viernes, 30 de septiembre de 2011

El gran Meaulnes, de Alain-Fournier






No, si va a ser verdad. Voy para mayor. Por eso va a ser que cada vez me gustan más las historias de infancias campestres y de chiquillos que crecen en un pueblo o en la campiña, cuyas travesuras van destinadas al tejedor del pueblo, al cabrero, al molinero o si son muy osados, al profesor de escuela.

Novelas que muchas veces se pueden mirar un poco por encima del hombro hoy día, por su ingenuidad, porque a fuerza de crecer en ciudades (la mayoría de nosotros) o en pueblos que cada vez tienen menos relación con la naturaleza, esto nos puede sonar ya tan antiguo como las poesía pastoral de Virgilio. Pero es que le da a uno tal tranquilidad, tal sosiego, recordar que hubo tiempos en que los niños se criaban asi, asilvestrados en el campo, paseaban por el pueblo y, todo hay que decirlo, apedreaban a todo bicho viviente que se cruzaran....Seguro que hay muchos sitios que hoy en día pueden permitirse el lujo de ser así, pero me da la impresión de que estarán bajo asedio. 

Hace mucho, mucho, que leí esta novela. Tanto que prácticamente no recordaba nada de ella. Creo que entonces no debió impresionarme grandemente. Lo confieso. Creo que yo entonces no sería ni adolescente, y todo el mundo dice que esta novela es maravillosa para adolescentes. Será eso. Para compensar, su lectura actual me ha parecido estupenda. Creo que esa es la palabra exacta: estupenda. No buena, ni imprescindible, ni gratificante. Me suena a estupenda, porque esa palabra conlleva un matiz de diversión que otras más grandilocuentes no captan.

Alain-Fournier es el "nom de plume" de Henry Alban Fournier, que vivió solo unos fugaces veintiocho años. Murió a esa edad como soldado francés en la primera guerra mundial, en Vaux-lès-Palameix. Y además, su cuerpo permaneció inidentificado, junto al de muchos otros soldados, nada menos que hasta 1991.



El autor, Alain-Fournier.
Esta es la cara con que imagino a François Seurel.


François Seurel es el hijo del maestro del pueblo (y director del colegio, que es en realidad la casa donde vive toda la familia). Obviamente a su padre se dirige, como cada zagal del colegio, como Monsieur Seurel. Nunca padre. A su madre Millie. Nada de madre, mamá o mucho menos Señora Seurel. Vaya. Las clases las llevan entre su padre y su madre. François, por un problema en las piernas es un niño parcialmente introvertido, que crece en el campo, en un pequeño pueblecito llamado Sainte-Agathe. Todo se revoluciona cuando llega al colegio (y a alojarse en la casa de François) un nuevo alumno: Augustin Meaulnes (hasta el nombre lo tiene "Augusto"), que pronto será conocido por todos como "El gran Meaulnes". Meaulnes se convierte en el centro de admiración de todos su compañeros. Todos quieren ser sus amigos, ganarse su admiración o ser sus lugartenientes. Solo François será tal amigo.

François tiene quince años. Augustin Meaulnes diecisiete. No obstante, era otro entorno, otro país y sobre todo otra época. En muchos momentos parece que estos muchachos de diecisiete y dieciocho años tuvieran, si los convertimos a los de hoy, once. Dice uno de los protagonistas: "¡Que tontería, hacerse el hombrecito a los diecisiete años!". Los pasatiempos eran otros: "Fumar un cigarrillo, ponerse agua azucarada en el pelo para que se rice, dar besos a las chicas del Curso Complementario por los caminos, y gritar "¡Monjita, bonita!, por detrás de la cerca a la religiosa que pasa, estas eran las diversiones de todos los granujas del pueblo". Pues si estas eran las de los granujas... Y sin embargo los envidio en cierta medida (menos lo de la monjita), el ambiente bucólico en que se crían se ha ido para no volver probablemente nunca. Hablamos del final del siglo XIX (189...), pero parece que hablemos del siglo XII.  El mas "guay" del grupo, Jasmin, es lo más de lo más:

"Jasmin, además de ser más hombre que nosotros, aquel chiquillo envejecido, disponía de unos tesoros de diversión que consagraban su superioridad sobre nosotros: un perro, mezcla de razas, de largas pelambreras blancas...//...una bicicleta vieja, comprada de ocasión en la que Jasmin nos dejaba montar algunas veces por la tarde...//...y por último, un burro blanco y ciego que se podía enganchar en cualquier vehículo.

Pero Meaulnes llega al pueblo. Viento nuevo. Carne fresca. Nuevo pensamiento. Un día se pierde y tarda varias jornadas en volver. ¿Donde ha estado?. ¿Que experiencia ha vivido?. ¿Porqué ya no ríe?. Aun es más introvertido que antes. Y aquí vemos al auténtico Meaulnes, el que es totalmente diferente de los demás, que se ríen de él, que le envidian por su "aventura". Solo François está a la altura. Augustin Meaulnes es (una vez más) la encarnación del espíritu romántico.

Kaspar David Friedrich "Dos hombres en la playa".
Parece que viéramos a los dos románticos: Augustin y François

La gran aventura por amor. El castillo, las princesas, las fiestas suntuosas, los jóvenes atormentados que al ser rechazados por su amada se pierden para no volver y se tornan cómicos de la legua. Todo está aquí. Y es delicioso como lo despliega este muchacho que llevaba dos telediarios en esto de la literatura (y le quedaban otros dos). Inquieto, heroico  y atormentado, Meaulnes es el joven Werther, con sus cuitas trasladadas a un siglo después. De hecho, es curioso como esto se ha reflejado en el título de la novela y sus traducciones. Yo lo he leído en esta edición en español (muy bien traducida hasta donde llega mi francés de palurdo, que me ha llevado a no atreverme aun a atacarle en francés). Pero en inglés, aunque hoy en día se mantiene su título, durante muchos años se cambiaba este a otros más sonoros, más románticos, más evocadores de ese espíritu romántico. Así, se pueden encontrar ediciones tituladas "The Lost Domain" (El Reino Perdido) o "The wanderer" (El errabundo). Y por cierto, los nombres (franceses, claro) de los protagonistas son preciosos: Mademoiselle Yvonne de Galais, Frantz de Galais, el propio Augustin Meaulnes, Valentine la novia perdida...


La región de Nançay, donde vivió el autor y donde se ubica
 la acción de la novela.


También resulta recomendable (una vez leído el libro), ver la película francesa de hace pocos años (2006), protagonizada por el actor y cantante francés Jean-Baptiste Maunier, que ya os sonará de "Los chicos del coro":




Bueno, pues que no se diga que solo leo ingleses... A este francés lo puedo recomendar vivamente. 


11 comentarios:

  1. Los ingleses adoran esta novela casi tanto como los franceses. Yo, cuando la leí, no conseguí entrar del todo en ella. Me gustó, sí, pero no llegué más allá. Quizá tengas razón, y es de esas novelas que hay que leer en la adolescencia o en un arrebato adulto de nostalgia. La releeré cuando me llame.
    Saludos.

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  2. Esta era una lectura obligatoria en francés en mi primer año en la facultad. Es decir, que hace muchísimo que la leí, pero, aunque se ha desdibujado de mi memoria la línea argumental, permanecen frescas las emociones que me despertó y aún recuerdo como si las hubiera leído esta mañana algunas escenas sueltas. De algún modo y a pesar de la diferencia de años -casi mejor de siglos, podría decir- siento una gran proximidad hacia esa forma de vida que cuenta Fournier. En parte porque antes (me refiero a antes de que las gameboys y las videosconsolas irrumpieran en la infancia, por ejemplo) la infancia duraba más, y en parte también a que la novela cala en el lector un sentimiento de pérdida causado por el paso del tiempo. Decía Di Stefano que odiaba las películas con niño. La literatura con niños también ha sido muy fecunda en bodrios sentimentaloides, pero "El gran Meaulnes" contradice el tópico y es una novela indicadísima para los que, como el genial futbolista, odian el género.
    Saludos

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  3. No la he leído, aunque he escuchado sobradamente hablar de ella y ha quedado un aire mítico en mi cabeza sobre lo que representa. Es curioso que me la regalaron hace unos 20 años, en su momento no le hice mucho caso y un día de esos desapareció, pero viendo tus fotos, sí que recuerdo que la portada traía el famoso cuadro de Caspar David Friedrich "El caminante sobre el mar de niebla" y la curiosidad hace que tú también incluyas a este pintor ¿o es que realmente lo evoca?.
    Comparto con Ricardo la idea de que la infancia duraba mucho más antaño y evocarla sin caer en el tópico es una tarea nada baladí. Del ridículo a lo sublime hay un pequeño paso y creo que pretender evocar con ojos de adulto es el mayor error. Por eso Twain hace tan grandes a Tom Sawyer y Huckleberry Finn, porque son ellos contando sus historias.
    Un abrazo Oscar.

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  4. Niño Vampiro (ya nos contarás algún día de donde viene el nickname): sin duda esta (como muchas otras) novela debe ser leída en su momento. Si no de fácil verla como infantil (en el mal sentido) o ñoña. Si te vuelve a apetecer, a ver si la ves con otros ojos. Pero eso que te paso a ti me ha pasado a mi con muchos grandes conocidos (entre ellos con este mismo como he dicho)

    Ricardo: Es verdad, muchas de esas escenas son sorprendentes y perdurables. Yo no recordaba nada de ella, asi que me he ido sorprendiendo bastante. De hecho, uno de los problemas que le veo a la película (que no está tan mal por otra parte) es que gran parte de dichas escenas tienen, curiosamente, más calidad visual si las leemos en el libro que si las vemos en la película. El prototipo es (por no contar nada) la escena de la fiesta en la aventura de Meaulnes. En la película sale bastanate descolorida... Y por cierto, totalmente de acuerdo contigo en que la infancia, antes duraba no ya años, sino eones más que ahora. Veo a mis hijas con muchos menos años que los del libro y me echo a temblar....

    Carlos: Estuve a punto de poner ese cuadro de Friedrich en vez de este, pero me pareció mejor rebuscar un poco más, para no poner el que siempre se usa para ilustrar el espíritu romántico (no se en cuantos libros de y sobre los románticos tendré y habré visto ese cuadro). Pero es que es verdad. Asi, como ese caminante sobre el mar de niebla, es como uno visualiza a Augustin Meaulnes. Como a cualquier heroe romántico: solitario, incomprendido, meditabundo, eternamente triste. El poder de los arquetipos, vamos.

    Saludos a todos.

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  5. Yo soy una de esas de infancia asilvestrada, como ya comenté en una de mis entradas.Recuerdo que fuimos los de mi pandi unos niños siempre con las piernas hechas un cristo de arañazos, golpes,postillas, etc porque en cuanto llegaba la primavera los críos iban de pantalón corto y nosotras de falda y calcetines y tanto correr, caer de la bici y demás , así andábamos. No me quiero extender más en esto y decirte que a mí tb me gustan ese tipo de libros de siempre y no porque me esté haciendo mayor (ya lo soy hace tiempo, buaaa). Me gustan siempre y cuando no sean ñoños , ni cursis, ni súper trayadas sus historias. El cuento de La Lengua de las Mariposas de Manuel Rivas es un buen ejemplo de hermosa historia de la infancia (y triste). Espero conseguir la peli que pones aquí (no acabé de ver el trailer porque intuyo que es de esos que te cuentan la película entera) y leeré el libro. No sé cuándo pero lo leeré.

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  6. Pues yo, como tú, leí el libro hace mil años, cuando seguro que era demasiado joven para él, porque sólo recuerdo que no me entusiasmó, que no acabé de entrar en el argumento. Para infancias asilvestradas e idílicas (con su poquito de rebeldía y opresión por parte de los adultos), véase la poética y un tanto rara (pero recomendable) película "El árbol de la vida", de Terrence Malick, que acaban de estrenar en nuestras pantallas. Lo que cuentas en tu post me ha hecho pensar en ella.

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  7. Miss Winnifred: pues a lo mejor cuando era niño no lo veía, pero hoy le veo un aire bucólico a eso de crecer de esa manera que se me escapaba entonces. La película es fácil de encontrar, aunque yo me la he tragado en francés (con lo cual me he perdido el 30-40%, pero como tenía recién leída la novela, lo intuía).

    Elena: Ni idea de esa película. Voy a investigarla, que estoy en racha sentimental...

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  8. Hay otra película, una versión anterior, de 1967 que capta a la perfección el tono de la narración, al menos tal como yo la entendí en su día.

    Conocí la novela tardíamente, y sólo porque John Fowles la menciona en el prólogo de The Magus, diciendo que creía que se trataba de un antecedente inconsciente de su propia novela, junto con Great Expectations.

    Saludos.

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  9. Hola, Entangled.

    Voy a buscar a ver si encuentro esa versión de la película. En esta más moderna algunos pasajes como digo me parecen algo flojos.

    Y por cierto, que curioso, con lo que me gustó Magus, no recordaba que citara esta novela en el prólogo. Pero es que como digo la primera vez que la lei me impresionó poco. Precisamente encima de la mesa tengo para releer "The collector" de Fowles.

    Gracias por la información. Un saludo.

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  10. En Amazon de Francia venden un DVD de 2003 con Le Grand Meaulnes y La Fille aux yeux d'or, dirigidas por Jean-Gabriel Albicocco, un director francés de la Nouvelle Vague, al que conocía sólo por haber estado casado con Marie Laforêt, (que no es poco).

    En la entrada de Wikipedia sobre The Magus, dice: «Literary precedents. John Fowles has written an article about his experiences in the island of Spetses and their influence on the book, and he has also specifically acknowledged some literary works in his foreword to the 1977 revision of The Magus. These include Alain-Fournier's Le Grand Meaulnes for showing a secret hidden world to be explored, and Richard Jefferies' Bevis (1882), for projecting a very different world. Fowles also refers in the revised edition of the novel to a Miss Havisham, a likely reference to Charles Dickens's Great Expectations (1861).»

    Si te gusta The Collector (o John Fowles en general), no te pierdas The Ebony Tower.

    Saludos.

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  11. Interesantísimo, de verdad. Fowles solo lo conozco por The magus (hace poco que volví a ver la película también) y The colector. Voy a echarle un vistazo a The Ebony Tower, que estoy a punto de hacer un pedido y no es mal momento para otro Fowles....

    Un saludo

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