domingo, 13 de febrero de 2011

A Grief Observed (Una pena on observación), de C.S. Lewis








“Talk to me about the truth of religion and I'll listen gladly. Talk to me about the duty of religion 
and I'll listen submissively. But don't come talking to me about the consolations of religion 
or I shall suspect that you don't understand.”


Releyendo a Lewis, tras acabar esta obrita (que ya he leído varias veces) tengo claras dos o tres cosas. Una primera es que no tengo muy claro que fue lo que, en última instancia, movió a Lewis a escribir estas reflexiones sobre los sentimientos que desató en su interior el fallecimiento de su esposa.

En realidad creo que esta pequeña confesión engrandece mucho más a Lewis que otras de sus obras. El hecho de que alguien que fue  es el gran abanderado del catolicismo, movimiento que encontró un maravilloso speaker para difundir y explicar las enseñanzas del cristianismo (en castellano prácticamente toda su obra está  publicada en una editorial religiosa) fuera capaz de reconocer las tremendas dudas existenciales y la debacle que su bien estructurado sistema interior de creencias atravesó tras un evento que no por esperable era menos doloroso, apoya la imagen de un irlandés-inglés por el que siempre he sentido una profunda predilección personal (he de reconocer que a ves más predilección personal que literaria).

No son pocos los que conocieron la obra y el autor tras ver la película que se basó en esta (Tierras de penumbra o Shadowlands en su idioma original.) No obstante, resumiré brevemente el tema. 

Clive Staples Lewis era un solterón empedernido que había compartido siempre su vida con su hermano y sus compañeros de la universidad de Oxford: su círculo de amigos escritores, los Inklings (Tolkien y Charles Williams fundamentalmente), pero también los otros profesores y sus alumnos. Lewis era ya, además de profesor en Oxford (en el Magdalen College y luego en Cambridge, también en el Magdalen College) un escritor que disfrutaba de una cierta reputación. Había publicado ya la "trilogía del espacio", las "Cartas del diablo a su sobrino", estaba concluyendo la serie de Narnia y había publicado un sinfín de ensayos de carácter religioso. Jack (como le conocían sus amigos) conoció a la mujer de su vida, la escritora americana (de ascendencia judía y tendencias comunistas) Joy Davidman Gresham varios años antes de casarse con ella. De hecho ella estaba en ese momento casada y era madre de dos hijos. Solo cuando se divorció de su marido y volvió a Inglaterra, Jack se casó con ella en una ceremonia civil, fundamentalmente como un favor hacia ella que le permitiría seguir viviendo en Inglaterra. Joy se mudó a la casa que Lewis y su hermano habían comprado en 1930 (llamada The Kilns,  que hoy es sede de un centro  de estudio acerca del autor, y que veis aquí abajo) junto a sus dos hijos. Warnie, el hermano de Jack dice:

"For Jack the attraction was at first undoubtedly intellectual. Joy was the only woman whom he had met who had a brain which matched his own in suppleness, in width of interest, and in analytical grasp, and above all in humour and a sense of fun" 
Para Jack, la atracción fue inicialmente sin duda intelectual. Joy era la única mujer que había encontrado que se equiparaba al suyo en flexibilidad, en amplitud de intereses y en garra analítica, y por encima de todo en humor y sentido de la diversión."

Recordemos que habla su hermano, no él. En otro caso la idea de la carencia de mujeres que equipararan su masa gris podría parecer un poco pretencioso. No obstante la relación entre ambos continuó mejorando y finalmente vuelven a casarse, esta vez en una ceremonia religiosa. Lewis había sido bautizado al nacer en el seno de la Iglesia de Irlanda y Joy, atea de largo recorrido, también había abrazado el cristianismo no mucho antes. El mismo año en que se casan (1956) Lewis publica el último volumen de las crónicas de Narnia y Joy recibe la noticia de que está enferma de cáncer.





Aunque los médicos habían previsto una muerte casi inmediata para Joy, esta tuvo una mejoría espectacular en 1957 que le permitió incluso hacer un viaje con su esposo a los lugares del mundo preferidos por este. Pero en 1960 la enfermedad volvió. Joy murió y Lewis le sobrevivió solo tres años. Como curiosidad, el momento de su muerte es casi exactamente el mismo en el que J.F. Kennedy fue tiroteado en Dallas. Y para rizar el rizo, ese mismo día murió también mi admirado Aldous Huxley. Sus herederos (tal como los declaró en su testamento) fueron su hermano y los dos hijos de Joy. Con ello acababa una relación colosal entre dos personajes con una inteligencia, al menos, bastante por encima de la media.





Para los que las puedan leer en inglés, las cartas de Joy Davidman son una autentica maravilla (aquí las podéis leer) y un perfecto complemento para este libro. También podeis leer "The Everlasting man", de Chesterton, que Lewis reconoció como el libro que posiblemente más le había influido en su vida.

Respecto de la obra diría que mi posición es muy diferente a la de otros muchos de sus millones de lectores (por cierto, por deferencia de sus herederos, el texto completo en inglés es de acceso libre y gratuito y está disponible en el proyecto Gutemberg).  Empezaré con una aclaración, para quien venga solo de la película. Esta breve obra refleja solo los pensamientos de CSL tras la muerte de Joy, pero nada de su vida en común, y mucho menos de la vida del propio Lewis antes o fuera de su relación. En otras palabras, que no esperen en el libro nada de su idilio, los paseos por Cambridge y por el extranjero, las reuniones de los Inklings, etc; sino esta parte de la película:





El libro es en realidad una colección de reflexiones acerca del sentido (o la falta de sentido) del dolor tras perder a un ser amado. ¿Ejemplos?

Nadie me dijo nunca que la pena se parecía tanto al miedo. No tengo miedo, pero la sensación es como tenerlo. El mismo aleteo en el estómago, la misma inquietud, los bostezos. Sigo tragando.
En otros momentos es parecido a estar levemente borracho o conmocionado. Hay una especia de manta invisible entre el mundo y yo. Encuentro difícil entender lo que cualquiera dice. O quizá difícil querer entenderlo. Es tan poco interesante. Y sin embargo quiero que los demás estén a mi alrededor. Temo los momentos en que la casa está vacía.
Entretanto ¿donde está Dios?. Este es uno de los síntomas mas inquietantes. Cuando eres feliz, tan feliz que tienes la sensación de necesitarle a El, tan feliz que estás tentado de sentir sus peticiones hacia ti como una interrupción, si lo recuerdas y te vuelves hacia el con gratitud y oración, será - o así parece - bienvenido con los brazos abiertos. Pero ve a El cuando tu necesidad sea desesperada, cuando cualquier otra ayuda es vana, y ¿que encuentras? Una puerta cerrada de golpe en tu cara y el sonido de un cerrojazo y un doble cerrojazo en el interior.
No es que yo esté (creo) en gran peligro de dejar de creer en Dios. El auténtico peligro es llegar a creer cosas tan horrorosas acerca de Él. La conclusión que temo no es "Así que no hay Dios después de todo" sino "Así es como realmente es Dios. No te engañes más."

Sobre todo (y lo entiendo) lo que más critica Lewis son todas las frases hechas, manidas, que tiene que oír. "No hay muerte", "Ella vivirá siempre en tu recuerdo", 

El que quiera la historia entera de la película, debe buscar la biografía de Lewis y Davidman que escribió Brian Sibley, titulada Shadowlands.

Personalmente me considero a la vez adimirador de esta obra y poco influenciable por ella. Lewis cuenta su propia experiencia y leemos por todas partes que esta "ha ayudado a millones de personas", pero creo que este tipo de experiencias son absolutament individuales. No conocemos a Lewis, podemos entenderle, compartir de manera ajena su dolor por pura simpatía, pero nada más. De hecho el mismo cuenta la diferencia entre su experiencia ante la muerte y la de Joy. Hay barreras que no se pueden cruzar. No se puede compartir cierto tipo de experiencias, ni siquiera con la persona amada. Por ello, considero su lectura recomendable, aunque más como ejercicio filosófico que otra cosa. Pero bueno, yo es que soy muy poco influenciable en lo que se refiere a las experiencias vitales de los demás y en cuanto a como las viven estos. Pero bueno, esto es solo una visión muy personal. Aunque este tipo de libros solo están abiertos a visiones personales.

5 comentarios:

  1. Me encanta como escribes esta historia de amor que se sitúa por encima de cualquier creencia. Un saludo.

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  2. Muchas gracias, Carlos. La verdad es que siendo tan escueto, en muchos aspectos el libro transmite aun mas que la película el tremendo amor que sintió Lewis por Joy.

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  3. Tener experiencias vitales está bien, nos ayudan a madurar, a moldear el carácter y toda persona tiene derecho a su periodo de duelo, lo normal son dos, tres semanas como tu bien sabes, pues a todos nos afecta la muerte de alguien allegado, aunque estés muy acostumbrado a verla de cerca, como no el de tu pareja. Más de ese tiempo se convierte en patológico y alguien enfermo pierde la perpestiva, su óptica se desvía,  no es capaz de analizar adecuadamente la situación por lo que arremete contra lo que uno más quiere, cúantas parejas se pierden después de la muerte de un hijo, o contra sus propias convicciones, aunque las hayas llevado por bandera durante mucho tiempo. En esos casos supongo que es más fácil buscar un culpable que superar la situación.

    No me interesan las personas que defienden sus ideas a capa espada y menos aún cuando cambian (llamemoslo así) de bando, pero una forma de aprender es analizando las experiencias vitales de otras personas, nunca se sabe...

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  4. Si, el análisis de las experiencias de los demás, especialmente de las que admiras o por las que sientes afinidad puede ser un ejercicio interesante, pero a la hora de la verdad soy pesimista. Te quedas solo y desnudo. Admito que de forma inconsciente puede que estés siendo influido, pero me da la impresión de que se actúa por instinto.

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  5. No lo tengo muy claro, a mí mi percepción me dice que la intuición te lleva a Dios, la costumbre te mantiene y la cabeza te aleja

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