martes, 19 de abril de 2011

The Inklings (Los Inklings), de Humphrey Carpenter





Muchas cosas son posibles para un hombre en solitario, pero otras cosas solo son posibles para un hombre 
en compañía, y de estas la más importante es el equilibrio. Ninguna mente es tan buena 
que no necesite otra mente que la contradiga y la iguale 
y para salvarla de  la vanidad, la intolerancia y la locura. (Charles Williams)



Como parte de la preparación y disfrute del corto viaje a Oxford me impuse la relectura de esta obra, magnífica en mi opinión (vaya por adelantado). Esta biografía grupal fue uno de los varios libros que me "obligaron" a aprender algo de inglés tras años de esperar a que la tradujeran. 

Como es bien sabido, "The Inklings" era el nombre de un grupo de intelectuales que se reunían (los jueves por la tarde) en las habitaciones del Magdalen College (en Oxford) en las que residía su anfitrión (C.S. Lewis) y más tarde en el pub The Eagle and the Child. Aunque el grupo era más amplio y la importancia de más de uno de los otros miembros menos conocidos es dejada bien en claro por Carpenter, no hay duda de cuales son los dos polos magnéticos del grupo: Lewis y Tolkien.

Una de las cosas más interesantes acerca de estos autores y su cónclave es que ambos previamente ya habían organizado otros grupos centrados en la discusión en general, y muy especialmente en la discusión acerca del anglo-sajón antiguo. C.S. Lewis organizaba con sus pupilos un grupo de tutoría que se reunía bajo el prometedor nombre de "Beer & Beowulf" y se dedicaban a trasegar pintas mientras discutían acerca del alfabeto rúnico Futhorc. Al ver el nombre no pude evitar acordarme de Woody Allen en "Annie Hall" ("Solamente evitar entrar en cualquier curso en que te obliguen a leer el Beowulf"). Tolkien organizaba las reuniones de un grupo mucho más erudito de profesores de Inglés antiguo y algún compañero del Magdalen College para discutir las sagas islandesas, entre los que estaba Lewis. El grupo llevaba el aun más maravilloso nombre de The Coalbiters ("los que comen o mastican el carbón") derivado del islandés Kolbítar (según Tolkien "aquellos que se relajan tan cerca del fuego en invierno que mastican el carbón") .

Tolkien en traje de "faena".


No tan conocido es el hecho de lo mucho que de manera indirecta debemos los fanáticos del "Señor de los anillos" a Lewis. Cuando se conocieron, Tolkien estaba trabajando en el maravilloso cuento de "Beren y Luthien". En esa época consideraba sus escritos algo muy privado y alguna vez que lo había enseñado a algún rector universitario retirado había recibido duras y decepcionantes críticas. Pero Lewis se emocionó cuando fue uno de los primeros elegidos para que se les permitiera leer el texto. Animó incansablemente  a Tolkien y le proponía infinidad de correcciones (solo algunas eran aceptadas, puesto que los estilos poéticos de ambos eran absolutamente polos opuestos, como queda claro con varios ejemplos en el texto). Tolkien era capaz de crear un estilo absolutamente personal. Lewis, mucho más complejo filosófica y estilísticamente, mucho más exacto en el uso del metro, resultaba no obstante totalmente artificial cuando trataba de escribir "a la Tolkien"). Después de morir Lewis, decía Tolkien:

"Jack" Lewis 

"La impagable deuda por la que le soy deudor, no fue la "influencia" como generalmente se cree, sino puro estímulo, aliento. Fue durante mucho tiempo mi única audiencia. Solo de él obtuve la idea de que mi material podía ser algo más que un hobby privado"

No menos interesantes resultan otros aspectos de la vida y formación de Lewis. Su extremada afición a hacer excursiones consistentes en caminatas prolongadas todo el día, discutiendo desde los temas más filosóficos a los más banales con sus amigos, pasándoselo pipa y parando en diversos puntos y pueblos del camino para tomar cerveza (a la que Lewis era muy aficionado), un te (aun más aficionado) o una frugal comida (pan, queso...). Caminar y caminar (Lewis odiaba el termino inglés para  el senderismo, "hiking" que le parecía innecesariamente pomposo para definir algo tan sencillo como andar). Su conversión desde un ateísmo convencido (tras haber nacido y sido bautizado como católico) que llevó por bandera hasta más allá de los veinte años a un "teísmo" en el que creía en un Dios, pero no en Cristo (no porque pensara que los evangelios no fueran históricamente cierto, que estaba "bastante convencido de que si que lo eran", sino porque no podía entender que la muerte de Cristo fuera tan importante para nadie). Y el paso final, que resulta maravilloso de leer, la convicción casi científica que solo una personalidad tan lógica como la de Lewis podía llevar a cabo para decidir que tras estar dándole vueltas "en algún momento tendría que dar el salto de comenzar a creer, a tener fe". Lewis se hizo cristiano. Más cristiano que nadie. el adalid más querido por los cristianos. Y sus amigos se alegraron... al principio. Tolkien era católico romano convencido y odiaba a muerte a los otros católicos, los de la Iglesia de Inglaterra (y por extensión a los de la Iglesia de Irlanda en la que fue bautizado Lewis, que venían a ser tres cuartos de lo mismo). Y esto les enemistó y contribuyó años después a su posterior separación (críticas hirientes de Lewis a comentarios de Tolkien acerca de su devoción por ciertos Santos, por ejemplo, agriaron su amistad). Pero eso vino más tarde. El el interín Lewis fue el más ferviente admirador y apoyo de la publicación de El Hobbit  que apoyó con artículos en The Times y The Times Literary Supplement y Tolkien tomó como algo personal el lograr (y lo logró) que se publicara (tras ser inicialmente rechazada), la novela de Lewis que abría la trilogia "Cósmica" (Más allá del planeta silencioso). Todas estas novelas y muchas otras, así como poemas, artículos, eran leídos y discutidos antes que nadie con el círculo de los Inklings. De hecho Tolkien y Lewis planearon escribir un libro juntos.

La magnífica estatua del centenario de Lewis en Belfast que le representa atravesando la puerta
 del armario hacia Narnia (foto de Canon John´s 40D en Flickr)



En realidad el nombre de The Inklings no fue ocurrencia de ninguno de ellos. Un alumno de la universidad de Oxford que hasta 1933 organizaba reuniones de estos con la asistencia de ciertos profesores fue quien llamó asi a su grupo y  posteriormente el nombre fue retomado por el grupo de "dons" que se reunía en las habitaciones del Magdalen College en que vivía Lewis.

La llegada de la segunda guerra mundial trajo "junto a algunos no muy agradables resultados de la guerra", alguna cosa muy positiva: la rama londinense de la Oxford University Press se trasladó a Oxford y así el grupo pudo contar con la presencia de Charles Williams. Este personaje es uno de los desconocidos del grupo, pero siempre me ha parecido también muy interesante por muchos motivos (y no es el menor de estos su pertenencia a una sociedad semisecreta denominada The Golden Dawn Society (La sociedad del amanecer dorado), a la que perteneció también el escritor irlandés y premio Nobel W.B Yeats. No es momento ni lugar para explayarme en esta vertiente de la vida de Williams, pero resulta apasionante la interacción entre esta corriente místico-filosófica, su preservado catolicismo (no eran excluyentes, era miembro de la Iglesia de Inglaterra) y su obra literaria. Sus novelas, siempre con base temática relacionada con el esoterismo o la historia de la filosofía (El Grial, Los arquetipos platónicos, fantasmas, el tarot, la inmortalidad...) no son la mejor literatura que he leido, pero resultan extremadamente amenas e interesantes. También un complejo poema artúrico debe su existencia a este autor, asi como varios volúmenes de poesía y ensayo. La admiración entre Lewis y Williams era muy bien conocida (como conocida resulta la anécdota del cruce de notas elogiosas de sus respectivas obras: Lewis envió una nota de admiración y elogio a Williams tras leer su obra "The place of the lion", la primera que leyó de el. El mismo día Williams acababa de leer su primera obra de Lewis  "The allegory of love" que iba a publicar la Oxford University Press, para la que trabajaba y le había gustado tanto que estaba escribiendo una nota para enviarla a  Lewis como prueba de admiración..) Por cierto, Williams también había tenido su propio cónclave literario-filosófico con sus discípulos, llamado "The Companions of the Co-Inherence" (La Co-inherencia si se puede traducir así era uno de los varios conceptos que inventó Williams en sus estudios de mística y filosofía).

Otros miembros (no me extenderé más) eran Christopher Tolkien (el hijo menor de J.R.R. y organizador de la obra de este tras su muerte), Owen Barfield, Warren Lewis ("Warnie", el hermano de C.S., considerablemente menos erudito, pero muy interesante a su manera y un constante punto de apoyo para su hermano), Roger Lacelyn Green (que se especializó en literatura infantil), Nevill Coghill (especializado en la obra de Chaucer), Hugo Dyson (responsable en parte de la conversión de C.S. Lewis al cristianismo), Adam Fox (Dean del Magdalen College donde enseñaba Lewis y más tarde Canon de la abadía de Westminster, donde está enterrado en el Poets Corner). Aun podríamos seguir un rato más con los asistentes menos habituales, pero no creo que sea necesario para darse cuenta de lo que podían ser esas reuniones. 

       
Charles Williams
Owen Barfield


En resumen, el libro es una magnífica y amena fuente de información para quien esté interesado en la vida intelectual en el Oxford de mitad de siglo y sobre todo para los  interesados en la vida y la forja intelectual de Lewis y Tolkien.

Y además (sin que sirva de precedente) hay una buena noticia: por pura casualidad, buscando una edición inglesa en tapa dura de segunda mano, he descubierto que el libro se tradujo al castellano en 2008 (yo estaba convencido de que no). Así que por si a alguien le ha interesado el tema, aqui está.

7 comentarios:

  1. Una entrada muy interesante. Me pregunto por qué estos círculos literarios son una cosa tan del pasado. Parecen casi inconcebibles en la era de la información. Añoro la pasión que tenían estos señores por la literatura, su apabullante y omnívora erudición, su discreción (en general), su capacidad de conservar la lucidez tras 10 pintas de cerveza... ¡Qué días aquellos en que no existían los escritores "mediáticos"!

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  2. La verdad es que estoy totalmente de acuerdo. De hecho lo hablabamos allí, en Oxford. Si me limito a los escritores ingleses y americanos contemporáneos (los que conozco algo más), no solo no conozco círculos o grupos en que se reúnan habitualmente (aunque muchos de ellos siguen estudiando en Oxford), sino que muchos se odian a muerte (Barnes, McEwan, Amis & company) o van simple y completamente por libre. No es que antes no se pelearan, pero creo la cosa ha cambiado mucho, y a veces no para bien precisamente. Me gustan muchos de los escritores contemporáneos ingleses, pero nunca los consideraría eruditos en general. De hecho, a mas de uno no lo volvían a invitar a una segunda reunión de los Inklings si lo oían hablar allí una vez, estoy seguro. Creo que efectivamente la información y el componente de acceso inmediato a la información que tenemos hoy en día no favorece estas reuniones. Debe haber algo más, desde luego. El signo de los tiempos.

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  3. Muy interesante, dan ganas de leer el libro (cosa que haré, cuando pueda). Inevitable echar de menos que existan reuniones como las de estos eruditos, pero también que exista el tipo de Universidad en que personajes como estos eran profesores. ¿Qué hubieran pensado de la reciente afirmación de un conseller catalán de que "el que quiera estudiar filología clásica, que se lo pague de su bolsillo"?

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  4. Si, Elena, ese fue otro tema de conversacion repetido allí: No solo no tenemos un sistema educativo y universitario como el de ellos, sino que además nos empeñamos en no observar y comparar. Desconocía esa barbaridad del conseller, pero lo peor es que no me sorprende. Tampoco me sorprendió que ante la idea de Esperanza Aguirre de que los que tengan más capacidad para estudiar reciban un sistema especial para fomentarla, muchos se echen las manos a la cabeza y digan que es discriminatorio (¿dicriminatorio incentivar a los que más les gusta estudiar o tienen más capacidades?). Además, si vamos algo más atrás, es que prácticamente todos los primeros ministros de Gran Bretaña y la mayoría de políticos relevantes se han educado en Oxford/Cambridge. En cambio por aquí nuestros políticos andan más bien escasos de ese tipo de curriculum. Cada cual que ate sus cabos....

    Saludos

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  5. Es indudable que el escenario en el que se desarrolla una mente privilegiada contribuirá a que se abra a nuevas ideas, a que se desarrolle de un modo imposible en otro ámbito menos propicio. Me indigna la indignación de quienes consideran una mala propuesta la de la señora Aguirre. ¿Acaso no es discriminatorio obligar a que chavales con capacidad superior a la media tengan que compartir aula con otros a los que el estudio les importa menos que poco? Es algo con lo que me encuentro día a día, y pienso en cómo podría ser el trabajo y el provecho de esos alumnos con una dedicación exclusiva sin por ello abandonar la educación del resto, que debe ser tan óptima como cualquier otra. No soy ni mucho menos fan de la señora Aguirre, pero si tuviera que escoger entre esa idea suya y la del conseller, me quedaría sin dudarlo con la primera. El desprestigio de las Humanidades alcanza cotas surrealistas, y estos políticos botiflers, en el sentido de traidores a la razón, lo que deberían hacer es dedicarse a solucionar problemas y no a crearlos, que bastante tenemos con los propios.

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  6. Si, Juan Manuel. El problema de la igualdad empieza cuando se trata de igualar a todos por abajo, hacia los mas atrasados en vez de tratar de hacer lo más difícil, que es ayudar a los más atrasados a ponerse a la altura de los primeros. Cuando estudiaba francés en primero de BUP (Dios mío, BUP, Dios mío, francés, cuanto tiempo ha...) había tres alumnos más atrasados en una clase de unos treinta. Solución: No avanzábamos nunca y nos manteníamos todos al nivel de los más atrasados. Consecuencia: en COU sabíamos el mismo francés que en primero de BUP.

    En nuestro medio el que tiene una mente privilegiada y logra desarrollarla, lo hace a pesar del sistema, no gracias a él. Vamos, es mi opinión...

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  7. Vamos, que estoy totalmente de acuerdo contigo, por si no ha quedado suficientemente claro....
    Es criminal coartar el desarrollo intelectual de unos pocos por ir más avanzados que los demás. obligarles a estancarse.

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