lunes, 30 de mayo de 2011

Imagined London, de Anna Quindlen




Can I ever shake the ghosts of Clarissa Dalloway and Dr. Johnson?  (Anna Quindlen)

La verdad por delante. No había oído hablar de la autora en mi vida. Ni aunque sea poseedora de un Pulitzer, pero claro, lo es de un Pulitzer de periodismo y de esos entiendo menos que nada. Y lo ganó por su columna del New York Times, Public and Private. Más tarde empezó a trabajar en Newsweek y en 2009 anunció que se retiraba. No obstante, ha escrito además varias novelas (Seis concretamente), varios volúmnes de ensayo (entre ellos uno con el prometedor título de "How reading changed my life") dos libros para niños y ha recibido multitud de premios y galardones honoríficos. Para los que entienden inglés os recomiendo este programa grabado con una charla acera de su libro Rise and Shine

El libro en realidad es un libro destinado en principio a un grupo de público limitado (amplio, pero limitado). Absténgase de leerlo cualquiera que no adore la ciudad de Londres (la haya visitado o no) y absténgase cualquiera que no disfrute con la literatura inglesa y especialmente con la que se centra en las casas, calles, parques y monumentos de esta maravillosa capital. Literariamente el libro no es una maravilla (los artículos de Newsweek que le he leído están más elaborados), pero si uno se encuentra en uno de los grupos antedichos casi seguro disfrutará con la lectura de este librito. Si está uno dentro de los dos grupos, el placer está garantizado. Yo lo estoy (en ambos) y así de bien me lo he pasado.

Varias son los pilares que hacen de la lectura de este libro un placer para los que cumplen los antedichos requisitos. El principal es la sensación de encontrar un alma literaria gemela, que ha pasado por muchos de los lugares literarios y físicos por los que uno mismo ha pasado.

Desde el capítulo dedicado a Southwark, muchas veces despreciado por ser una tierra sin ley (y hoy por su extrema remodelación, por ser el que más se separa del Londres “clásico”) hasta la misma decepción que sufrí yo en mis carnes cuando tras muchos años de esperar para ir a Londres y pegarme una caminata de narices hasta Baker Street, encontrar allí el mayor engaño que he sufrido hasta hoy visitando puntos geográficos relacionados con mis lecturas de siempre. El 221B de Baker Street era una impostura metida entre el número 237 y el 241 de dicha calle y lo único que hay allí es un individuo con un mal disfraz de Bobby , un “museo” al que me negué a entrar y una horrorosa tienda de recuerdos para atracar pseudolegalmente a los forofos de Sherlock Holmes. Como bien dice la autora, no solo es descorazonador para el amante de las aventuras del detective, sino que el propio Holmes lo consideraría un ultraje. Yo nunca he vuelto allí en ninguno de mis otros viajes a la ciudad. También la impresión de ver los agujeros de las bombas en las paredes del Victoria And Albert Museum (infinitamente más opresivos y emocionantes que los disparos en la Post Office de Dublin o el parlamento de Budapest, con todos mis respetos). Y así se desenvuelve el libro, paseando por los distintos distritos, barrios, calles y a veces casas de la ciudad y relacionándolos con los autores y obras que siguen pululando por allí, en el éter, Quindlen  nos hace encoger el corazón por el recuerdo de cuando allí hemos estado. También un capítulo (muy divertido en mi opinión) acerca del omnipresente tema de la separación idomática abismal que hay entre ingleses y americanos (y que me ha servido para enterarme de que el gentilicio de Manchester es nada menos que "Mancunian"). O, respetando el idioma de la autora: "Nevertheless there are certainly times when the English treat their American cousins like subverbal idiots." 

Además siempre aprende uno lugares nuevos, como el restaurante Simpson´s-in-the-Strand, en el que se siguen sirviendo las comidas tradicionales inglesas elaboradas desde hace muchos siglos (algunas con nombres no muy atractivos al paladar no inglés, la verdad). El mismísimo que visitan los protagonistas de Howard´s End. No os perdais la lista de clientes famosos que mencionan en su página : Vincent Van Gogh, Charles Dickens, Sherlock Holmes, George Bernard Shaw, Benjamin Disraeli y William Gladstone. Vaya mezcla. La próxima vez que vaya por allí voy a tratar de pisarlo (y comer).




Algunas partes son muy emocionantes. Tras hablar de la destrucción de la ciudad de Londres (y de la famosa calle de las editoriales, Paternoster Row) Quindlen cuenta lo soso y deprimente que le pareció “The Heat of the Day” de  Elizabeth Bowen como narración de la supervivencia en una ciudad amenazada y destruida cuando lo leyó por vez primera. Ella misma da la clave cuando dice que el problema es que lo leyó como una adolescente (americana) no acostumbrada a cualquier clase de tragedia o deprivación. Pero cuando mucho después, el 11 de Septiembre de 2001 ella misma (vive y escribe en Nueva York) vivió en directo el desplome del World Trade Center, se encontró rebuscando su viejo ejemplar de la novela y releyéndola con otros ojos.  Otras partes son divertidas, como cuando habla de Dickens ("Hasta la publicación de los libros de Harry Potter, Charles Dickens era probablemente el autor inglés más leído por los escolares americanos", O cuando en el colegio le dieron para leer su amado Oliver Twist, y su madre se conmiseró de ella, porque Dickens "Describe cada hoja de cada árbol de cada calle de cada ciudad". Lo cual resuelve con gracia diciendo que ella es del tipo de personas de "hoja-arbol-calle-ciudad".)

Muchos autores pasan por estas páginas: Dickens (muchas veces), Woolf, Waugh, James, Lessing (tengo que buscarme The Four-Gated City), Galsworthy, Zadie Smith. Muchos Barrios: Soho, Strand, Westminster, Belgravia, Blomsbury (of course)... Muchos edificios y monumentos: las muchas casas de Dickens, la Iglesia de Little Dorrit, el teatro de The Globe, el British Museum, El Albert Memorial... Muchas obras, anécdotas, fragmentos de historia ("Fui capaz de recitar la corta historia de las seis esposas de Enrique:divorciada, decapitada, muerta, divorciada, decapitada, sobreviviente."). La variedad de Londres en si misma.   





La Quindlen, americana, no visitó Londres hasta que había pasado de los cuarenta. Pero desde que tenía cinco años, en su calidad de lectora infatigable ("desde los cinco años era una de esas personas que son lectores incansables, más inclinada a salir sola con un libro que a  cualquier otra de las docenas de cosas que los niños hacen para divertirse. Nunca he crecido para salir de ello.") había crecido leyendo y releyendo muchas de esas novelas que otros también hemos amado. Y eso es lo que más se nota en estas páginas. Americana, pero muy inglesa de corazón, como solemos considerarnos más de uno, el libro es pura devoción anglófila. Es peculiar que una neoyorquina (además obviamente enamorada de su ciudad) se rinda tan claramente ante Londres ("Los retratos de New York en la literatura son indudablemente vívidos..//.. pero Londres ha sido siempre la estrella de la literatura"). El carácter educado pero nunca más allá de lo estrictamente obligatorio de los londinenses se ilustra con una anécdota que puedo garantizar que es verdad, porque me ha pasado: una vez la autora se detuvo en una esquina del Strand con un mapa abierto y cara de confusión durante quince minutos. Si hubiera hecho lo mismo en Broadway, alguien se habría acercado sin pedírselo para ayudarle con la dirección. En el Strand ni uno solo de los peatones que por allí pasaban hizo intento de acercarse.


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Os pongo un video de una de las causas (según Quinden) de que los americanos piensen casi unánimemente que el tiempo en Londres siempre consiste en que o bien llueven chuzos de punta o bien hay una niebla que se corta con un cuchillo: "A foggy day in London Town"









Y de regalo ahí queda eso:

I would be most content if my children grew up the kind of people who think decorating consists mostly of building enough bookshelves (Anna Quindlen) 
Estaría muy satisfecha si mis hijos crecieran como el tipo de personas que piensan que decorar consiste mayormente en construir suficientes estanterías para libros. 

15 comentarios:

  1. Una muy buena recomendación para anglófilos apasionados de la literatura (dos categorías en las que yo también milito, claro). Voy a buscar también ese ensayo con ese nombre tan perfecto "How reading changed my life". Y la de todos los lectores, apostillaría yo. Porque ¿acaso seríamos los mismos sin los libros que hemos leído?

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  2. No querría pecar de presuntuosa pero... ¡yo soy una de las del último comentario! En las sucesivas mudanzas que hemos padecido, las casas eran cada vez más grandes (dentro de los límites económicos obvios) no porque aumentara el número de hijos (dos son multitud según mi marido) sino porque el volumen de libros, que crece casi a diario, unos cinco mil ya, había que meterlos en algún sitio, válgame el cielo.
    Sonia.

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  3. Elena: ahora estoy precisamente leyendo un libro llamado "The book that changed my life", en que se pregunta a los ganadores y finalistas del National Book Award acerca de que libro cambió su vida. La verdad es que salvio excepciones (Ozick, Doctorow), no resulta ni mucho menos tan ameno como este, pero la idea es la misma.

    Sonia: enhorabuena por la obsesión (y por tus niños). Yo una vez ya me desbordé y me salvé solo porque me pude llevar al trabajo todos los libros científicos puros que uso en el mismo. Pero ya estoy otra vez al borde del desborde (la combinación de una línea de internet, una tarjeta de crédito y poca capacidad de contención es muy mala.... Por cierto ya tengo aqui "The garden of Eden". Va a caer pero que muy pronto....

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  4. ¡¿Y yo por qué no conocía este libro hasta ahora?! Va a la wishlist de cabeza por todo, pero lo de Southwark y Paternoster Row lo hacen verdaderamente irresistible. Gracias por el descubrimiento.

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  5. De nada, Cristina. Por cierto, otra cosa curiosa que no sabía y he descubierto gracias al libro es que el Millenium Bridge, que me encanta, soy fanático de los puentes, tuvo problemas al inaugurarse y cuando lo atravesaron los periodistas, comenzó a vibrar y algunos casi acaban literalmente en el Támesis.
    He encontrado un video. http://www.youtube.com/watch?v=gQK21572oSU

    Y la gente tan tranquila en el puente, debieron imaginar que era normal, pero obligó a retocar la estructura y sujección.

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  6. El verano no me va a dar para tanta lectura!! Aprovecharé que pido London Under de Peter Ackroyd para hacerme con esta otra maravilla. Para un verano que ni voy a Londres ni leo a Dickens...

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  7. Pues precisamente ayer, mirando una cosa del libro "London" de Ackroyd, que la autora recomienda muy vivamente y yo leí con gusto hace dos años, he descubierto ese otro que mencionas, "London Under" que inicialmente creía que ea el mismo. Creo que también le echare un vistazo. Saludos.

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  8. Vamos! que este libro lo han escrito para mí. ¿Apasionada de la literatura Inglesa? ¿enamorada de Londres? Allá voy a pedirlo al Book depository. Gracias por este post tan completo, emocionante e informativo.

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  9. Gracias a ti por pasar por aquí y comentar. Que íbamos a hacer más de uno sin The Book Depository. De allí vino mi ejemplar también. Estoy seguro de que no os defraudará. Saludos.

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  10. Yo me estrenaré ahora con book depaository. Cristina del blog En Barcelona me dijo que funcionaba bien y que la venta on line era fiable. Viendo que tú tb eres cliente , me da más confianza. Es que no se puede pagar por un libro en inglés esas cantidades que cuestan aquí y eso si encuentras porque en las ciudades pequeñas sacándote de algún Dan brown o algún ken Follet en inglés, nothing at all! Saludos

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  11. No lo dudes. Son puntuales, cumplidores y los libros llegan en perfectas condiciones. Los precios son magníficos (de hecho si uno se pasea por las librerías de aquí son de risa) y además de ser bajo, tres o cuatro veces al año te mandan un cupón con un 10% adicional de descuento a añadir a los precios. A mi me han convencido de lo muy engañados que nos tienen en este país con el precio de los libros. Además lo tienes absolutamente todo.

    Saludos.

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  12. Me parece magnifica la última cita que has traducido "Estaría muy satisfecha si mis hijos crecieran como el tipo de personas que piensan que decorar consiste mayormente en construir suficientes estanterías para libros." me encantaría que la heredaran mis hijas, yo he tomado para aplicarme como filosofía propia la de su libro Pequeña guía para ser feliz " Tenemos que aprender a vivir, vivir realmente… amar el viaje, no el destino” en la línea de su admirado Dr, Johnson.

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  13. Ah, Aprendiz (con mayúscula como verás), no sabía que la pequeña guía estaba en español. El otro día la miré en inglés, pero era tan, tan pequeña,.... que me compré una novela.

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  14. Gracias Oscar por el tratamiento, lo aprecio en toda su extensión viniendo de alguien tan ilustrado. Hay varias publicaciones, la última de RBA de 2010 en tapa dura, pero creo que agotada, aunque seguro que con tus contactos, en la red, no tendrás problema para hacerte con ella.

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  15. Lo del puente (que a mí también me gusta mucho) lo sabía, lo que no creo haber visto eran las imágenes, qué horror.

    Y me sumo a recomendar encarecidamente The Book Depository.

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