martes, 29 de marzo de 2011

The Shawl (El Chal), de Cynthia Ozick






Esta, que es probablemente la obra más famosa de Ozick, está compuesta por dos partes asimétricas. Un relato inicial, muy breve, de escasas siete u ocho páginas, titulado como el volumen "El chal". Luego una "novella" de unas cincuenta páginas titulada "Rosa" que en realidad es una prolongación del relato.

La reputación que ha alcanzado en Estados Unidos este relato es más que grande. Para quien vive en España es sorprendentemente grande, por lo poco conocidos en general que son el relato y la autora. En los Estados Unidos la obra fue seleccionada por el National Endowment for the Arts como uno de los 47 textos que difundir, como lectura sugerida, en bibliotecas, institutos de bachillerato y centros cívicos de todo el país. De hecho desde unos meses antes de tener en mis manos el libro, tenía pendiente de oír un audiolibro que había conseguido llamado: "The best American Short Stories of the Century" ("Los mejores relatos americanos del siglo"), una selección (muy discutida como todas) de los relatos americanos del siglo XX preferidos por John Updike. Y allí está, entre otros, "The Shawl", leído por la propia autora. Diecisiete minutos dura la lectura del mismo y eso que la hace muy pausada. 

Así que tenía un rato breve y pensé: "voy a leer ahora el relato en un momento y esta noche leeré la parte más larga". Al acabarlo un ratito después me quedé un poco parado, la verdad. No me decía nada. Nada de nada. ¿Como podía ser?. Me parecía bien escrito, pero desde luego, lejos de los mejores relatos americanos del siglo. Y una vez más, Harold Bloom vino en mi salvación. Ojeando las "praises" (alabanzas), que abren todos y cada uno de los libros ingleses y americanos, había una frase del señor Bloom (que ha dedicado un volumen a la autora) que decía:

"The combined effect of the Story and the Novella is inmensely poignant and beautifully wrought" (El efecto combinado del relato y la novella es inmensamente conmovedor y bellamente forjado)

Ajá. Puede ser eso. Voy a por la novella. Entonces si.

El tema de ambos: el holocausto. Un tema repetido y repetido, nadie discute que con motivo. pero repetido. En realidad es fácil reconocer el eje central del libro, cual es su tema esencial: como puedes seguir viviendo en un mundo capaz de soportar actos de destrucción que salen de cualquier capacidad de descripción o imaginación. ¿Serás capaz de cambiar de manera tan extrema tus principios que aquello que creías imposible que pudiera existir pueda parecer tolerable?¿O nunca podrás volver a pensar de manera coherente?. Que os lo cuente Rosa, la protagonista:

"Mi sobrina Stella dice que en America los gatos tienen nueve vidas, pero nosotros - nosostros somos menos que los gatos, asi que tenemos tres. La vida de antes, la vida durante y la vida de después" Vio que Persky no la seguía, asi que dijo: "La vida de después es ahora, La vida de antes es nuestra vida real, en casa, donde nací".
"¿Y durante?"
"Eso  fue Hitler".
"Pobre Lublin"
"Tu no estuviste alli."

Efectivamente, Rosa Lublin es una judía polaca. Sacada de Varsovia (del guetto) y llevada a un campo de exterminio (término que me parece bastante más apropiado que el de campo de concentración) con su bebé y una sobrina de 9 o 10 años. La primera parte del libro, el relato, tiene lugar en el campo de concentración (y en el camino hacia el mismo). Solo diré que el chal es la prenda en que Rosa envuelve  a Magda, el bebé ("Era un chal mágico, podía nutrir a un niño durante tres días y tres noches"). La segunda parte, la novella se desarrolla muchos años después del fin de la segunda guerra mundial, en Miami, donde Rosa se ha mudado después de haber vivido en Nueva York y seguir en eterna crisis por la incapacidad para superar el trauma. Y esta es la parte que si que me ha gustado del libro.  Rosa ha ido a Miami porque un arrebato autodestructivo la ha llevado a destrozar la tienda de antigüedades que allí le daba de comer. Con ella van sus recuerdos de antes de la guerra ("Cualquiera que hable de Paris, no ha visto Varsovia") y sus pesares de durante y después. Como tantos supervivientes del holocausto, Rosa se siente un caparazón vacío y vive obsesionada por pequeños rituales, asediada por estudiosos que tratan de entrevistarla para hacer una reconstrucción histórico-filosófica de la masacre. Y sobre todo vive en el pensamiento obsesivo acerca de ese chal, el chal protector donde envolvía a su bebé.

- "Si estás sola demasiado tiempo", dijo Persky "piensas demasiado".
- "Sin una vida" respondió Rosa, "una persona vive donde puede. Si todo lo que tiene son sus pensamientos, allí es donde vive".
- "¿Tu no tienes una vida?"
- "Unos ladrones se la llevaron".

Persky es un judío de su edad, también superviviente del holocausto al que conoce, atado a una esposa ingresada de por vida en un manicomio. Consigue caerle bien a Rosa, y, como si esto no pudiera ser permisible, Rosa, se impone el pensamiento de que él le ha robado una pieza de ropa interior en la lavandería. Porque tenerle aprecio supondría aceptar que puede existir una vida tras el holocausto. Mientras Rosa escribe cartas continuamente a su hija fallecida, e incluso imagina toda una vida para ella (profesora de filosofía griega en la Universidad de Columbia) que considera absolutamente cierta. 

Ozick por M. Bandsuch


Si se deja uno llevar por su formación cinematográfica, podríamos pensar que el breve relato inicial recuerda un sueño. El típico sueño con el que comienzan muchas películas, cuya (casi) única función es introducirnos cual es el origen de la catástrofe vital a la que ha sido arrojada en la actualidad la protagonista.

Ozick recibió muchas criticas, especialmente por parte de la comunidad judía (la cual vista desde fuera parece bastante propensa a este tipo de críticas contra los propios escritores o intelectuales judíos), acusándola de hablar de algo que no había vivido ni de lejos, refugiada en la seguridad de los Estados Unidos durante la guerra. Hombre, tampoco parece nada justo impedir que alguien opine sobre un acontecimiento como este por no haberlo sufrido. Podrá ser más o menos acertado, o más o menos creíble, pero no parece motivo justificable para la crítica. De hecho resulta curioso que otra de las alabanzas que abre el libro (la primera) es de Elie Wiesel, que si que lo vivió y de primera mano, en el campo de Buchenwald:
"Leed este pequeño gran libro de Cynthia Ozick: contiene deslumbrantes y sorprendentes páginas, repletas de tristeza y verdad"
En realidad la crítica no tiene ni siquiera un fundamento real, porque Ozick no analiza como fue la vida en el campo de exterminio, sino como pudo ser la vida de algunos de los supervivientes que se fueron a América tras la SGM. Y por otra parte hay partes que pueden explicar algo del aborrecimiento que desató la obra de Ozick, por ejemplo como Rosa, la protagonista despotrica contra los sionistas que "obligaron" a los niños cuyos padres habían fallecido en la guerra a irse a Palestina. De hecho se muestra muy orgullosa de haber impedido que se llevaran a su sobrina  allí, consiguiendo que fuera con ella a Estados Unidos, aunque ahora su relación con ella es, cuando menos, tensa. En alguna entrevista de las que se pueden oír en la red Ozick da otra pista: "no me acaba de gustar mucho la idea de presentar a los judíos como víctimas". Las novelas acerca del holocausto podrían desvirtuar la realidad de dicha monstruosidad. Eso habrá muchos que no se lo acaben de perdonar.

He de reconocer que finalmente me he reconciliado con el libro. Merece mucho la pena su lectura.

No me resisto a poner aqui el párrafo que más me ha gustado. Habla Ozick por boca de Rosa:

Que cosa más curiosa es sujetar un bolígrafo - nada más que un pequeño palo afilado, después de todo, rezumando sus charcos jeroglíficos: un bolígrafo que habla, milagrosamente, polaco. Un candado retirado de la lengua. De otra manera la lengua estaría encadenada a los dientes y al paladar. Una inmersión en el lenguaje viviente: de repemnte esta limpieza, esta capacidad, este poder de crear una historia, para contar, para explicar. !Para recuperar, para indultar¡.
Para mentir.

4 comentarios:

  1. Bueno, me has confirmado que las críticas eran políticas y no literarias. Teniendo en cuenta la general poca corrección política de Ozick era lo más probable. Un punto aclarado.

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  2. Los guardianes que se arrogan el papel de hacer cumplir unos preceptos inventados por ellos y para ellos. Son la antiliteratura, y si tuviéramos que obedecer sus leyes apañados íbamos. No quiero imaginar cuántas obras se habrían perdido, y cuántas han acabado bajo la suela de sus botas.

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  3. Es normal que las creaciones de autores judíos sobre el Holocausto den lugar a polémicas dentro o fuera de las comunidades judías. Más teniendo en cuenta el gusto judío por la discusión y el análisis. Recuerde aquel refrán humorístico: “Dos judíos, tres opiniones”. Está claro que entre los judíos como entre cualquier otras comunidad humana hay personas de diferentes talantes, opiniones, gustos y sensibilidades. El llamado Holocausto, la Shoá, que supuso el asesinato de seis millones de personas, no puede escapar, lógicamente al debate y a la polémica pues es un recuerdo muy doloroso. Un recuerdo fuertemente anclado en la conciencia de los judíos, más aún en los supervivientes y familiares de supervivientes.
    Por otro lado no veo por qué el hecho de que un personaje de la novela de C. Ozick critique a los sionistas vaya a acarrear el rechazo de la comunidad judía, de una amplísima pluralidad, virtud bien extendida también entre los sionistas, no debería ser necesario decirlo.
    Además, las opiniones de ese personaje no tienen porque ser las de la escritora, cuyas posiciones políticas desconozco. En todo caso, mi opinión queda acreditada por la defensa de la obra que hace Elie Wiesel, que sí es sionista y vigoroso defensor del pueblo judío, aparte de gran escritor, defensor de los derechos humanos y Premio Nobel de la Paz, aunque esto último sea lo de menos.

    Atentamente,
    Jorge Martín

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  4. Hola Jorge:

    Muchas gracias por el comentario.
    Magnífico el refrán de "dos judíos, tres opiniones". No me había parado a pensarlo, pero probablemente el gusto como dices por la discusión y el debate está tras la impresión que un gentil puede tener (a veces a la ligera) de dichas discusiones. Es una impresión (como digo quizá precipitada) al ver que la mayoría de personajes de cine y literatura judíos que conozco reciben críticas que me parecen más duras (quizá más fundadas, no lo se) cuando vienen de judíos que de gentiles.
    También desconozco las opiniones políticas de Ozick, la verdad es que no suele sacarlas a relucir en las entrevistas, y pocas veces (en lo que he podido leer y ver) habla de su relación con la comunidad judía. Como dices posiblemente la opinión de Rosa (el personaje) no tenga nada que ver con el de Ozick.

    La impresión que uno si que saca (yo la saco, quiero decir) es de que si que habla Rosa por boca de Ozick cuando critica a un sector de historiadores del holocausto que se empeñan en seguir a los supervivientes, interrogarlos, sacarles hasta el último dato acera de su experiencia por doloroso que sea, y publicarlo, para (como dice uno de tales investigadores en la obra) crear un libro que pretende ser la obra definitiva que cierre el tema del holocausto. Esa crítica si que parece "Ozickiana" por lo que he leído a la autora.

    Muchas gracias por el comentario de nuevo, me ha parecido muy interesante. Y totalmente de acuerdo en lo referente a la opinión de Elie Wiesel.

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