miércoles, 18 de agosto de 2010

tras el terremoto, de Haruki Murakami





“Son algo extraño y misterioso los terremotos ¿no es verdad?. Damos por sentado que la tierra bajo nuestros pies es sólida y estable. Incluso hablamos de gente que tiene sus pies plantados firmemente en el suelo. Pero, de repente, un día vemos que esto no es cierto.”
El terremoto de Kobe (Japón) en 1995 redefinió la idea de devastación que podía causar un terremoto. A diferencia de otros más recientes (Haití) no afectó a un país pobre con viviendas hechas prácticamente de barro. Japón estaba preparado. Y a pesar de ello las imágenes son espeluznantes. Este video o este otro os pueden dar una idea. Unos está acostumbrado a las imágenes del telediario en que las cámaras de seguridad de un establecimiento u oficina recogen una sacudida breve en que todo se mueve. Pero en este caso hablamos de que todo se derrumba, literalmente sale volando. Las autopistas se parten por la mitad. Los edificios de desploman sin tener en consideración que no deberían poder hacerlo, porque están preparados teóricamente contra ello. Durante unos efímeros 20 segundos, la escala Richter marcó que aquel seísmo tenía 7.1 grados de intensidad. Murieron unas 6.400 personas (en el gran terremoto de Kanto en 1923 murieron 140.000), y se perdieron 3 billones de yenes en daños.
Una vez dicho esto para vuestra cultura seismológica, podéis archivarlo, porque aunque los relatos de Murakami tienen como trasfondo el periodo inmediatamente posterior al terremoto (de ahí, evidentemente, su nombre) el contacto de la vida de estos con el seísmo es siempre muy lejano (el terremoto esta siempre ahí, de fondo, como noticia en los periódicos del día), nunca entra de golpe en la vida del personaje. Este no pierde a un familiar en el seísmo, no se encuentra en la zona durante el mismo ni sufre una crisis existencial al ver las imágenes del cataclismo.
Releer los cuentos de este volumen de Murakami ha sido un placer. Redescubrir el relato “Tailandia” en el que la protagonista (una médico japonesa que asiste a un congreso en Tailandia y tras este decide prolongar el viaje con unas vacaciones en ese país) sufre una de esas experiencias con las que muchos sueñan durante toda su vida. Sentir como se nos transmite la sensación de trascendencia que puede aparecer con solo sentarse a observar una hoguera en “Paisaje con plancha” o seguir en el metro de Tokio a la persona que tu sabes que es tu padre aunque él mismo no sabe ni siquiera que ha tenido nunca un hijo en “Todos los hijos de Dios pueden bailar”. Y el más sorprendente probablemente sea “Super-Rana salva a Tokio”, que es el que introduce el elemento más alucinatorio o de fantasía (que casi nunca faltan en mayor o menor medida en la obra de Murakami) más atractivo para mi (una rana de dos metros se presenta en la casa del protagonista, un agente bancario, para pedirle que le ayude en la lucha contra un gusano gigante que vive bajo tierra y va a provocar un terremoto terrible en Tokio. Toma ya. Ahí queda eso. Y además la rana nos regala con citas de Nietszche o Conrad). Una parábola con tintes kafkianos que me ha gustado mucho y me ha dejado embobado pensando en sus múltiples interpretaciones. Finalmente una de las historias de amor más... ¿como definirla?... tranquila que he leído desde hace tiempo. Realmente junto a "Tailandia" y "Super-Rana" hacen que el volumen sea un auténtico placer.
Es curioso que esta puede ser una de las obras mas “japonesas” que le he leído a Murakami, un escritor muy “occidental” en mi opinión. No obstante a pesar de su tendencia hacia occidente, ningún japonés puede ni quiere sacudirse una tradición cultural, religiosa e histórica diametralmente opuesta a la que nosotros vivimos/padecemos. Todos los escritores japoneses que leo tienen un pulso y un ritmo especial, diferente, al que inicialmente cuesta acostumbrar nuestro paso. nos encontramos desfilando con el paso cambiado. Pero cuando oímos el click y la aguja del tocadiscos entra en su surco, cuando nuestro paso fluye en vez de tratar de imponerse... las sensaciones son maravillosas, siempre tranquilizadoras. En los relatos parece encontrarse más a gusto con cierto minimalismo, con historias breves, de desarrollo y final abierto, que dependen de nosotros casi tanto como del autor. Parece que Murakami quiere contarnos lo que para él podría ser la “conciencia nacional japonesa”.
Como curiosidad diré que no hay falta de ortografia en el encabezado del post. Murakami pidió expresamente que el título del libro debía aparecer en la portada siempre con todas las letras en minúscula. Si alguien averigua el porqué, por favor que me lo diga.
“Es una cuestión de responsabilidad y honor. Puede que la idea no le “vuelva loco”, pero no tenemos elección. Usted y yo debemos ir bajo tierra y encarar al gusano. Si perdemos la vida en el proceso, no ganaremos la simpatía de nadie. E incluso si logramos derrotar al gusano, nadie nos alabará. Nadie sabrá nunca ni siquiera que tal batalla ha estallado debajo de sus pies. Sólo usted y yo lo sabremos, Mr Katagiri. Sea cual sea el resultado, la nuestra será una batalla solitaria.”

2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo en todo lo que dices sobre Murakami, uno de mis escritores favoritos. Éste libro en concreto suyo no o he leído. Te recomiendo Kafka en la orilla (curiosamnente fue el que me introdujo en su mundo) y Tokio Blues. Me parece de una gran maestría la forma en que combina realidad con ficción.
    Besos

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  2. Hola, Marian.
    "Kafka en la orilla" es uno de mis libros favoritos de Murakami y "Tokio Blues" también me gustó mucho. La verdad es que ahora lo tengo un poco dejado (a Murakami) y desde que lo descubrí (y lei casi todo del tirón) no me he mantenido lo actualizado que debiera (de hecho no he leído 1Q84, debo ser el único... :-) )
    También recuerdo con gusto "La caza del carnero salvaje" y aunque un poco más lenta, me gustó "La crónica del pájaro que da cuerda al mundo". Por cierto, también yo entré en el mundo Murakami a través de "Kafka".
    La verdad es que al leer tu comentario y recordar este pequeño volumen me han dado gana de releer alguno de sus relatos, cosa que me propongo hacer esta tarde, a ver si cumplo...

    Un cordial saludo.

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