martes, 2 de noviembre de 2010

Hace 50 años que podemos leer pornografía




El 2 de noviembre de 1960, un jurado de nueve hombres y tres mujeres de un tribunal de Londres encontraron a la (maravillosa en mi opinión) editorial Penguin, no culpable de publicar obscenidades. El libro a que se referían era “El amante de Lady Chatterley”, de D.H. Lawrence.

Este famoso juicio sigue siendo considerado el más famoso por obscenidad en la historia de la literatura inglesa. Fue el triunfo de la libre lectura contra aquellos que creen poder imponernos que debemos o no leer y como debemos comportarnos, que es moral o amoral y cual es la “moral correcta” y cual no.

El seguimiento del juicio es realmente interesante, asi como su desenlace. El estandar previo para definir en un tribunal inglés (que se usaba hasta entonces) lo que era “obscenidad” era “lo que tiene tendencia a depravar y corromper a aquellos cuyas mentes están abiertas a dichas influencias inmorales”.

La novela acerca de una aristócrata que se casa con un héroe de guerra tullido e impotente y que mantiene una relación adúltera (explicada de manera bastante explícita) con un guardabosques resultó demasiado clara para la época. Se publicó por vez primera en 1928, en Florencia. Solo en 1960, tras este juicio, se tuvo que permitir la publicación del libro en Gran Bretaña. En el juicio se hizo referencia a muchas provocaciones que el libro desarollaba, como el frecuente uso de la palabra “fuck” (no creo que haga falta traducir) y sus derivados, considerada entonces una “unprintable Word” (palabra que no se podía imprimir). Varios escritores y pensadores fueron llamados al juicio para opinar, entre ellos Helen Gardner o E.M. Forster. Es famosa que para ser ridiculizada por lo obsoleto de su desarrollo, la causa se suele recordar con la pregunta que el abogado de la acusación quiso desarmar a la defensa: “¿Es este el tipo de libro que ustedes desearían que leyera su esposa o sus sirvientes?.” La leche en verso.
Hay que recordar que el autor llevaba treinta años muerto cuando se permitió la publicación en su propio país de su obra más ambiciosa y polémica. Asi que brindemos por esos doce jurados que permitieron que la libertad de expresión y de lectura no se refiere solo a las ideas políticas o religiosas, que la libertad sexual merece su lugar entre los derechos del lector.

Yo he celebrado el aniversario pidiendo la edición conmemorativa de la obra, la releeré en inglés (la leí años atrás en español), a ver si me es escandaliza más. Cuando la leí no me pareció que fuera más allá que muchas películas que vemos en esta época un domingo por la tarde. Pero entonces… señores, que revolución.

Pues hoy hace cincuenta años.

1 comentario:

  1. Pero algunos de sus exquisitos cuentos (La sombra en el jardin de rosas, etc) fueron autorizados desde siempre, por suerte. saludos, Enrique

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