domingo, 13 de marzo de 2011

La locura de Almayer, de Joseph Conrad




A veces algunos libros se empeñan en reaparecer una y otra vez ante nuestros ojos o en nuestras otras lecturas, hasta que como si tuviésemos que romper un sortilegio, hay que leerlo. 

Primera curiosidad: El prefacio. Conrad abre la primera de sus novelas con un conocido soneto de Quevedo, uno de los muchos que admiro desde hace mucho:

Desde la Torre

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadora,
libra, ¡Oh gran don Iosef!, docta la imprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquella el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.


Magnífico. No se como lo hace, pero con lo que siempre me ha gustado Conrad, cada vez logra caerme mejor e interesarme más. Al igual que Quevedo. 

La locura de Almayer (Almayer´s Folly) apareció hace dos meses ante mis ojos dando una vuelta por una librería. Además en tres puntos distintos de la librería había tres ediciones distintas del mismo libro. Que curioso. En su tiempo leí casi todo Conrad, pero esta que era su primera obra aparecía publicada en castellano hace relativamente pocos años. Escuchando el otro día una entrevista a Doctorow en la red, de repente menciona sin saber ni como ni porqué también esta novela. Y por último me entero de que la Locura de Almayer es la novela que un jovencísimo Conrad se atrevió a dirigir a The Master, Henry James, para pedirle su aprobación. Y dicen que en ella James vio la futura valía de ese joven polaco-británico (esta última revelación tiene que ver con otra lectura paralela que comentaré pronto). Asi que tuve que ir y comprarla inmediatamente y leerla.





Conrad la publicó en 1895 y la ubica en esa misma época aproximadamente. Narra la historia de Kaspar Almayer, de origen holandés, y sus apartada vida en la jungla de Borneo. La historia de una ambición terriblemente desastrosa. Almayer es el protegido de una gran marino comerciante, el capitan Lingard. Bajo consejo de este acepta casarse con la hija de su protector (una muchacha malaya rescatada de un barco de piratas en el que Lingard acaba de matar hasta al gato). Con ella se marcha a Borneo, en medio de la selva a controlar un puesto de comercio fluvial. Pero allí los problemas son más numerosos que los mosquitos. Tiene que sufrir a los (piratas) malayos, a los (comerciantes) árabes que juegan sucio y por último (last but not least) su mujer. Al volver a la selva, esta se vuelve un ser salvaje, todo el día drogada y atacando a Almayer que teme que le envenene. Medio loca, medio desnuda y medio asilvestrada. Su único consuelo: la hija que tiene con esa fiera. Finalmente el remate: Lingard pierde todo su dinero y Almayer queda arruinado y abandonado en mitad de la selva con loca, malayos y árabes. Pero tiene una esperanza...Y ahí me voy a parar. 

Como muchas de las primeras obras de Conrad, la veta de la que va extrayendo las historias es, en gran medida, su experiencia a bordo del buque comercial Vidar, en el que realizó varios viajes a lo largo y ancho de Singapur y Malasia alrededor de 1897. Con frecuencia encuentra uno comparaciones de Kaspar Almayer con Kurtz, el personaje enloquecido "El corazón de las tinieblas". Quizá sea un poco exagerado, pero se podría considerar a Kurtz como un Almayer sometido a un proceso de destilación repetida hasta eliminar toda la ganga del mineral. La sensación de alienación que en medio de la selva sufre el personaje me ha recordado la primera lectura de aquella obra. En otras palabras: cuando la compré esperaba leerla solo para satisfacer una cierta curiosidad, esperaba la opera prima de un polaco imberbe y reconvertido que luego evolucionaría hacia una figura literaria de tremendo calado. Pero no. A mi me ha gustado, me alegro mucho de que su insistencia en ponerse ante mis ojos haya ocurrido. 

En resumen, una amena obra de Conrad para amantes de Conrad, amantes de las aventuras en el mar, en la selva. Compararla con "El corazón de las tinieblas" como se hace a veces a la ligera (concretamente en la contraportada de todas y cada una de las ediciones), pretendiendo que este es un esbozo muy precoz de la gran obra de Conrad, es cuando menos, arriesgado y perturbador. En cualquier caso novela de aventuras de las que años atrás leía tantas. Gracias al cielo que las leí.

Curiosamente hay no solo una, sino dos películas filmándose basadas en este novela. Y por cierto, en Google Books también podéis hacer una prelectura (si sois capaces de leer en la pantalla y en un texto que se desliza de arriba hacia abajo)

4 comentarios:

  1. A mí también me encanta el soneto de Quevedo y me quedé con ganas de seguir leyendo(te) acerca del libro, estaba disfrutando de una lectura interesante y sosegada. Aunque a simple vista no es de los libros que más me atraen, puede que si me lo encuentro algunas veces más me decida a leerlo.

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  2. Si, es una lectura diferente a las que suelo frecuentar últimamente. Pero creo que me ha gustado mas porque me ha traído a la cabeza otras lecturas de años atrás. La verdad es que Conrad abra con ese soneto la obra me sorprendió mucho. Y además el verso "Oh, gran don Iosef" con el nombre propio de Conrad...

    Un saludo y gracias

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  3. De Conrad me han atraído siempre sus atmósferas enfermizas, esa capacidad suya para reproducir en la naturaleza el malestar psíquico de sus personajes. Sus historias, en ocasiones, resultan alucinatorias, como productos de un sueño, o de esa locura a la que se ven abocados la mayoría de sus protagonistas.

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  4. Pues entonces, cuando el cuerpo te pida un Conrad, este libro te puede gustar. Lo has descrito como si lo acabaras de leer. Saludos

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