domingo, 2 de enero de 2011

Body Art, de Don DeLillo







Llevo varios días dudando de si publicar una entrada para esta novela o dejarla correr y esperar a la próxima. Por decirlo de otra manera: hay ocasiones en que cuando uno termina de leer una novela, le resulta difícil explicarla a los demás. Resulta difícil transmitir porqué a uno le ha gustado tanto. Y además a veces lo primero de lo que uno se acuerda al acabarla es de a cuales de sus amigos NO se la recomendaría jamás. No obstante, mientras la cierras y la dejas en la mesa piensas: ¡que maravilla!.

De hecho algunos críticos optan por hacer como si escribieran una carta a un amigo, para personalizar los comentarios. Esta crítico lo resume a la perfección: "Es un libro fácil de leer por ser tan corto, pero difícil de entender por ser tan opaco".







Sigo a DeLillo desde hace años. Siempre ha sido para mi un autor admirado, aunque unas veces dicha admiración ha resultado más fluida y sencilla que otras. He leído todas sus obras mayores (unas con más relajación que otras) y siempre le he tenido por un autor complejo que sabe recompensar al que persevera en su obra. Y siempre he tenido más claro a quien no se lo recomendaría que a quien si lo haría, insisto. Pues bien, olvidaos de lo leído el que lo haya leído y no os hagáis falsas ideas el que no lo haya leído y llegue a este libro como primera lectura de DeLillo. No se parece a nada previo que yo conozca de su obra. Y no creo que vaya a escribir mucho más de un estilo similar. Body Art (en inglés "The Body Artist") escapa a mi capacidad de clasificación.




Podríamos empezar por una pregunta ¿si fuerais capaces de volver a la mañana del día en que la persona que mas amáis va a morir, como recordaríais luego esa última mañana?. Hasta que nivel de detalle podríais llegar. Recordad que es una mañana más, nada hace sospechar que poco después el otro estará muerto. Rey es un guionista de 64 años y por cierto, barcelonés de nacimiento casado con Lauren, mucho más joven que él. El primer capitulo narra el desayuno de este matrimonio un día cualquiera. Este tipo de narración es una mezcla de "stream of consciousness" (sin llegar a serlo) con la exaltación sensorial que (imagino) debe producir un buen viaje con LSD. Todos los sentidos se expande, sin ser su portador consciente, todo se vuelve táctil, olfativo, visual... El simple hecho de preparar una tostada es casi un ritual iniciático. Ya muy al principio lo advierte DeLillo:

"Sabemos mejor quienes somos en esos días brillantes y poderosos en que, tras la tormenta, hasta la más pequeña hoja seca cae imbuida de identidad propia."

Cualquier detalle banal que nunca tendríamos en consideración queda reflejado adecuadamente:

"...y ella, sin soltar el cartón de leche que sostenía en el aire, tuvo que apartarse ligeramente de la encimera cuando le vio acercarse para que él pudiera abrir el cajón y coger un cuchillo para la mantequilla."

Si quisiéramos alargar un rato de desayuno hasta el infinito solo tendríamos que recapacitar en todas y cada una de las pequeñas acciones que se desarrollan en ese rato, y como podemos pararnos a percibir aquello que habitualmente pasa por delante de nuestras narices (nunca mejor dicho) sin que le hagamos caso:

"Ella asestó un nuevo bocado y cerró los ojos para poder pensar en el sabor." // "Se llevó a la boca una cucharada de cereales y olvidó saborearlos", // "A ella le resultaba agradable, el sabor del tabaco. Formaba parte del conocimiento que tenía del cuerpo de él. Era el aura del hombre, un residuo de humo y de vicio permanente. Una dimensión nocturna."

A partir de aqui, si uno lee el argumento de la contraportada, puede ser llevado hábilmente por el que escribe dicho comentario, a un territorio completamente equivocado. No porque sea mentira lo que dice, que no lo es, sino por las implicaciones que fácilmente se sacan de él. Una vez muerto (suicidio, por cierto) su marido, Lauren regresa a su casa de verano al borde del mar, para disfrutar la soledad y recomponer su vida. Pero dentro de la casa aparece un hombre. Un hombre que no sabe hablar (parece que esté aprendiendo) y que es capaz de reproducir las conversaciones íntimas que ella mantenía con su marido. ¿Quien es? Es alguien que escuchó dichas conversaciones o es una materialización de Rey. Pero no, no es una novela de misterio ni de fantasmas. Ni mucho menos. A partir de ahí empieza un lenguaje difícil a veces de seguir y una historia que realmente solo muestra la evolución del dolor y el recuerdo en la cabeza de Lauren. Pero además permanecen los sentidos: Lauren hace ejercicio y se estira, Lauren se pone crema o quita con piedra pómez las irregularidades cutáneas de sus pies. Trata de reconectar su cuerpo mediante el trabajo físico con su mente. En ocasiones el libro se hace realmente difícil de seguir y uno tiene que decidir si simplemente se para a disfrutar del lenguaje y las descripciones "per se" y se olvida de la trama del libro, o simplemente lo cierra y ya está. Pero yo no he sido capaz de cerrarlo.

Aquí cabría hacer la aclaración de que esta novela se acaba de traducir al castellano, pero se publicó en el año 2001. Prácticamente diez años de retraso para un autor como DeLillo (que además vende bien) resulta casi increíble. Llega tres años después de una obra megalítica como es Underworld (1997, 832 páginas) y antes de otra similarmente querida por DeLillo y nada por la crítica (Cosmópolis). Un paréntesis comprensible creo.


Así que espero que QUEDE CLARO. Cada uno que vaya a la librería o bilbioteca pertinente, coja un ejemplar de la novela y lea varios párrafos, para hacerse idea de si le puede gustar o no. Que dicen que sobre no eso no hay nada escrito y más de uno se puede llevar una sorpresa. Yo en este caso me abstengo. Porque me gusta DeLillo (solo por "Libra" o por "Ruido de fondo" ya merece un lugar destacado en la literatura americana del siglo XX) y porque me ha gustado esta obra.

Si quereis ver su cara hoy día y oír su voz, aquí está.

5 comentarios:

  1. Soy de los que empezaron leyendo a Delillo y acabaron sucumbiendo ante su dificultad. Es un autor al que le tengo ganas, sin embargo. Me sucede lo mismo con Pynchon. Encuentro que son grandes novelistas, pero con los que no consigo ser un gran lector. Espero conseguirlo algún día.

    ResponderEliminar
  2. Hola, Juan Manuel:

    Si, he de decirte que estoy de acuerdo en gran medida. Libros como "Ruido de fondo" o "Cosmópolis" son difíciles en muchas ocasiones, no por escasez de capacidad del lector, sino porque si algo le puedo criticar a DeLillo es que a veces pierde transitoriamente la capacidad para hacer entender su razonamiento al lector, no le acompaña en esta y a veces esto hace que te aburras o simplemente te canses de pelear con el libro (Máxime cuando no suelen ser libros de poco grosor).

    Esa pelea suele dar buen resultado, pero a veces desgasta, lo reconozco. No es ni de lejos la suavidad de otros autores como por seguir con autores neoyorquinos, Philip Roth.

    En cuanto a Pynchon, también comulgo contigo. Conseguí leer "La subasta del lote 49", pero tras intentar en vano con "V" y "El arco iris de gravedad", lo puse en la lista de futuribles.

    Saludos

    ResponderEliminar
  3. Coincido con José Manuel: tanto De Lillo como Pynchon son escritores cuyo mérito reconozco, pero de los que me cuesta leer una novela entera. Respecto a esta última (en España) de De Lillo, lo que cuentas me recuerda un poco a otro autor que no es tampoco para todos los gustos, Nicholson Baker. No sé si has leído "Room Temperature", pero es también un minucioso ejercicio de disección de cada acción y cada instante.

    ResponderEliminar
  4. Uff, a Nicholson Baker no le he leido "Room temperature", pero si la primera que escribió "Mezzanine", que cuenta los recuerdos e ideas de un empleado de oficina mientras sube en un ascensor hacia la entreplanta del edificio donde trabaja. Yo creía que el ascensor nunca llegaría al Mezzanine. Se me hizo mas largo que "Body art", aunque curiosamente acabé a la vez cabreado y alucinado de lo que se puede hacer estirando el tiempo y las impresiones. Efectivamente podría parecerse, aunque Baker es un caso más extremo y usa mucho más el "Flujo de conciencia" que DeLillo, que nos cuenta él las impresiones sensoriales más que meterse en la cabeza y hablar por boca del personaje. Una narración en tercera persona o del "Narrador omnisciente" llevado al colmo de la omnisciencia.

    ResponderEliminar
  5. A mí de Pynchon me encantó el experimento de "V", me reí con "la subasta del lote 49" y me encantaron (aunque él reniega de ellos) los relatos de "un lento aprendizaje". Sin embargo De Lillo y Roth nunca han conseguido despertar en mí el más mínimo interés para que me decidea a abrir un libro suyo.

    ResponderEliminar