sábado, 30 de julio de 2011

33 días, de Léon Werth



El relato autobiográfico que da cuerpo a este libro me resultaba previamente conocido, pero nunca había llegado a mis manos. Años atrás, cuando pase una (corta) época leyendo autores franceses, uno de los que más disfruté fue de Antoine de Saint-Exupéry. Y leyendo la obra de este, las referencias a la obra deWerth, su amigo judío parisino, son bastante frecuentes. De hecho, cada vez que se publica uno de los libros de Werth, no se deja de hacer mención de la amistad que le unía con Saint-Exupéry y de los elogios que este le dedicaba, tratando de provocar una asociación entre ambos. No obstante, es el segundo libro que leo a Werth y por lo pronto no parecen autores muy similares.


Léon Werth



De hecho en el fajín que cubre la edición española de este libro, tenemos transcrita la dedicatoria de "El Principito" de Saint-Exupéry, y sorpresa: a quien va dedicado este libro archivamos es a Werth. Y aunque fuera nada más que por esta dedicatoria, este libro merecería ser salvado de cualquier hoguera:


A LÉON WERTH

Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona grande. Tengo una seria excusa: esta persona grande es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona grande puede comprender todo; incluso los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona grande vive en Francia, donde tiene hambre y frío. Tiene verdadera necesidad de consuelo. Si todas estas excusas no fueran suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo. Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria:

A LÉON WERTH
CUANDO ERA NIÑO


Antonine de Saint-Exupéry.



E igualmente es cierto que dentro de este libro encontramos pasajes en que se alude directamente a Saint-Exupéry:

Perdóneme Saint-Ex, perdóneme Tonio. Usted no relataría cosas tan pobres, las habría suprimido o quemado. Usted fabrica cristal. Pero yo no se volar. En este momento me muevo a  bajo nivel. Ni de mi ni del mundo espero gran cosa. Cuando usted no está, me siento viejo. ¿Donde está usted?. Ni siquiera se si está vivo. A veces sueño que han alcanzado su avión y ha caído en una catástrofe de chatarra y fuego. Yo sigo arrastrándome con mi viejo oficio. Relato cosas de bajo nivel; cuent, en esta inmensidad de la guerra, historias de insectos. 
Pero ¿cual era ese "viejo oficio" al que se dedicaba Werth?. Escritor y periodista, crítico de arte, con épocas en que se desempeñaba como soldado de trincheras (en la primera guerra mundial, tras lo cual se convirtió en decidido antimilitarista), bailarín o ciclista, tuvo uno de los sobrenombres que mas me han gustado desde hace mucho: "El curioso universal". Además de su mejor amigo, Saint-Exupery, frecuentó a Gustave Mirbeau, Paul Signac, Lucien Febvre o Colette. Enamorado desde siempre de la pintura y la danza, trabaja como crítico de arte en Les cahiers d´aujourdui.

El libro es en realidad la transcripción de un fragmento de la vida del propio Werth. El 11 de junio de 1940, cuando la ciudad de París está a punto de caer en manos de los alemanes, a regañadientes, Werth (judío de origen, no lo olvidemos), decide abandonar su ciudad con su esposa, montado en su Bugatti. El destino es un lugar que solía frecuentar, Saint-Amour. Dice Werth: "Salimos a las nueve de la mañana. Calculamos llegar, sin ir de prisa, hacia las cinco de la tarde." Unas ocho horas. Bien equivocado estaba el bueno de Léon: tardaron 33 días. Y ¿como es posible?. Pues simplemente se vieron absorbidos por la marea ingente de todos los parisinos que huían de la ciudad para refugiarse en  pueblos de las afueras. Algunos días avanzaban 3 o 4 kilómetro en todo el día, en el seno de una riada de coches y  carretas mezclados. Visitando y refugiándose en las granjas del camino, asistiendo al expolio que los lugareños y, en menor medida, los alemanes que habían comenzado a llegar tras la toma de la capital, hacían de casas, granjas, animales o vehículos. Encontrando apoyo en algunos puntos de la huida y rechazo en otros. Cruzándose con soldados alemanes que muchas veces aun no "parecen tan fieros", entre otras cosas por querer dar muestras de poder confraternizar con la población. También con los restos desperdigados del ya inexistente ejército francés, escuchando las noticias de que Rusia ha declarado la guerra a Alemania o deseando escuchar la de que los ingleses han pateado a los alemanes fuera de Europa. 

Soldados alemanes en un café de los Campos Elíseos en 1940


En realidad la fuga los franceses representa un abuso y un crimen que por desgracia nos parecerá luego muy pequeño en comparación con el resto de lo que ocurrió en la segunda guerra mundial. Dice Werth años después: 
Releyendo estas líneas, todo me parece aburrido, gris, sin acento. Han existido Dachau, Ravensbrück, Buchenwald. Nuestra noción del crimen se transforma. 
Esto hace que el libro no se acerque al horror de obras como "El miedo" de Gabriel Chevalier, pero entonces Werth no sabía lo que el futuro depararía a Francia, Alemania y el resto de Europa. Entonces esta deportación pseudo voluntaria era un desastre tremendo. 

La editorial veintisieteletras promete que este solo es el primer volumen que se traduce de una colección Werth. Espero que no se quede tal promesa en eso, una promesa. Me encantaría leer obras como "La Maison Blanche", "Saint-Exupéry tel que je l´ai connu", "Cochinchine" o "Voyages avec ma pipe".



6 comentarios:

  1. Las atrocidades de la I Guerra mundial sin duda germinaron más de un antimilitarista y ello se plasmó en obras como "El miedo" que tu comentas y que tanto me impacto cuando la leí, la pena es que no caló lo suficiente, el mismo Werth pese a ser un confeso antimilitarista no escribe esta obra hasta que vuelve a sentir en sus carnes los estragos de otra guerra. 

    Soy positivo por naturaleza y no me gusta transmitir negatividad, pero este genero de libros, pese a su aire pesimista (no se entendería de otra manera) debería ser considerado de lectura obligatoria en todos los colegios, su lenguaje ya lo vale, seguro que bien analizado haría comprender a más de uno que no hay escuda valida cuando se trata de ir a la guerra. 

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  2. No tengo nada claro si realmente leer las experiencias de las personas que han pasado por una guerra nos serviría realmente para evitar el volver a entrar en otra. Los que deciden realmente si vamos a la guerra no suelen moverse en base a sus fuentes literarias. Tienen otras prioridades. Pero coincido completamente en que la lectura de este tipo de experiencias puede ser extremadamente útil para moldear las ideas respecto de este tipo de cataclismos de los que por suerte no hemos pasado por ellas y de los que vengan detrás.

    No se tampoco si nos ayudará a comprender lo que motiva a veces ciertas formas de conducta del ser humano en ciertas situaciones. No solo situaciones prototípicas como el comportamiento de gran parte del pueblo alemán ante la segunda guerra mundial, sino cosas más sencillas.
    En su libro Werth explica como inmediatamente comenzado el rumor de la toma de Paris, se borraron los límites morales de muchas franceses de la zona. No hablamos de gente que se muere de hambre o que tiene que robar o matar para comer o dar de comer a sus hijos. Hablamos de gente que empieza robar camiones, bicicletas, animales, dinero, muebles... en el mismo momento en que comienza el éxodo. Y además le explican a Werth que es lo más normal del mundo, Parte de esta gente, dos meses atrás probablemente nunca habría tenido en su cabeza la idea de expoliar casas vecinas o aprovecharse de la desgracia de los demás para someterlos a una ignominiosa usura, pero en el mismo momento en que el orden social parece empezar a abolirse...

    Saludos. Se te echaba de menos.

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  3. Tienes razón Oscar (aunque si no aprendemos de las experiencias de los demás cómo evolucionamos), pero por eso he escrito que debería ser lectura de colegio, donde las mentes son más concienciables, he añadido "bien analizado" y esto aún es más difícil.

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  4. Después de leer otra descripción estremecedora del éxodo provocado en París por la invasión alemana en "Suite francesa", me han quedado ganas de saber más. Esta obra de Werth parece ser un complemento idóneo. Aunque quede muy lejos de los horrores que sufrieron otras nacionalidades, el hecho de que fuesen nuestros vecinos, aparentemente tan civilizados y cultos, los que de un día para otro se convirtiesen en seres asociales, constituye un profunda y muy válida reflexión sobre la condición humana.

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  5. Qué bien que mil años después de haber leído el Principito me entere de quién era el hombre al que iba dirigida tan tierna dedicatoria.
    Qué bonito también eso que le dice Werth a su amigo de "me siento viejo cuando no estás". Qué genial.
    Lo leeré. Me apetece tras tu reseña y ahora que justamente hace muy poco que he terminado "Suite Francesa".
    Es recomendable El Miedo de Chevalier?
    Saludos

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  6. "El miedo" de Chevalier, que está publicado en Editorial El acantilado, es para mi, una obra magnífica. Y la lectura tras Nemirowsky y Werth te haría una experta en la visión francesa de la prieta guerra mundial. Es una obra mucho más íntensa y emotiva que esta de Werth. Transmite más un lado más doloroso de la Guerra. La de Werth habla del dolor del exilio (breve en realidad en el caso de werth), pero Chevalier habla de como se hiela el tuétano de los huesos cuando temes realmente por tu vida. Si tras leerla uno no acaba asqueado de la guerra y pensando que es lo más absurdo que hemos creado... bueno, pues tiene que leerla otra vez.

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