domingo, 25 de septiembre de 2011

H.L. Mencken



Leí una vez acerca de este hombre al que tanto admiro una descripción que era más o menos como sigue (cito de memoria): "Imaginadlo con ese aspecto de querubín de una fuente, con ojos inmensamente azules, regordete, con una cabeza sólida, con el pelo moreno partido por una raya perfecta en la mitad exacta del cráneo, casi sin cuello apreciable, con una mitad inferior del cuerpo muy corta, con muslos más gruesos que largos, de forma que parece más alto sentado que cuando está de pie. Con ese eterno puro en la mano, nunca encendido".






Siempre que hablamos del cínico americano, de la sátira por excelencia, aparece, obviamente Mark Twain como el exponente inigualable. El segundo en la lista será, muy probablemente Ambrose Bierce. Igualmente con todo el merecimiento. Pero si oímos a los americanos (que nunca discuten la primacía de Twain) casi siempre oiremos una voz que dice: "Si, pero no olviden ustedes a Mencken". Hubo una época a finales del siglo XIX e inicios del XX en que si oías a alguien decir "GBS ha opinado esto o aquello acerca de un político", no había que pedir explicaciones de quién era GBS, todo el mundo sabía que se trataba de George Bernard Shaw. Igualmente si un americano oía "¿Has leído hoy la opinión de HL?", cualquiera asumía que hablabas de Henry Louis Mencken, este americano nacido en 1880, descendiente de una rica familia europea, los Mencke, qe tenían el orgullo de ser los que habían mantenido a Johann Sebastian Bach como Choir Master en Weimar. El padre de HL emigró de Europa huyendo de los problemas políticos y al poco de llegar a Estados Unidos, la tierra de las oportunidades, amasó una fortuna con una empresa cigarrera (se dice que ese puro que HL siempre llevaba, pero que nunca se veía encendido, era un homenaje a su padre, además de una "pose".






A los nueve años descubrió "Huckleberry Finn" ("The most stupendous event in my entire life", "El acontecimiento más estupendo de toda mi vida"). A partir de ahí desarrolló una omnívora capacidad de lectura que solo le abandonó en las circunstancias más trágicas. Era una de las personas con más lecturas de su generación según todos los que le conocieron.

Su complexión física no le hacía muy propenso al ejercicio físico, de hecho afirmaba que "el único ejercicio que hacía era entrar y salir de la bañera". Prefería la distendida e inteligente conversación son sus amigos mientras disfrutaba de un Martini, "el único auténtico invento americano de perfección equiparable a la de un soneto". Observar y describir. Azotar con acidez a todo aquel que se comportaba de manera injusta con los demás, especialmente los que llamaba "poseurs": políticos, "profesores" y predicadores. Empezó a escribir bajo la estela de George Bernard Shaw y Nietzsche, pero pronto  dio con un estilo propio que le caracterizaría como uno de los mejores periodistas del siglo XX. A los 19 años empezó a trabajar en el "Baltimore Herald" y posteriormente en el "Baltimore Sun". Fue corresponsal de guerra en Europa y encargado posteriormente de narrar la revolución cubana (una de las varias)

Acabó su vida de una forma desastrosa, posiblemente la más desastrosa para un hombre como él. Casi una broma macabra. Un infarto cerebral le dejó en 1948 incapacitado para leer y escribir. Era capaz de hablar y comprender lo que se le decía, pero no era capaz de entender el lenguaje escrito o ejecutarlo (alexia y agrafia). Ante esta incapacidad se dedicó a oír música clásica y cuando pudo, a conversar con los amigos. Y así sobrevivió hasta 1956, año en que murió de nuevo (es tremenda la anécdota en que hablando con otro amigo le preguntó por un tercer conocido. Su amigo le dijo que ese conocido había muerto años atrás. Mencken preguntó que cuando y su amigo respondió que en 1948. Mencken respondió "Ah, si, ese fue el año en que yo morí". De hecho muchas veces se refería a si mismo en tiempo pasado, como si ya estuviera muerto en sus últimos años).

Su epitafio es colosal:

"If, after I depart this vale, you ever remember me and have thought to please my ghost, forgive some sinner and wink your eye at some homely girl."
(Si después de que parta de este valle, alguna vez te acuerdas de mi y te apetece complacer a mi fantasma, perdona a algún pecador y guiña el ojo a alguna chica poco agraciada".

Algunas de sus "definiciones" y aforismos son muy conocidos al otro lado del Atlántico. 

Courtroom (Sala del tribunal): "Es el lugar donde Jesucristo y Judas Iscariote entran en igualdad de condiciones, aunque las apuesta están fuertemente inclinadas a favor de Judas". 
El Fútbol (americano) universitario sería mucho más interesante si en lugar de jugar los estudiantes, lo hiciera el cuerpo docente, o aun más si jugaran los directivos (trustees). Habría un gran incremento en los brazos, piernas y cuellos rotos, simultáneamente con una apreciable reducción de la pérdida para la humanidad.
Todo hombre decente se avergüenza del gobierno bajo el que vive. 
Puritanismo: es el miedo feroz de que alguien, en algún lugar, pueda ser feliz.
Un misógino es un hombre que odia a las mujeres casi tanto como las mujeres se odian entre ellas
Y finalmente una de la que me acuerdo mucho en estos días:

The whole aim of practical politics is to keep the populace alarmed (and hence clamoring to be led to safety) by menacing it with an endless series of hobgoblins, all of them imaginary. 
(Todo el objetivo de la política práctica es mantener al populacho alarmado (y por tanto clamando ser llevado a lugar seguro), por el medio de amenazarlo con una serie interminable de duendes, todos ellos imaginarios)


¿Suenan por ahí campanas de Oscar Wilde?. Mencken recuerda mucho por su ingenio y su acerada lengua, por su magnífico dominio del idioma, a autores del estilo de Wilde o GBS. Pero HL fue además mucho más que eso. Fue un maravilloso lingüista que publicó un estupendo estudio acerca del "Idioma americano" en tres volúmenes que se sigue reeditando y vendiendo ampliamente. De hecho este volumen, "The american language" debe ser un gustazo (aun no lo he leído, pero no lo descarto en absoluto, pero sus más de 800 páginas de lingüística me echan un poco para atrás). Otros volúmenes conocidos son su "Chrestomathy" (su propia selección de sus mejores escritos) y su volumen "In defense of women". 


Quizá uno de los episodios más curiosos de la vida social de Mencken sea el que le relaciona con Rodolfo Valentino. La entonces mayor estrella mundial del celuloide, el "hombre más hermoso del mundo", murió inesperadamente a los 31 años, provocando el día de su muerte las colas y atascos más grandes que la ciudad de Nueva York recordaba. Apenas una semana antes de morir, Valentino mandó nota a HL Mencken (al que no conocía personalmente), a través de un amigo de este último de que le gustaría pedirle el honor de poder reunirse con él, invitándolo a cenar. Mencken se sorprendió mucho, nunca había visto ni de cerca a Valentino, nunca había ido al cine a ver una de sus películas, nunca se había movido en los círculos de moda y riqueza en que se desarrollaba la vida de la estrella. Nunca había, en suma, mostrado el más mínimo interés en Valentino. Pero es que era Valentino quien estaba interesado en él. ¿Porqué?. Por eso mismo, porque Valentino buscaba una opinión y consejo de alguien que fuera inteligente (algunos artículos de HL habían caido en sus manos) y que fuera totalmente externo al glamour. En un ensayo estupendo, HL narra la visita y la cena que cena que tuvo con Valentino. Con el hombre, no con la estrella. No tiene desperdicio, pero pondré solo un trozo (la traducción es mía y por tanto ampliamente discutible):

Súbitamente caí en la cuenta - o yo era demasiado torpe o hacía demasiado calor para que me diera cuenta antes - de que aquello de lo que estábamos hablando realmente no era de lo que estábamos hablando en absoluto. Comencé a observar a Valentino con más detenimiento. Un joven curiosamente ingenuo e infantil , con seguridad no mucho más allá de los treinta años y con un apabullante aire de inexperiencia. Bajo mi punto de vista al menos, no hermoso, paro en cualquier caso bastante atractivo. Había una obvia "fineza" en él, incluso sus ropas no eran precisamente las propias de su horrible oficio. Comenzó a hablar de su casa, de su gente, de su primera juventud. Sus palabras eran simples pero, no obstante, muy elocuentes.  Yo podía aun ver el mimo delante de mi, pero de vez en cuando, breve y oscuramente, había un flash de algo más.  Ese algo más, concluí, era lo que comúnmente se denomina, por buscar un mejor nombre, un caballero. En pocas palabras, la agonía de Valentino era la agonía de un hombre de sentimientos relativamente civilizados arrojado a una situación de intolerable vulgaridad, destructiva por partes iguales para su paz y para su dignidad.

Valentino murió justo una semana después de la publicación del artículo a que pertenece este extracto, de una peritonitis.


En España no tenemos traducido nada conseguible (hace años se tradujo su "En defensa de las mujeres" y una recopilación de sus textos) hasta donde llegan mis investigaciones de este magnífico autor. a quien lea en inglés, me permito recomendarle para empezar el indispensable "The Vintage Mencken", una recopilación de sus mejores textos llevada a cabo por su amigo Alistair Cooke.




Y si aun os queda algo de curiosidad, podéis visitar la página web de "American Mercury", el diario fundado por Mencken en 1924, que rinde homenaje en su cabecera a su fundador o bien algunas más de sus citas en inglés. Una pena que tanto ingenio, el ingenio de un grande del periodismo del siglo XX, se prodigue tan poco por nuestro país. 

Esta es la única grabación original de su voz, en una entrevista:




7 comentarios:

  1. No he leído nada de Mencken, pero el personaje parece muy interesante. Me lo anoto en mi lista de pendientes (que crece y crece...)

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  2. Por lo genral, cuando encuentro un artículo que me llama la atención lo imprimo y lo leo en mejores condiciones que en los ordenadores prestados que suelo utilizar, pues no tengo internet en casa. Hoy a mediodía, en mi breve paseo con mi perro, llevaba tu artículo, lo cual me ha reportado, aparte de un pequeño y oloroso incidente con la suela de mi zapato izquierdo, unas sonrisas la mar de saludables. Como este Mencken sea la mitad de divertido de lo que es tu artículo, es un crimen no irse corriendo a buscar alguno de sus libros.
    Un saludo y, como tantas veces, gracias por el descubrimiento.

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  3. Tomo nota de este autor a pesar de no estar traducido. Es una pena que se sepa tan poco de él (servidora, incluida). Habrá que poner remedio.
    Saludos!!

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  4. Elena: te garantizo que si, que es muy ameno. Divertido a la vez que interesante. Yo ya la lista de pendientes ni la miro. Pero ella me mira a veces a mi de muy mala manera (estaré algo paranoico...)

    Ricardo: Encantando de que te guste el descubrimiento. Ya casi me vas a tener que presentar a tu perro. Gracias a ti por pasar por aqui.

    María: hay traducciones antiguas, pero creo que serán difíciles de encontrar Imagino que lo consideran un autor muy "americano" o algo así, pero la verdad es que sus temas preferidos son absolutamente universales (los políticos, los banqueros, las mujeres, la guerra...). Creo qeu merecería una reedición de una selección de sus artículos.

    Saludos y gracias a todos.

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  5. Y, no obstante la comicidad, hay algo de terrible en la vida de Mencken. Esa extraña enfermedad parece una maldición de algún dios griego en plan puteo máximo, no sé, como si Baco o Atenea hubieran envidiado su talento. O como si se hubiera encarnado en un personaje inédito de Borges.

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  6. Si, debió de ser desesperante. Imposible hacerse una idea medianamente real. Como si le dijeran "Tu tiempo en este mundo ha acabado", como en un concurso en el que te cortan el tiempo y ya puedes solo esperar a ver si has ganado el apartamento en Torrevieja o no. Entre otras cosas dedicó su tiempo, con dos asistentes a organizar sus papeles, su legado.

    Un saludo, Ricardo.

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  7. Como siempre te felicito por este magnífico post. ¿Cómo es que no supe hasta ahora de la existencia de HL? sí, cínico y mordaz pero diciendo verdades como puños porque leyendo sus citas casi aplaudo a algunas de ellas. En cuanto a las definiciones me ha hecho mucha gracia la del misógino...
    Sí que recuerda a Oscar Wilde y por otro lado las definiciones son muy del tipo de las de Bierce en su (imprescindible) Diccionario del Diablo. Seguro que en breve pido el que recomiendas(Anthology) y tb el de el lenguaje americano.Saludos

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