jueves, 21 de abril de 2011

My Dog Tulip (Mi perra Tulip) de J.R. Ackerley




Incapaces de amarse entre ellos, 
los ingleses se vuelven naturalmente a sus perros (J.R. Ackerley)



Dicen que no hay fanáticos más extremistas que los neoconversos. Algo así le pasó a J.R. Ackerley que tras una larga vida en la que nunca sintió atracción alguna por la idea de compartir su espacio y su vida con un perro, de repente se encontró como  orgulloso poseedor de una hembra de pastor alemán a la que llamó Queenie (Tulip en el libro). En realidad tiempo atrás yo ya había leído un comentario de E.M. Forster acerca de "el libro de Ackerley y su Queenie", pero tras repasar las obras de Ackerley no tenía ni idea acerca de a que se refería. Tiempo después supe que Queenie era Tulip o viceversa. 

Ackerley con Queenie

Por si misma, la vida de Ackerley es apasionante, soldado en la primera guerra mundial (tras no lograr ser admitido en Cambridge), fue herido en la batalla del Somme. Más tarde volvió de nuevo a la guerra, a Francia, donde fue capturado y recluido en un campo de internamiento de Suiza. Su hermano, que estaba a sus órdenes, murió allí. Después volvió a Londres, consiguió ser admitido en Cambridge y conoció, entre otros, a E.M. Forster. No obstante parece que esa época estaba más interesado en sus compañeros de cama que en sus compañeros de tertulia (hacía tiempo que había descubierto que le tiraban más los miembros de su propio sexo, y no solo en lo intelectual). De hecho, el propio Forster le consiguió trabajo como secretario del Mahrajá Chhatarpur, al que había conocido mientras escribía Pasaje a la India. En 1928 se suma al staff de la BBC (la emisora tenía solo un año de antiguedad por esa fecha), en el departamento de "Talks" (Charlas), en el que los más famosos intelectuales daban conferencias por entonces: Philip Larkin, W.H. Auden, Christopher Isherwood... Más tarde llegó a ser editor de The Listener, el suplemento literario de la BBC.  En 1929 muere su padre (de sífilis) y JRA descubre que su progenitor mantenía una segunda familia, compuesta por una segunda esposa y tres hermanastras. Despés de esto, casi treinta años siguió viviendo al sur de Londres, en Putney, siempre soltero, aunque siempre con múltiples amantes. Precisamente de uno de estos amantes aceptó el traspaso de una perra, que resultó no ser otra que Queenie.

El interés fundamental del libro podría ser que resulta bastante divertido seguir la descripción de la relación del crítico y escritor con su perra, a la que defendía a capa y espada, aunque no dejaba de reconocer las "dificultades" de su carácter. Bueno, en realidad parece que los que conocieron a la perra piensan más bien que era una especie de bicho del infierno, que mordía a la gente (según el libro al menos a varios carteros y empleados del autobús), destrozaba el mobiliario, los parterres de flores y casi todo lo que pillaba, orinaba o defecaba solo encima de las alfombras mas caras y hazañas por el estilo. Parece que sus amigos dejaron de visitar a Ackerley y mucho menos de invitarle a sus casas (varios de ellos tenían gatos, que también sufrieron los desmanes del cánido). No querían cruzarse con esta emisaria de la devastación. Como sucede con estos animales, su adoración por su dueño no tenía límite, pero como (afortunadamente no siempre sucede) su relación con el resto del mundo era algo más tempestuosa. Pero quizá lo que me resulta más gracioso es apreciar la falta de objetividad del propio JRA, que defiende la conducta de su amiga incluso cuando no tiene defensa posible, no dejando de reconocer que en ciertas ocasiones le genera situaciones comprometidas o directamente vergonzosas, siempre acaba con algo como "me miró con su cara de signo de exclamación..." y ahí todo acaba perdonado entre amigos. En una ocasión el perro trata de acercarse a un cadáver (humano) que acaban de sacar del río, donde llevaba varios días ahogado, abotagado e hinchado y que se encuentra cubierto por una lona. Ackerley empieza a delirar, diciendo que no sería nada malo que dejaran que la perra satisficiera su curiosidad, investigando el cadáver, que los seres humanos son poco delicados para permitir que se corte la cabeza a un cerdo para exponerlo en una carnicería, pero que cuando se trata de "sus" muertos (les llama "sus", no "nuestros", obsérvese el grado de implicación perruna) son más delicados. Lo dicho, un poco delirante.

No me extenderé mucho, podría resumir el tema en que el libro es casi un tratado de fisiología perruna. Con él he aprendido como funciona el celo de una perra, para que sirven las glándulas que tiene cerca de su ano, cual es su ciclo vital habitual, embarazo, parto de los cachorros. Aunque uno se divierte viendo como el dueño tenía que buscarle un "novio" a su perra, bregar con los veterinarios (varios de los cuales al ver como se comportaba los echaban directamente de la consulta), bregar con los que le recriminaban por dejar que la perra dejara sus "recuerdos" en plana acera (tampoco resulta muy objetivo aquí), en ocasiones las explicaciones anatomo-fisio-sociológicos parecen un poco excesivas, la verdad, al menos para los que no tenemos perro. Y esa podía ser la conclusión, el libro es divertido a ratos, pero creo que los que poseen o han poseído un perro, lo disfrutarán mucho más, porque verán reflejada la conducta, el cariño y la lealtad de sus canes en las de Tulip, y quizá la devoción y orgullo que han sentido como dueños/compañeros en la de ellos mismos. Para los que no tenemos perro... me resulta mucho más interesante su libro "Mi padre y yo" (sin dejar por supuesto de admirarme por la adoración bidireccional que muestra el libro entre dueño y perra).




Por cierto, queda Tulip para rato, una película de animación se va a encargar de ello. Este es el trailer:






En español el libro está en Anagrama:




5 comentarios:

  1. Ayer, mientras rebuscaba en las estanterías que libros añadía a la lista de espera, intentando aprovecharme del 10% de descuento (algo es algo), me topé con tu propuesta, aunque no siento una especial atracción por los perros, si por la fuerza psicológica de los sentimientos, por lo que no me resistí, la he puesto en primer lugar para leerla y poder comentar pronto mi impresión.

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  2. Es uno de los mejores libros que he leído, de los que lees mil veces, por el placer de reírme con sus anécdotas,yo también tengo una alsaciana, y es así como son ,incorruptibles.

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    1. Hola, tengo un buen amigo que opina exactamente igual que tu. Quiso a su perra (ya fallecida) como solo se quiere aun buen amigo. Y efectivamente pienso que los perros son de los amigos de los que nunca podrías desconfiar.
      Saludos.

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  3. Espero pronto leerlo, ya que yo tuve un pastor alemán, aunque sus últimos dos años quedó ciego él, y yo me convertí en sus ojos. Recuerdo como él pegado a mis pies caminó sin dejarme, intenté que siguiera a mi lado pero al final un fulminante cáncer se lo llevó y quedará en mi su recuerdo hasta el final de mi vida .

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    1. Hola, anónimo/a:

      ¿Sabes? Hoy, subiendo al Pico Veleta con un amigo nos hemos encontrado con otros dos alpinistas que subían con una hembra de pastor alemán de 8 años. Mi amigo tuvo una y han estado conversando acerca de sus perras. El de mi amigo murió hace unos años y él aun no ha podido superarlo (han sido sus palabras). Así que entiendo que sientas lo mismo.

      Creo que sentir eso por un amigo (sea humano o canino) os honra.
      Un saludo.

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