viernes, 5 de agosto de 2011

Opiniones contundentes, de Vladimir Nabokov







Soy un escritor norteamericano, nacido en Rusia y educado en Inglaterra, 
donde estudié literatura francesa antes de pasar quince años en Alemania.


Hay autores que han supuesto tal cambio en mi percepción de la literatura y de muchos otros aspectos de la vida cotidiana que hace que su simple mención conlleve un irrefrenable deseo de leerlos o releerlos. Para mi Nabokov es uno de los máximos exponentes de la perogrullada antedicha. Hace poco, en conversación bloguera con El niño Vampiro y Ricardo, resurgía el bueno de Vladimir y les comenté este libro. Fui y lo rebusqué e inmediatamente me tuve que poner a releerlo.

Desde luego Nabokov fue un escritor prodigioso, fue un afamado y dedicado lepidopterólogo, fue un intelectual muy interesante, fue un buen hombre de familia... pero no era un hombre espontáneo. Podéis poner sin miedo la mano sobre la llama. No lo fue. Nunca en su vida escribió o habló nada que previamente no estuviera anotado y organizado en fichas de cartulina, que llevaba a todas partes. Todas sus entrevistas estaban pre-escritas. El entrevistador tenía que mandarle antes las preguntas por escrito, el las respondía en su casa por escrito también, luego se llevaba las fichas a la entrevista y hacían una especia de teatro para que pareciera algo semiespontáneo. El mismo lo cuenta sin tapujos  nada más iniciar el prólogo:


Pienso como un genio, escribo como un autor distinguido, y hablo como un niño. Durante mi carrera docente en Norteamérica, desde mero lector a profesor titular, nunca he facilitado a mi auditorio ni una parcela de información que no estuviese preparada de antemano en forma de nota mecanografiada que tenía ante la vista en el atril. Mis balbuceos y tartamudeos cuando me pongo al teléfono motivan que los interlocutores de larga distancia pasen de dirigirse a mí en su inglés nativo, a hacerlo en patético francés. En las reuniones, cuando trato de entretener a los invitados con una anécdota interesante, me veo obligado a repetir una y otra frase para matizar y hacer incisos. Hasta el sueño que les describo a mi mujer durante el desayuno, no pasa de ser un borrador.

Dadas estas circunstancias, creo que a nadie se le ocurriría pedirme que me someta a una entrevista, si por “entrevista” se supone una charla entre dos seres humanos normales. Pues bien: lo han intentando por lo menos dos veces hace ya tiempo, y en una ocasión en presencia de un magnetófono; y, cuando me volvieron a pasar la cinta y acabé de reírme, decidí que nunca en la vida volvería a repetir esa hazaña. Hoy día tomo todas las precauciones necesarias para estar seguro de que el golpe que reciba del abanico del mandarín será digno. Las preguntas que quiera formularme el entrevistador ha de mandármelas por escrito, y yo se las contesto por escrito, y han de ser reproducidas al pie de la letra. Estas tres condiciones son ineludibles.


Contundente, contundente... Es raro ver a un Nabokov tan "juguetón".


De hecho puedo probarlo, puedo enseñar a Nabokov discutiendo acerca de "Lolita" y consultando continuamente sus fichas escritas. Mirad:



Este libro es una recopilación seleccionada por el propio Nabokov de entre los cientos de entrevistas que concedió (para las revistas más diversas, una de las mejor llevadas es la entrevista que se publico en Playboy, junto a las de The Paris Review o The New York Times review of books) a lo largo de su vida. La mayoría son entrevistas breves, lo que conlleva que se ciñen e a preguntas estereotipadas y repetidas múltiples veces. No creo que en toda su vida concediera una entrevista en la que no tuviera que responder a la "típica pregunta sobre Lolita"). Pero cuando las entrevistas adquieren un poco más de profundidad, asistimos a las auténticas opiniones contundentes. Opiniones acerca, por supuesto, de la literatura y los escritores, pero también acerca de la caza de mariposas, de la Rusia Soviética, de su vida como Docente en la Universidad de Cambridge o en Cornell...

Tuvo que ser desde luego un docente magnífico, el volumen de universitarios que se apuntaban a  sus cursos era tal que muchas veces no tenían cabida en el aula y no pararon de crecer. Muchos escritores y críticos americanos posteriores pasaron por allí. Thomas Pynchon fue uno de ellos. Sus clases eran famosas (y así lo cuenta también en este libro) porque cada vez que hablaba de una de las novelas "grandes" comenzaba con una "localización" que consideraba absolutamente vital: Si hablaba de La metamorfosis de Kafka, comenzaba con un detallado plano de como era la cas del protagonista de la novela, Gregor Samsa. Por supuesto, en una novela en que salía un insecto, siempre había discusión acerca de que tipo de insecto era aquel en que se convertía Samsa. "Nada de cucaracha como suele pensarse, era claramente un escarabajo abovedado". Si hablaba de Anna Karenina comenzaba dibujando un detallado esquema de como era un vagón de un tren ruso de la época. Si el tema a tratar era el Ulises, un mapa de la ciudad de Dublín, La importancia del detalle es lo más característico de su vida y su obra. Y así con multitud de obras que sus estudiantes recordaban perfectamente décadas después. Aun tenemos editados en forma de libro muchos de sus cursos, su "Curso de literatura europea", su "Curso sobre el Quijote" o su muy, muy recomendable "Curso de literatura rusa".

Desde luego, las opiniones más contundentes de todas son las opiniones sobre literatura y sobre todo acerca de escritores. Estas le han valido la animadversión y la crítica feroz de muchos otros escritores y sobre todo críticos literarios. Cuando menos muchas  de estas opiniones nos resultan sorprendentes o chocantes. Pueden hacer sacudirse los cimientos de más de uno:

"Que por ejemplo, la asnal (sic) Muerte en Venecia de Thomas Mann, o la melodramática y mal escrita Zhivago de Pasternak o las crónicas con barbas de maíz de Faulkner puedan considerarse "obras maestras" o al menos lo que los periodistas llaman "grandes libros" para mi es un error absurdo, como cuando una persona hipnotizada le hace el amor a una silla".

"Los lectores no rusos no se dan cuenta de dos cosas: de que no a todos los rusos les gusta Dostoievski como a los norteamericanos y que a la mayoría de los rusos a los que si les gusta, lo veneran como místico, no como un artista. Fue un profeta, un periodista hábil para alcanzar la popularidad y un comediante chapucero".

"Pregunta: ¿Es cierto que a Hemingway y Conrad los ha llamado usted "escritores de libros para muchachos?. Respuesta: Es exactamente lo que son. Hemingway es, desde luego, el mejor de los dos, al menos tiene voz propia..//..Pero no puedo aguantar el estilo de Tienda de Recuerdos de Conrad, barcos embotellados y  collares de caracolas, de lugares comunes de los escritores románticos. En ninguno de los dos escritores encuentro nada que me hubiera gustado haber escrito yo".


Sus opiniones con respecto al idioma son las de un privilegiado que dominaba por igual ingles, ruso, francés y alemán:

"De muchacho era un lector extraordinariamente ávido. Hacia los 14 ó 15 años había leído o releído todo Tolstoy en ruso, todo Shakespeare en inglés y todo Flaubert en francés.".

"¿Cual de las lenguas que habla considera usted más bella?. R: Mi cabeza dice que la inglesa, mi corazón la rusa, mis oído la francesa."

Otro lugar común es su absoluto desprecio hacia Sigmund Freud ("el curandero vienés") y su obra psicoanalítica: "Que los crédulos y los mediocres sigan creyendo que todos sus males mentales pueden curarse mediante una aplicación diaria de viejos mitos griegos a sus partes privadas. En realidad no me interesa."


Como despedida dejo una respuesta que me encanta:

Pregunta: ¿Que escenas le gustaría haber filmado?
Respuesta:

  • A Shakespeare en el papel del fantasma del Rey.
  • La decapitación de Luis XVI, con los tambores ahogando sus palabras desde el patíbulo.
  • A Herman Melville desayunando, dando de comer una sardina a su gato.
  • La boda Poe. Los picnics de Lewis Carroll.
  • A los rusos abandonando Alaska, encantados con el trato. Toma de una foca aplaudiendo. 

Y como no hablar de Lolita, ese personaje entre los personajes, esa novela tan mal entendida. Aun hoy día. Os pongo un recorte de periódico local que no pude resistirme a escanear. No tengo palabras. Bueno, si: pero que pedazo de cretinos e hipócritas somos a veces:



Pero nunca olvidemos que Nabokov es mucho más que Lolita. Es "Invitado a una decapitación", es "Pálido fuego", "Ada o el ardor", "Habla memoria", "Desesperación" y muchas otras joyas.


Genio y Figura. Le debía una entrada en el blog. O muchas más. 









7 comentarios:

  1. Por alusiones, Oscar: caracterizas muy bien la alergia de Nabokov por cualquier forma espontánea de relato, una patología literaria más que en su caso abona su estilo, pero, al mismo tiempo, nos convierte al escritor en un tipo poco de fiar y temible: algo así como un Quevedo eslavo. Por suerte el que llegara a convertirse en un personaje tan fuerte (alqo que yo atribuyo a un celo desmedido por guardar su intimidad) no eclipsa la calidad de sus obras. Tu artículo, sin ir más lejos, me despierta las ganas de volver a sus cursos de literatura. Seguiremos hablando de Nabokov, sin duda.
    Saludos.

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  2. Si, Ricardo, el aislacionismo de Nabokov era sorprendente. No se relacionaba con casi ningún otro escritor, salvo algunos rusos de los "Viejos tiempos". Se dedicaba solo a escribir y conceder entrevistas.
    Las cartas que dejaba en recepción de su hotel junto a las respuestas previas a las preguntas que le iban a hacer al día siguiente debían ser, como mínimo indignantes para más de un periodista. No creo eu le consintieran esto a cualquiera. Claro que el no era un cualquier.

    Ejemplo de dichas cartas:

    "Mis respuestas representan material inédito, deberan ser impresas al pie de la letra e integramente, registrándose los derechos a mi nombre.
    Las contestaciones pueden volver a distribuirse en el orden que desee el entrevistador o el director: por ejemplo pueden partirse, insertando comentarios del interrogador o trozos de material descriptivo (pero nada de tal material ha de atribuirse a mi).
    Se me pueden ocurrir observaciones imprevistas o pullas durante la entrevista, pero estas no han de publicarse sin mi aprobación. El artículo me será mostrado antes de su publicación para evitar errores materiales..."

    Dedicó cada momento a controlar cualquier aspecto de su imagen pública (aunque decía que no le importaba esta) y de su obra. Su gran sufrimiento era no poder controlar las traducciones e su obra a idiomas como el japonés o el español. "A saber que barbaridades se estarán cometiendo.".

    Tremendo.
    Saludos.

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  3. Como dices, Nabokov es mucho más que Lolita. Además de todas las cosas que dices en la entrada, es también el autor de la traducción al inglés de la poesía de Pushkin, una traducción que, aunque en su momento fue sólo controvertida y motivo de disputas sobre lo que significa traducir poesía, hoy tiene la etiqueta de ser el más absoluto despropósito y suele ser puesta como ejemplo de pésima traducción.
    Saludos.

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  4. Si, muchas veces a lo largo del libro Nabokov repite que el será recordado por Lolita y por la traducción de Eugene Oneguin que estaba entonces realizando. Se me cayeron "los palos del sombrajo" cuando leí que proyectaba (desconozco si finalmente fue así) cuatro grandes volúmenes, de los cuales el primero era la traducción del poema y los otros tres notas aclaratorias.

    Por cierto, que como se que te gusta la música clásica( no se si la ópera también), te comento que mientras escribo esto tengo de de fondo el vídeo
    de Eugene Oneguin de Tchaikovski (Hrostovsky, Renee Fleming, Ramon Vargas dirigidos por Gergiev). Una maravilla.

    Saludos.

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  5. Sí, la ópera me gusta, pero la ópera rusa (me pasa lo mismo con la de Wagner) me quedan grandes, no alcanzo a cogerles el tranquillo (aunque lo sigo intentando).

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  6. No he leído el libro que comentas, pero sí la entrevista a Nabokov en la Paris Review (en su web, que por cierto es estupenda, tienes acceso a todas las entrevistas que han hecho, ordenadas por décadas; hay verdaderos tesoros). ¡Qué tipo más curioso! Es indiscutible que le preocupaba caer o no simpático. Pero es que él siempre tuvo muy claro que era un genio, diferente a los demás. Eso se ve muy bien en "Habla, memoria", un libro que me fascina.
    Sobre Eugene Oneguin -aprovechando que, como La mujer Quijote, yo también soy amante de la ópera-, me encantan las óperas de Tchaikovsky, y esta en especial. Anoto la versión que mencionas, la Fleming es una de mis cantantes favoritas. Eso sí, Wagner me queda un poco grande y confieso que nunca he podido con el Ring.

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  7. Si, Elena, la versión es esta:
    http://www.amazon.com/Tchaikovsky-Fleming-Hvorostovsky-Gergiev-Metropolitan/dp/B000YCLRBA

    Una maravilla, y si te gusta la Fleming, creo que es de lo mejor que le he visto interpretar. La verdad es que aunque no entiendo ni palabra de ruso, no hago más que preguntarme como hace para que parezca tan ruso lo que canta como lo de Hvorostovsky. Aprender ruso para cantarlo en Ópera... Wagner me gusta mucho, aunque a dosis pequeñas y espaciadas. La única de sus óperas que vi en directo en el Real fue una comedia "Los maestros cantores de Nüremberg" dirigida por Barenboim. Una delicia. Nada que ver con la "densidad" del anillo.

    La entrevista de la Paris Review es (como suele ser) una de las mejores. Atesoro los cuatro volúmenes de las entrevistas que he ido comprando poco a poco y efectivamente durante mucho tiempo visitaba la web (inicialmente solo algunas estaban disponibles y las bajé en pdf, pero creo que ahora están todas disponibles on-line). Maravilla de maravillas.

    Saludos.

    PS: "Habla, memoria" es también uno de mis preferidos de Nabokov y lo tengo pendiente de relectura, ahora en inglés

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