martes, 1 de marzo de 2011

Eudora Welty. Vivir la literatura.






It had been startling and disappointing to me to find out that storybooks had been written by people, that books were not natural wonders, coming of themselves like grass.
(Fue sorprendente y decepcionante para mi descubrir que los libros de cuentos habían sido escritos por personas, que los libros no eran maravillas de la naturaleza que nacieran de si mismas como la hierba.)



Dos obras de Eudora Welty se vinieron conmigo de San Francisco. A ambas les tenía echado el ojo (de hecho estaban en la wishlist), pero al verlas allí no me resistí. Afortunadamente.

La primera es "One writer´s beginnings". Esta es en realidad la recopilación de tres (magníficas) conferencias que Welty impartió en la Universidad de Harvard en 1983. A los 74 años. Sus títulos: "Listening" (escuchando), "Learning to see" (Aprendiendo a ver) y "Finding a voice" (encontrando una voz). Dicho sea de paso, no he podido evitar que estos títulos e recuerden a los de los volúmenes de memorias de Elias Canetti, también relacionados con los sentidos ("El juego de ojos", "La lengua absuelta", "La antorcha al oído", etc). La temática común son sus recuerdos de infancia, lo cual ya de por si en una escritora de la capacidad descriptiva de Welty es prometedor, pero es que además la escritora de Jackson (Mississippi) aprovecha para relacionar muchos de sus recuerdos de infancia con su educación posterior y con la forma en que esta educación influyó en su forma de componer los relatos. Estos retazos de infancia transmiten una sensación permanente que se materializa perfectamente en la frase con la que concluye y se cierra en libro.


I am a writer who came of a sheltered life. A sheltered life can be a daring life as well. For all serious daring starts from within.
Soy una escritora que viene de una vida protegida. Una vida protegida puede ser también una vida arriesgada. Porque todos los riesgos serios comienzan en el interior.

Desde luego la infancia de Welty es llamativamente beatífica. Ella la denomina "sheltered" y sin duda uno no puede dejar de verla como envidiable. Todas las figuras que la rodean en su infancia parecen inventadas por un amigo generoso. Si leyéramos una novela en la que el protagonista tuviera estos padres y abuelos, esta educación, creo que nos resultaría empalagoso. Pero por suerte para Welty fue real. Absolutely.





Es evidente que gran parte de la "culpa" de que Welty se convirtiera en una de las grandes de las letras americanas la tuvieron sus padres (a los que va dedicado el volumen). Su padre trabajaba en una compañía de seguros, su madre era ama de casa. Pero...

A la edad de dos o tres años aprendí que cualquier habitación de nuestra casa, en cualquier momento del día, era para leer en ella o para que le leyeran a uno en ella. Mi madre me leía. Me leía en el dormitorio grande en las mañanas, cuando estábamos en su mecedora juntas, que aumentaba su ritmo según nos mecíamos, como si tuviéramos un grillo acompañando la historia. 

Los libros son una constante en su infancia: Su madre adoraba sobre todas las cosas a Dickens. De hecho una de las cosas que llevó en su dote al matrimonio fue una colección completa de volúmenes de Dickens que había obtenido en su infancia por un trato con su padre (el abuelo de Eudora). La historia no tiene desperdicio. El abuelo comulgaba con la idea de que tener el pelo muy largo robaba la fuerza a los chiquillos, así que como Chestina (madre de Eudora, entonces aun una cría)  debía ser pelada por haberlo dejado crecer demasiado, había que convencerla de que se dejase. Se le ofreció de todo, incluido pendientes de oro, a lo que ella se negó. Entonces el abuelo dijo a Chestina "What about books?". La niña entonces cedió a dejarse cortar el pelo solo a cambio de una colección completa de libros de Dickens que tuvieron que traerle desde Baltimore en un barril. Años después, ya comprometida con el padre de Eudora, hubo un incendio en su casa y Chestina, tras haber salido, se acordó de los libros y volvió a entrar, arriesgando su vida, para arrojar los libros por la ventana uno a uno, mientras su prometido esperaba abajo recogiéndolos. Desde entonces, su madre decía a Eudora decía que esos libros habían sobrevivido al agua y el fuego.

Pero además su madre tenía su amor literario puesto en Walter Scott, Robert Louis Stevenson, Jane Eyre, La mujer de Blanco, Las minas del Rey Salomon... Además:

To both my parents I owe my early acquaintance with a beloved Mark Twain (a ambos padres debo my precoz conocimiento del adorado Mark Twain)

A los seis o siete años, por una enfermedad banal (que el médico describió como "a fast-beating heart" (un corazón acelerado, taquicárdico) vino un mal momento para Eudora: la retiraron del colegio, porque el tratamiento impuesto fueron varios meses de reposo absoluto en cama. Eudora lo pasó fatal, estaba deseando regresar al colegio ("I was homesick for school")

Pero todos los recuerdos son susceptibles de trascender e  infiltrarse en su obra : "Mi padre tenía el exacto conocimiento del tiempo y el cielo de los chicos de campo. Salía y se paraba en los escalones del frente de nuestra casa a primera  hora de la mañana, echaba un vistazo y olfateaba. Era un profeta del clima bastante bueno.". "Así que yo desarrollé una fuerte sensibilidad meteorológica. En los años posteriores, cuando escribí relatos, la atmósfera tomó un papel predominante desde el inicio."

Es tremendamente difícil pasar de manera abrupta de la tristeza al regocijo y, no obstante, resultar convincente. Rebuscando en los cajones de la casa, la niña Eudora encuentra una caja que contiene dos nickels (monedas de 5 céntimos), contentísima corre a preguntar a su madre si puede gastarlos. Esta se los arranca de las manos, gritándole que no. En ese momento, a bocajarro, Eudora (la mayor de los hermanos) aprende que antes de ella nació otro hermano, que murió tras el parto (con los dos nickels cubrieron sus ojos en el entierro).

Mi madre me había contado el secreto equivocado. No como los bebés podían venir, sino como podían morir, como nos podíamos olvidar de ellos.
La futura escritora de historias que había en la niña debió tomar nota inconsciente y almacenarlo: un secreto es susceptible de ser revelado en lugar de otro que es más difícil de contar, y el secreto sutituto, cuando es expuesto crudamente es, con frecuencia, el más terrible.

Pero a renglón seguido, sin solución de continuidad, la historia continua. Su madre también estuvo a punto de morir en el parto. Padecía una septicemia y los médicos no daban dos nickels por ella. Su padre se rebeló y decidió que la iba a curar... con champagne. No sabemos donde oyó acerca de tal remedio o si lo inventó el mismo. Y además, ¿donde iba uno a encontrar champán en Jackson entonces?. Su padre localizó a 40 millas a un italiano que lo tenía, le pidió que se lo enviara en el próximo tren que hacía parada en el pueblo. Y la salvó. Quizá no la salvó, tal vez solo se salvó, pero leyendo a su hija, yo estoy convencido de que el la salvó. El único caso de curación de una septicemia por espumoso francés.

Del carácter de sus padres con sus hijos, bueno...

Una vez, solo una, ella (su madre) nos dijo con una voz que inicia un tema sólo para cerrarlo: "Creo que tu padre tuvo un enfado terrible una vez, pero aprendió a controlarlos, hace mucho tiempo."



En resumen, esbozos de una vida (la obra, de poco más de cien páginas acaba cuando va a comenzar a convertirse en escritora, cuando empieza  a ahorrar todo lo que poco a poco puede, para hacer escapadas a Nueva York, para convencer a algún editor de que publique sus relatos o las fotografías que ya había empezado a recopilar.


"Long before I wrote stories, I listened for stories. Listening for them is something more acute than listening to them. I suppose it’s an early form of participation in what goes on. Listening children know stories are there. When their elders sit and begin, children are just waiting and hoping for one to come out, like a mouse from its hole." 


La segunda obra de Welty es "On Writing". Acerca de la escritura.




Este volumen, también muy pequeño, es difícil de resumir, porque se estructura todo el en base a múltiples ejemplos y fragmentos de relatos a través de los cuales Welty da su opinión acerca de la interpretación de los mismos y como el autor nos está transmitiendo mucho más de lo que aparentemente la historia nos está narrando. Un gran paralelismo antagónico entre "El oso" de Faulkner y "El zorro" de D.H. Lawrence sería magnífico ejemplo. También multitud de opiniones técnicas acerca del arte de escribir, que simplemente no puedo transmitir, hay que leerla a ella.

Los títulos de los ensayos: "Looking at short stories", "Writing and analyzing a Story", "Place in fiction", "Words into fiction", "Must the novelist crusade?", "Is Phoenix Jackson´s grandson really dead?" y "Some notes on time in fiction". Es decir, breves análisis del tiempo y en lugar en los relatos, el uso de las palabras en los mismos, la escritura y análisis de los relatos, etc. En estos siete capítulos resume y explica brevemente los elementos principales del arte de la escritura, y particularmente de la escritura de relatos. Pero lo mejor es que más allá de lugar, voz, lenguaje o memoria, está lo que Welty llama "The Mistery of fiction", el como el escritor ensambla lenguaje e ideas para cerear una obra de arte.

"Learning to write may be part of learning to read. For all I know, writing comes out of a superior devotion to reading." (Aprender a escribir puede ser una parte de aprender a leer. Hasta donde yo se, la escritura proviene de una devoción superior a la lectura.)

Quien ame la narración corta, la Short Story, tendrá aquí un breve estudio, muy ameno, no equiparable al clásico de O´Connor, pero muy entretenido en cualquier caso.


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He de reconocer que además de encantarme como escribe Welty, cada vez que la leo, veo en fotos o videos, tengo la sensación de que me "cae bien" esta mujer.



Como recurso adicional no quiero dejar de citar la Eudora Welty Foundation



13 comentarios:

  1. Hola Óscar,
    te recomiendo la lectura de 'La hija del optimista', editada por Impedimenta. Se publicó el año pasado. Creo que disfrutarás mucho con su lectura.
    Saludos.

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  2. Si, Bibliotecaria. Lo leí y me encantó. También "Las batallas perdidas" que esta en impedimenta también, y que me gustó mucho, aunque un pico menos. Por cierto que ambos títulos me parecen magníficos. Muchas gracias y me sumo a tu recomendación.

    Un saludo

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  3. ¿Y no te has traído de los EE.UU. algún libro de fotografía suyo?

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  4. Ahi le has dado. Los estuve buscando en las 4 librerías que estuve y no lo encontré en ninguna. Me hubiera encantado. Los tendre que pedir por internet. En el primero de estos dos libros también habla Welty de cuando comenzó a disfrutar y practicar la fotografía.

    Me encantan sus fotografías, y las busco desde que lo lei en tu blog.
    Un saludo.

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  5. Desconocía a esta autora. He visto que hay varios títulos suyos traducidos y publicados, aparte de los que mencionáis aquí. Gracias por la sugerencia.

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  6. Me han gustado mucho estas dos reseñas, desconocía estos escritos suyos sobre el arte de la ficción, que es un tema que me interesa enormemente. Estupenda también la anécdota sobre las obras de Dickens. Comparto plenamente la pasión de la madre de la Welty por Dickens: sus libros merecen salvarse "del agua y del fuego".

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  7. Juan Manuel: Si te gustan los grandes autores sureños de estados unidos te gustara Welty. Las dos obras de editorial Impedimenta son magníficas y si pillas sus relatos son extremada y justificadamente famosos.

    Elena: pues si te gusta e interesa el tema y autora, he descubierto (despues) que hay otro volumen por el mismo precio, que engloba estos ensayos y además sus críticas de autores como Woolf, Austen, Faulkner, Cather, Forster....

    Es este >> http://www.amazon.com/Eye-Story-Selected-Essays-Reviews/dp/0679730044/ref=sr_1_1?ie=UTF8&s=books&qid=1299096190&sr=8-1

    Crítica aqui >> http://www.nytimes.com/books/98/11/22/specials/welty-eye.html

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  8. Yo también tengo en el punto de mira "La hija del optimista". Hace poco leí "Las batallas perdidas", aunque en conjunto me pareció muy buena, parece que estas delante de la tv viendo "La casa de la pradera", describe perfectamente las relaciones de una pequeña comunidad, con sus dimes y diretes, dentro de la atmósfera tórrida del verano sureño, donde mascas el polvo de las carreteras terrizas y te sonríes con las ocurrencias "palurdas" de los protagonistas, todo relatado magníficamente, con un lenguaje sereno, maduro, entrañable; pero me pareció que pasaba de forma abrupta de una escena a otra.

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  9. Si, si se pudiese generalizar acerca de la literatura sureña, se podría parecer a lo que cuentas. Faulkner, O´Connor, Porter, McCullers, cada uno con sus variaciones estilísticas cuentan el día a día de gente de su comunidad. Los "palurdos" de Faulkner son los más maravillosos que yo haya leído probablemente. Ahi estriba gran parte del encanto de este tipo de literatura. Me declaro absoluto fan de ella....

    Un saludo.

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  10. Pues si pertenece a ese grupo de escritores que mencionas no dudaré en leerla. Faulkner es magnífico y no digamos Mark Twain. Tuve la buena ocurrencia de releerlo hace algún tiempo y algunas de las escenas de Huckleberry Fink llegaron a emocionarme.

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  11. Si se habla de "palurdos" no se pueden olvidar los de Erskine Caldwell y los de Sherwood Anderson. Indispensables para completar el cuadro del "palurdismo" de la américa profunda.

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  12. Touché...

    ¿Y metemos a los palurdos con revolver mas modernos de Cormac McCarthy?

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  13. No lo sé, los de todos los anteriores, aunque algunos sean unos autenticos hijosde, resultan entrañables, los de McCarthy creo que ya no, para mí ya es otro tipo de palurdo.

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