sábado, 11 de junio de 2011

Life among the Savages, de Shirley Jackson








Nuestra casa es vieja y ruidosa y atestada. Cuando nos mudamos a ella teníamos dos niños y alrededor de cinco mil libros; imagino que cuando nos desbordemos y nos mudemos de nuevo tendremos quizá veinte niños y posiblemente medio millón de libros, también tenemos varias camas y mesas y sillas y mecedoras y lámparas y vestidos de muñeca y maquetas de barcos y pinceles y literalmente miles de calcetines (Shirley Jackson). 


Cuando un escritor es realmente bueno, no tiene problema en demostrarlo en más de una coyuntura literaria diferente. Bueno, vale, esto no siempre es así, pero de alguna forma había que comenzar. Que Shirley Jackson es una gran escritora me quedó muy claro cuando comencé a leerla con "We have always lived in the castle" o al descubrir sus relatos, siendo el más conocido "The lottery". Lo confirmé con "The Haunting of Hill House" (que en este momento estoy releyendo) y me acaba de quedar claro. Pero vamos, con una claridad meridiana.

Estas son las memorias de una época de la vida Shirley Jackson, y son uno de los libros más divertidos que han caído en mis manos últimamente. En realidad esta "Vida ente los salvajes" relata su vida entre los así llamados salvajes que son básicamente sus hijos. También su marido, a veces incluso peor que sus hijos. Se abre con el párrafo que arriba teneis. Un día, desbordados por el cuidado de sus hijos, Jackson y su marido reciben la visita de su casero en el piso en que entonces vivían. Con una sonrisa, viene a decirles que se han olvidado de renovar el contrato de alquiler  de su piso. "Oh, bueno, lo arreglaremos". No, no lo creo, porque ya se lo habían alquilado a otros inquilinos. Al día siguiente recibieron la orden de desahucio. Ante la imposibilidad de alquilar otro piso en la capital, se trasladan al campo (en el estado de Vermont) y dado que no quieren hacer lo que es más común entonces (comprar una casa) sino vivir de alquiler, les cuesta mucho encontrar algo. Finalmente encuentran una casa que parece sacada de una de sus novelas. La casa Fielding. Cuando se lo comentan a unos amigos suyos que viven en la zona, estos se echan las manos a la cabeza: 

"¿La casa Fielding?", dijo nuestra anfitriona, y nuestro anfitrión dijo: "¿Que diablos podeis querer con ella?"
"¿Que pasa con ella?" pregunté.
"Bueno" dijo nuestra anfitriona, "tiene mil años, creo"
"Un millón" dijo nuestro anfitrión. "Tiene...", gesticuló desvalido, "tiene esas grandes columnas blancas en el frontal" , dijo.
"¿Hay una casa detrás de esas columnas?"  preguntó mi marido. "Porque si la hay y tiene cañerías, y una caldera y dormitorios y nos la alquilan, vamos a vivir ahi". 

Estaban desesperados de buscar. Encontraron una casa señorial construida a imitación de un templo griego y allá que se fueron con sus dos (por entonces dos, llegarían a ser cuatro) hijos, gatos, perro y muebles. Y libros. Allí se desarrollaron los siguientes años de su vida, nacieron sus restantes hijos y se desarrollaron la mayor parte de los "incidentes" que se relatan en este libro. 





La verdad es que Jackson crea una postal que hace que me caigan bien todos los miembros de su familia: me cae bien (que digo bien, fenomenal) su marido. Las réplicas que le da  a su mujer son simplemente antológicas. Me cae bien su hijo, su hija... me caen bien hasta sus gatos, especialmente la hembra , Nimki, que combina las ventajas de ser felina y femenina a la perfección. El problema es que todo el que lee acerca de la vida de la Jackson sabe la realidad no era completamente así. Ella era un ama de casa dedicada pero vivía en una sociedad y una época no hecha para ella. Optó por el camino de la sumisión, de efectivamente ser "ama de casa", madre y esposa antes que arriesgar más como escritora.  En su casa el sustento venía de su esposo, como tenía que ser... Ni siquiera se en que trabajaba este marido. Tampoco me importa mucho.  Todo esto le da un punto agridulce a la obra. Nos estamos riendo, aunque sabemos que quizá no todo era tan gracioso en esta vida y que más de un momento (cuando durante el parto traen a la habitación a su marido y este, blanco como la pared afirma "yo estaba buscando la sala de espera, pero me han traído aquí" y ella le grita al médico "o se va él o me voy yo") están algo "reinterpretados". Que nadie me entienda mal, si fue su elección, es una elección tan buena como cualquier otra, pero uno se queda con la duda. Tras su muerte, su marido siempre insistió en que fue decisión de ella y yo tiendo a creer que en gran medida así fue. Quizá un poco más de suerte, quizá una época más propicia, quizá menos mala leche por parte de los lectores del New Yorker que se sintieron ofendidos por el relato "La lotería" (de hecho el New Yorker llegó a excusarse en un editorial que debería ruborizarles, mientras que yo realmente creo que las protestas de los lectores solo demuestran lo buena que es la narración)... en fin, quizá si el mundo hubiera sido otro, las obras de Shirley Jackson no se reducirían a  seis novelas, un puñado de relatos y tres volúmenes sueltos. Pero aun la persigue aquella estela en parte y cuando la Library of America publicó un volumen dedicado a ella recientemente, no faltaron voces airadas que se quejaron de que faltando otros autores por publicar, se le dedicara un volumen a ella. Vamos a ver, nadie trata de compararla a Hemingway, Twain o Flannery O´Connor, pero tampoco hay necesidad de hacerlo. Es una gran escritora y ya está.  Especialmente las cosas podrían haber sido diferentes si no se hubiera marchado a los cuarenta y ocho (aunque durante años se quitaba edad, tres años, para no parecer mayor que su marido, que nació tres años después). años, de un infarto de miocardio presumiblemente (obesa, hiper-fumadora, polimedicada), así sin más. La novela que dejó a medio escribir no pintaba nada mal.

Los hechos más banales de la vida de una familia de recursos limitados, con una esposa que trata de ganar una reputación como escritora (bueno, cuando llega al hospital para el parto de su tercer hijo, la enfermera de la puerta le pregunta "¿Profesión?", ella responde "Escritora", la enfermera da la contrarréplica "Apuntaré ama de casa", y aun dice ella otra vez "Escritora" y la enfermera: "ama de casa") son narrados en estas páginas de una manera que oscila entre lo absolutamente realista (oh, si, soy marido y padre, os aseguro que muy realista) y lo simplemente delirante (sin dejar de ser realista). Eventos como la caza de un murciélago que se ha colado en su salón y está dando vueltas, perseguido a medias por su gata y por su marido, armado con una escopeta de aire comprimido que ha comprado, mientras ella se esconde gritando bajo una manta, las representaciones de películas de vaqueros que hacen sus hijos, las peleas de sus hijos (con la aun peor intervención de su marido para defender al niño) o una espectacular narración de la mañana en que tuvo que salir hacia el hospital para el parto de su ya mencionado  tercer hijo, son simplemente de partirse de risa. También cuando se sacó el permiso de conducir (era la única que conducía en su casa), un día espeluznante en que se le ocurrió ir de compras con los niños a unos grandes almacenes. 

Había, una mujer al lado de la cama. Era humana, no una enfermera. 
(Tras salir del parto, lo primero que le dice su marido): "Es una niña", dice ella "Lo sé, estaba allí". 
Les escuchaba felizmente, pensando en lo placentero que es escuchar a un hermano y dos hermanas jugar afectuosamente juntos; entonces, súbitamente, las palabras de la canción penetraron en mi mente, y yo estaba fuera de la cama en un salto, corriendo por el hall: "El bebé se ha comido una araña, el bebé se ha comido una araña"era lo que estaban cantando.
Pienso, cada vez que pongo el pie en un departamento de los grandes almacenes con mis hijos que, seguramente, es posible llevar de compras a los niños; de otra manera los diez mil madres y niños que nos rodean en este momento son invenciones de mi imaginación, lo cual es perfectamente posible, o bien actores pagados por los almacenes, para que parezca que están muy ocupados, lo cual es también perfectamente posbile, pero poco práctico considerando el volumen de negocio.
Nuestra casa es, como he dicho, gande y la segunda planta tiene cuatro dormitorios y dos baños, abriéndose todos a un largo y estrecho hall, que nosostros hemos hecho aun más estrecho, llenandolo con librerías, de tal forma que cada pulgada del hall que no es un umbral, son libros.

Algo muy diferente  a lo que hasta ahora le había leído a esta autora cuyo obituario en el New York Times decía: Shirley Jackson, autora de clásicos del horror, muere". De hecho, dicho obituario en 1965 mantenía la edad de cuarenta y cinco años como real a fecha de su fallecimiento. Por expreso deseo de ella misma, no hubo funeral alguno. 




(*) Bueno, lo he mirado. Su marido era.... crítico literario.








4 comentarios:

  1. Ese primer párrafo me ha atrapado. Y el resto no hacen sino confirmar que, como tú apuntas, se trata de un libro delicioso. He leído con gran placer varias cosas de Shirley Jackson -aún recuerdo la fuerte impresión que me causó "The Lottery"- y estoy de acuerdo contigo en que se trata de una gran escritor menospreciada por el tipo de narraciones que solía escribir. Y por ser "una simple ama de casa"...

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  2. Aunque sabía de su "The haunted of Hill house" (por cierto ¿que tal es la obra?), desconocía hasta hace poco a esta señora. Escuché hace muy poco alguna referencia a sus relatos más famosos y me decidí a buscarlos. Hace nada he leído "La lotería" y "Los veraneantes", descubriendo a una autora fabulosa que es capaz de crear el terror y la angustia en las situaciones más cotidianas. Seguiremos sus pasos. Un saludo Oscar.
    Leyendo todo lo que nos cuentas (y gracias de antemano por traernos referencias de la autora), entiendo que toda la cotidiana existencia de esta autora le debía hacer bullir la cabeza para crear sus antológicos ambientes de terror . Saludos Oscar.

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  3. Si, Elena. el libro es un auténtico relax. Se lee casi sin sentir y a veces uno se ve tan reflejado en ciertas situaciones....

    Carlos: "Hill House" está muy bien, pero me sigue gustando más "Siempre hemos vivido en el castillo". Cuando acabe la relectura de esta novela procuraré poner alguna opinión de ella.

    Saludos y gracias a ambos.

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  4. Hace un par de años un buen amigo me pasó el relato de "La lotería", me angustió, como dice Carlos, e impresionó al mismo tiempo, lo que no sé es porqué no he leído algo más de esta autora, gracias Oscar por recordarmela, cuando ella cambió el concepto que tenía de los cuentos, desde entonces son muchos los que he leído, de hecho ahora estoy fascinado con "El aliento del cielo", la colección de relatos de Carson McCuller que recomendabas en marzo.

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