes de ensayo, sobre todo crítica literaria, titulados "The Common Reader", series I and II. Algún otro volumen como el ya referido y poco más. Tras la muerte de Virginia, Leonard compiló cuatro volúmenes de "Collected Essays", la gran mayoría aparecidos en el Times Literary Supplement y alguna otra revista literaria. Pero aun hoy siguen apareciendo nuevos ensayos y críticas, sobre todo porque por normativa del periódico, las criticas aparecían publicadas de manera totalmente anónima, lo cual dificulta en muchas ocasiones su identificación.

Etiqueta del ejemplar de "Jacob´s Room" firmado por Virginia
para Lytton Strachey, como subscriptor de la Hogarth Press.

En general diré que la Virginia Woolf ensayista y crítica está (en mi modesta opinión) algo por debajo de la Virginia de las novelas, los relatos e incluso de las Virginia de los Diarios. Las críticas son muy breves (tres páginas de media, lo que imponía el periódico) y eso hace que muchas veces uno no llegue a conectar con la autora, que uno se quede frío ante lo que lee, quizá porque no siempre Virginia lo esboza bien.

Por otra parte son excelentes varias de sus críticas de autores y obras, tanto aquellos a los que alaba como a los que de manera más o menos velada, pisotea. El apartado de los autores rusos es especialmente interesante. Hay que recordar que en la época en que vivía Virginia, muchos de los grandes autores rusos solo comenzaban a ser descubiertos por el público inglés. De hecho muchos los leía directamente tral como eran traducidos por vez primera al inglés. Y sobre todo gracias a la labor de una incansable traductora, Constance Garnett, que tradujo a Dostoievski, Chejov, Tolstoi y muchos más para el público anglosajón por primera vez. Sus traducciones aun se venden como churros (en Wordsworth Classics sobre todo). yo tengo varias y doy fe de que son muy buenas. Por ello la señora Garnett aparece más de una vez en estas críticas de Woolf. Pero además es que el hijo de Constance Garnett, David Garnett (conocido por los amigos como "Bunny") era uno de los miembros del círculo habitual de Bloomsbury. Amigo y amante de Duncan Grant, casado luego con la hija de  Vanessa, Angelica, era invitado habitual tanto en la casa de Virginia como residente continuo en Charleston, la casa de Vanessa Bell y Duncan Grant. Asi que el círculo se cierra.

Copia personal de "Anatomía de la Melancolía" de Robert Burton,  ed de 1651
con la dedicatoria de Violet Dickinson a Virginia Woolf (entonces Adeline Virginia Stephen).
Virginia disfrutaba recordando que el Dr. Samuel Johnson dijo de este libro que
"fue el único capaz de sacarlo de la cama dos horas antes de la hora en
que pretendía levantarse". 


Críticas como "Mas Dostoievski", "Dostoievski en Cranford" o "El trasfondo ruso" (sobre los relatos de Chekov) son divertidos a la vez que penetrantes. Otros dos preferidos para mi son "Jane Austen y los Cisnes" y, sobre todos ellos, "Yo soy Christina Rosetti". Nada más que por este ramillete ya merecería la pena. Pero aun hay otros bastante buenos: "Haworth, noviembre de 1904" (Evidentemente sobre el pueblo de las Brontë), "Geografía literaria" y "Anatomía de la ficción".

Se cierra el volumen con tres ensayos muy interesantes también: "El arte de la biografía" y "La nueva biografía", basados sobre todo en el arte de la nueva biografía propugnado y desarrollado de manera ejemplar por su amigo Lytton Strachey. Y finalmente "La muerte de la polilla" ("The Death of the Moth") otro de sus ensayos más repetidos.

El primer ensayo, que da título a la recopilación ("Horas en una biblioteca") es digno de que nos paremos en él brevemente porque contiene ideas que la primera vez que las leí, me dejaron con la boca abierta.

"Comencemos por aclarar la antigua confusión que se da entre el hombre que ama la erudición y el hombre que ama la lectura, y señalaremos cuanto antes que no existe conexión de ninguna especie entre los dos." 
"Por otra parte, un lector ha de poner coto al deseo de aprender ya desde el comienzo; si el saber se le pega, excelente, pero ir en busca del saber, leer de acuerdo con un sistema, convertirse en un especialista o en una autoridad, es algo que tiene todas las trazas de acabar con lo que preferimos considerar como una pasión más humana, una pasión por la lectura pura y desinteresada."
"No sería difícil demostrar por medio de un conjunto de hechos contrastados que la gran época para la lectura es la que va de los dieciocho a los veinticuatro años. La mera lista de lo que entonces se lee colma el corazón de las personas mayores de pura desesperación. No es solamente que leamos tantísimos libros, sino que hayamos podido leer precisamente esos libros. " 
La primera vez que leí este ensayo me tuve que parar. Quizá porque por mi formación profesional, científica de pies a cabeza, me sonaba raro tener que separar tan dramáticamente leer de aprender. Pero luego comencé a ver la luz y acabé comulgando con Virginia Woolf. Recordaba cuando, preparando unas oposiciones, estaba estudiando todo el día. Siempre llevaba una novela o libro de ensayo para dedicar a ellos los últimos cuarenta y cinco minutos de la tarde, ante la incomprensión de todos los que estudiaban conmigo en la biblioteca de la Facultad. ("¿Como puedes perder todos los días ese tiempo que podrías aprovechar estudiando?"). Yo trataba de hacerles ver que ese rato hacía que valiera la pena todo el montón de horas que había estado memorizando y estudiando. Trataba con poco éxito, todo hay que decirlo. Y así sigo. Una cosa es estudiar y aprender y otra cosa es leer. Como bien dice Virginia, si el saber se pega, vale, pero no se hace primariamente por eso.

Las estanterías de Monk´s House, la última casa de los Woolf.
"They bought books but were not serious collectors..."



En resumen: un libro interesante sobre todo para devotos de Virginia o de la crítica literaria en general.

En español: Virginia Woolf: Horas en una biblioteca. Editorial El Aleph. 2005. 285 pps.

20 comentarios:

  1. Dientes largos me pones con esa biblioteca woolfiana. Y qué decir de los libros editados por la Hogarth Press, ¡qué maravilla! Encima, lo hacían todo ellos solitos, en plan artesanal. Los que sabemos lo mucho que cuesta hacer un libro (no escribirlo, ¿eh?, simplemente convertirlo en un volumen impreso)sentimos una admiración sin límites por esa iniciativa. Y totalmente de acuerdo con Virginia en que lo esencial es leer por placer. Nunca lo he concebido de otro modo.

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    1. Si, Elena, yo también admiro el ejemplo de la Hogarth Press. Tuvo un efecto terapéutico impresionante para la enfermedad mental de Virginia (aun nadie hablaba de la "Terapia Ocupacional" para estos enfermos) y además la importancia de muchas de las obras que publicaron slatandose la censura "oficial" es muy interesante. Además la calidad de los libros de la Hogarth (calidad física me refiero, como objeto) es muy buena. He podido conseguir de segunda mano ejemplares de obras de Virginia en la Hogarth de los años 40 y tienen el tamaño perfecto, el peso perfecto, el papel perfecto para la lectura.
      Otros libros que me encantan, también hablando desde el punto de vista de sus calidad como objeto, son estos: http://www.foxedquarterly.com/buy/slightly-foxed-editions/

      Saludos.

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  2. Preciosas ediciones, son justo el tipo de libros-objeto que me parecen irresistibles. Y la revista tiene muy buena pinta. ¡Gracias por esta recomendación!

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    1. A mandar :-)
      Un placer.
      Yo también estuve sopesando seriamente el tema de la revista.

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  3. Personalmente me gustó este libro, aunque es cierto que a veces se hace denso, perdiéndose un poco el interés de lo que Woolf cuenta. Así y todo tremendamente disfrutable. ¡¡Será que soy un "woolfiano" adicto, como dices!! Coincido en que el artículo sobre Jane Austen es buenísimo. Irónico y muy lúcido.

    Geniales como siempre las fotos y la documentación. A mi también me impactó ese concepto de Virginia de separar la lectura y el aprendizaje, porque muchas veces parece que uno lee para convertirse en un experto insoportable de determinado autor -voy camino de ser una enciclopedia andante de Alan Moore, Herman Mellville o de Robert Howard, con toda la inutilidad que conlleva eso-, por lo que el mensaje de simplemente dejarse llevar y disfrutar el viaje deberíamos tenerlo mucho más presente. No hacemos academicismo con los blogs, sino que disfrutamos de un buen rato.

    Dicho esto, si en efecto tus lecturas "bloomsburianas" de este año no están perfeccionando tu condición de experto en la materia, no sé en que demonios te convertirá; porque costará ver otro blog con entradas más curradas, genialmente documentadas y escritas -esto último es tan obvio que no era necesario recalcarlo- y, lo más importante, apasionantes. Espero no estar cayendo en un peloteo infame pero es que, en serio, me quito el sombrero.

    Saludos!

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  4. Muchas gracias Wolfville, por tus comentarios.
    La verdad es que no había reflexionado acerca de lo que estoy aprendiendo en estas lecturas sobre Bloomsbury, cuyo objetivo inicial además era preparar el terreno para incrustarlas en el primer viaje a Londres que pueda hacer. La verdad es que quizá estoy aprendiendo demasiado... ,-)
    Bueno, no, la verdad es que me lo estoy pasando bomba y que dada la cantidad de material que hay, puedo elegir los libros en el orden que quiera (más breves, más largos, mas biográficos, más de fotografías...) Hay una cantidad tremenda de documentación.
    De verdad que me alegro de que te gusten.
    Respecto de tus ocupaciones "inútiles", precisamente eso las hace más interesantes. Compartimos la de Melville (lo admiro más allá de lo razonable), la de Robert E. Howard (al que tengo un poco abandonado, la verdad) además de la de Drácula y Sherlock.
    Sin olvidar la de Ripley, que me he comprado los tres primeros ejemplares de la colección cuyas portadas tanto me gustaron en tu blog. Son estupendas. Ya solo falta el tiempo para leerlos....

    Un abrazo.

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  5. Hablas de ese recopilatorio de críticas de V.W. y nos invitas a su biblioteca personal!! De seguro que eran los libros que ella leía y de los que se formaba esa opinión crítica, que posteriormente hacia circular en los periódicos y demás ensayos del momento.
    He descubierto muchas cosas que no sabía de esta escritora, para mí, maravillosa.
    ¡¡Quién podría visitar esa biblioteca en Washington!! y...no entendido muy bien...¿se puede conseguir en pdf aquellas hojas sueltas que ambos dejaban por entre los libros que leían?
    Díme cómo y dónde!!
    Por otro lado, hablando del libro "Horas en una biblioteca", me quedo con ese fragmento de Jane Austen y los Cisnes...y con las risas de imaginar a Dostoievski en Cranford. Hubo otro que me cautivó y que no recuerdo bien su título. No tengo el libro a mano, pero cuando lo encuentre, te lo digo...(¡¡odio no acordarme!!)
    Una entrada magnífica!! Saludos!!

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  6. Que va, María. Ojalá fuera en pdf eso lo que se encuentra. Lo que se puede encontrar en pdf es el listado de los libros que componían la biblioteca de los Woolf. Algunos son sorprendentes. Si quieres ahora busco el link al pdf y lo pongo. Efectivamente quizá el más divertido de todos sea "Dostoievski en Cranford".
    Muchas gracias y saludos.

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  7. Desconocía estos detalles de la biblioteca, una escritora a la que admiro habiendo leido poquisimo de ella...

    Un abrazo!!

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    1. Me alegro mucho de que te interese, Meg. Sería fascinante bucear por esa biblioteca.
      Un abrazo

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  8. Como estudiante de filología debo decir que la reflexión leer-aprender la pillé bien pronto, muchos de mis conocidos entonces también la entendían y nos despejabamos del horror de los exámenes con alguna lectura a parte de las obligatorias. El proceso parece el mismo, pero bien claro me quedó cuando tuve que ponerme a leer textos de los que pronto me di cuenta ya no recordaba nada al cabo de unos días.

    Me gusta leer que tipo de lectores eran; por lo que cuentas parecen poco fetichistas, a pesar de que la lectura y los libros eran su vida. Excepto sin son libros de una biblioteca pública, por norma me gusta que los libros que me dejen estén escritos o anotados, yo no lo hago siempre pero me gusta tener esa posibilidad con los míos, pues también soy de las que opinan que los libros han de ser instrumentos... no objetos de culto (nunca eso, por favor, mira dónde hemos llegado por pensar así).

    Muy interesante!

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    1. Si, la verdad es que vistos desde fuera, tener que leer ciertos textos por motivo profesional debe ser cualquier cosa menos gratificante. Yo tuve que dedicarme activamente a olvidar voluntariamente muchos de los datos que tuve que aprender para los exámenes de la carrera (y que luego confirmaron ser completamente irrelevantes).

      La verdad es que también me atrae mucho ver lo que leían mis escritores favoritos. Hace poco vi un libro acerca de las bibliotecas de escritores americanos, pero eran todos desconocidos absolutos (al menos para mi) así que lo dejé correr. Totalmente de acuerdo. El libro como objeto de culto deja de ser un libro. Es... otra cosa.

      Un saludo.

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  9. Siempre pensé que leía por necesidad, pero debe ser necesidad de placer. De irme lejos, hacia adentro o hacia afuera.
    Recordé los diarios de Anais Nin, cuando narraba lo difícil que era trabajar en una imprenta casera y cuanto demoraba en hacer solo una página. Libros como hijos. La importancia de tener el peso y tamaño justo aumenta el placer. Una mala edición puede estropear la lectura de una obra, como la mía de Las mil y una noches que cuando doy vuelta una página sale volando. La importancia de leer libros mayores aún siendo adolescentes incluso si no los entendemos, a veces solo una frase nos puede iluminar y hacernos cambiar de rumbo. Y la importancia de releerlos a través de los años,con otra perspectiva de la vida.
    La bibloteca de Virginia me deja suspirando.
    Tu trabajo es excelente, aunque ya lo hice repetidas veces, debo agradecerte y felicitarte. Mis respetos..
    Analía.

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  10. Bueno, Analía:
    Que pedazo de comentario, casi una obra literaria en si misma. Me has traído a la memoria los diarios de Anaïs Nin, que tenía muy olvidados. Totalmente de acuerdo en que el placer físico que produce el libro en las manos (su peso, su tacto) y a la vista (su letra, su papel) es casi tan fundamental como el contenido.
    La primera vez que lei "Moby Dick" (una de mis 5 obras preferidas hoy día, por diversos motivos) ni lo acabé. Y no fue porque las escenas de anatomía de las ballenas fueran intolerables como le pasa a alguno, sino porque me dolían los ojos y el alma de leer un libro con letra tan pequeña, tan mal encuadernado, imposible de abrir correctamente sin destrozarlo... Me costó recuperarme.
    Cuando encontramos una edición "Perfecta", es que da placer solo sujetarla en las manos. Tengo alguna edición inglesa de obras de Lewis Carroll, Chesterton o D.H. Lawrence que son la alegría de mis manos y mis ojos, además de la de mi espíritu.
    Un cordial saludo. Gracias por la felicitación

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  11. ¡Gracias! ¿Y el aroma de los libros? ¿No te da por oler las nuevas ediciones, los viejos libros usados que guardan el perfume de otra persona o de su casa? Hace tiempo trabajaba en una librería y siempre trataba de llegar temprano, para ser la primera en abrir la puerta y aspirar el olor del papel, de la tinta, de los libros dormidos. Era lo mejor del día. Lamentablemente tuve que dejarlo, porque cuando tenía que pagar los libros que había apartado durante el mes, para mi bibloteca, solo me quedaban monedas del sueldo.
    Ojalá desempolves los diarios de Nin. Vale la pena perderse en ellos. Un abrazo.
    Analía.

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  12. Si, ese olor....
    Recuerdo siempre cuando entre en la Biblioteca del Trinity College ed Dublin, la "Long Room", impresionante, con techo abovedado y dos pisos lleneos de libros. Pero sobre todo, indescriptible, mposible de transmitir, estaba ese olor a libro, a papel...
    Saludos.

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  13. Es una entrada magnífica, Óscar. Mi felicitación y mi agradecimiento.

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  14. Yo también me quito el sombrero ante el apasionante amor a los libros que irradiáis Virginia y tú. Cuanto he aprendido hoy con tu capacidad de sintetizar una buena historia.
    Saludos.

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    1. Si, aqui somos más de uno y más de dos los fanáticos de los libros. Date por aludido...
      Saludos.

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