jueves, 30 de diciembre de 2010

Symposium (El banquete), de Muriel Spark






Sigue adelante mi particular maratón Spark. Tercer título seguido acabado y comenzando el cuarto. No se cuanto durará, pero si es proporcional a la calidad de las obras y mantienen esta tónica, será una prueba larga...

En las tres obras seguidas que he leido, la calidad no ha hecho sino aumentar. Si "The public Image" me dejaba un poco frío, aunque ante la impresión de algo "con calidad pero no acabado", no refinado, no llevado hasta sus últimas posibilidades y "The ballad of Peckham Rye" me gustó y entretuvo (ambas cosas) mucho más, "Symposium" es sin duda la obra que más me ha gustado de las que he leido hasta ahora a Muriel Spark (hay que considerar que aun orbito en círculos alrededor de las más famosas, que aun mantengo encima de la mesa mirándome con tono desafiante).

En la antigua Grecia un Simposium era una fiesta en la que se reunían una serie de personajes para hablar y compartir bebida (la palabra griega significa "Reunión de bebedores"). Solo para hombres, claro, eran griegos del periodo clásico. Aun recuerdo cuando uno de nuestros catedráticos en la carrera nos contaba esto mismo, diciéndonos que estos griegos se reunían para beber juntos en "la fuente de la sabiduría". Nosotros pensábamos, murmurando, que no era ese el tipo de bebida que iban a compartir, pero está claro que solo lo comentábamos por lo bajo. No obstante si que es cierto que los "Banquetes" escritos por Platón o Jenofonte y luego las Simposiaca de Plutarco son el testimonio de que tanto gustaba a los griegos esto de reunirse a beber y charlar que lo convirtieron en un género literario. Platón nos narra una comida en que los invitados beben hasta llegar a estar más o menos ebrios, tras lo que se pide a cada uno que de un pequeño discurso en alabanza del amor. Y al amparo de este nombre viene Muriel Spark a escribir su novela número 19, una de las últimas, allá por 1990.



La obra empieza "rara", con un robo en casa de una pareja de ricos. Mientras duermen, unos ladrones entran en sus casa, les roban y se orinan en las paredes. Sin cambiar de capítulo, con solo un doble espacio, estamos directamente en la entrada de una lujosa residencia del distrito de Islington en Londres. Allí en pocas frases se nos presenta a los comensales. Diez en total. Pero todo se hace tan rápido que no podemos individualizar a nadie y cuando el capítulo se cierra a renglón seguido, a mi se me queda cara de póquer. Uyuyuyyyyy. Pero a veces no hay que menospreciar las conexiones de la buena literatura con la buena música. En realidad Spark no ha hecho más que presentarnos el aria o tema principal. Ahora comienzan las variaciones. En cada capítulo, ahora si, se nos presenta a uno de los protagonistas o mas frecuentemente a una pareja de los mismos (un matrimonio, unos amigos enamorados desde siempre, la pareja anfitriona). Y a cada capítulo que nos entregamos, más satisfechos salimos, más interesante nos parece el personaje. Tras los capítulos en que se nos presenta al matrimonio de recién casados, siendo él hijo de una multimillonaria y que se han conocido en la sección de fruta de Marks & Spencer de Oxford Street, lo cual tiene su relevancia (cada vez que pase por allí me acordaré) , al pintor (el anti-Canaletto, el anti "lots of things") y la mujer con la que vive, que son los anfitriones, la millonaria que ha reunido su fortuna partiendo de casi nada, los amigos eternos y eternos enamorados que nunca llegan a formar una pareja aunque siempre lo han sido... Luego empieza a mezclarlos entre si, a cruzarlos, a presentarnos pequeñas escenas en frente de un desayuno o en un bar, conversaciones en que cada uno de ellos habla de los demás, nos cuenta su versión de la historia de otro personaje. Y de repente, cuando parece que ya nos hemos metido en la tranquila autopista que nos llevará de manera suave hasta nuestro destino, una comedia "de costumbres" con personajes interesantes pero bien delimitados... Spark nos tira a la cuneta y nos manda a una carretera de montaña. Aparece un misterio (espere, esto no iba por aquí ¿no?), crímenes, vidas secretas... todo eso y más. Lo que empezó como cotilleo, como chit-chat en una reunión de conocidos toma tintes serios. Vamos bien. Y además la velocidad en vez de reducirse, aumenta. Todo el paisaje pasa a nuestro alrededor rápido. Los árboles se emborronan y todo corre. Nos olvidamos de lo lateral, nos obligan a focalizar toda la atención en un único personaje... ¿Que ha sido eso? ¿Quien me ha dado esa colleja?. No lo se.

"El joven despertaba la simpatía de Ernst, de hecho le divertía, especialmente por la forma de presumir acerca de algunos de los perfectamente banales logros académicos, a la vez que era positivamente reservado en la cuestión principal acerca de la que podría haberse dado humos justificadamente: su coraje e independencia para avanzar a través de sus estudios universitarios."

"Hilda no era feminista. Ella estaba por encima y más allá del feminismo. No necesitaba un marido domesticado para ayudarla en las tareas domésticas. No tenía tareas domésticas. Ella necesitaba un igual, un compañero."

A veces, las lecturas antiguas se asoman a las nuevas sin poderlo evitar. Al acabar el primer capítulo, cuando ví diez personas reuniéndose en una casa mi subconsciente (siempre actuando a su libre albedrío) dijo "¡Anda, mira, como "Diez negritos" de Agatha Christie"! (no me resisto). Pero resulta que cuando va avanzando es que se va pareciendo a la obra de Christie. Con esta obra empiezas creyendo que sabes donde estás, pero no tienes ni idea de hacia donde te dirige Spark. Lo que empieza como una reunión de chismorreo acaba en una novela de crímenes, increíble. Que gustazo. Y todo esto en 140 paginas.

Pocas veces en mi vida me he reído a carcajadas con un libro que no haya sido de un autor inglés. Es muy terminante, lo sé, pero real. He sonreído y reído mucho con muchas obras de americanos, españoles, alemanes y hasta rusos, pero a carcajadas solo ingleses: Wodehouse, Sharpe, Chesterton y muchos más, y ahora con Muriel Spark, que pasa a engrosar ese teorema personal. De verdad que hay que quitarse el sombrero ante el capítulo del convento. Las monjas de St Pancras me perseguirán en mis sueños. Lo que me he podido reir con la monja marxista o la monja pintora y deslenguada o con la que pinta o la que recibe visitas de su marido en el convento. No puedo contar más para no estropear nada, pero es que es para revolcarse. Pero también hay un humor más refinado. La frase final de Margaret (No debería haber ocurrido hasta el domingo¡) es un magnífico ejemplo. Inolvidable asimismo es el personaje de Mad Magnus, el tío loco de la familia que cada fin de semana es sacado del manicomio y llevado a la casa de su hermano, donde actúa como oráculo de la familia que solicita su consejo para diversos temas.

Leyendo críticas de este libro, un lector y escritor decía que era una obra maestra, pero solo para fans de Spark. Yo comencé esta crítica convencido de deciros lo contrario, que era una obra maestra y punto. Pero al final creo qeu si, que algo tiene que ver el ser fan de MS para disfrutar plenamente esta divertidísima obra. No obstante cualquier amante de la buena literatura la disfrutará mucho. Una mezcla de comedia, tragedia, novela negra con un gran resultado. El narrador omnisciente de Spark brilla como pocos.



Esta escocesa va mejorando (Oh, that´s Scotland. All the families are odd, very odd¡) si cabe.

En castellano, el libro está publicado en 1994 por Alfaguara. Puede que sea algo difícil de encontrar (no lo sé con seguridad).



2 comentarios:

  1. Tengo ya Memento Mori y La plenitud de la señorita Brodie. De momento tendrán que esperar porque estoy leyendo Los libros arden mal de Manuel Rivas (610 páginas).
    Intentaré encontrar Symposium, me has despertado más curiosidad aún, creo que voy a dejar de leer tus entradas sobre Spark.... jajajaja... es broma, son muy interesantes.

    Sobre los banquetes en Grecia, totalmente cierto, las mujeres seguro que eran quienes preparaban los manjares y luego ponían todo en orden cuando marcharan los hombres que no eran de la familia. Grecia, que es la base de nuestra civilización tenía una concepción bastante negativa de la mujer y la aislaba en los gineceos. Apenas podían salir de casa y cuando lo hacían iban acompañadas y cubiertas. Había más libertad para las mujeres en sociedades orientales que en Grecia... Lo dejo ya, no lo he podido evitar, defecto del oficio.

    ResponderEliminar
  2. Pues ese libro lo he tenido hoy mismo en la mano. No he leído nada de Rivas, pero creo que lo habré cogido por el título probablemente. Ya contarás que tal está.

    Nada de defecto del oficio, estamos aqui para eso. Para aprender. En casa de más de uno por desgracia se sigue aplicando esa norma de nuestros fundadores culturales. Mujer=cocinar y luego recoger. Menos mal que algo va cambiando...

    Saludos. Espero que te guste Spark. Yo también tengo un auténtico "tapón" de libros por leer. A ver si nos ponemos al día.

    ResponderEliminar