martes, 24 de agosto de 2010

La humillación, de Philip Roth





Bueno, ¿seguimos un poquito con Philip Roth?.

Esta es su última novela por ahora (en un mes publica la siguiente, titulada "Nemesis"). Es la numero treinta y uno de su carrera. Hace poco le oía decir a Roth que el escribir no es nada tan excepcional, es solo una cuestión de constancia. "Escribes una página al día los 365 días del año y ya tienes una novela". Y así funciona últimamente él, una novela al año (como Woody Allen con una película al año).




"La humillación" es, de nuevo, una historia en torno al paso de los años y la senectud. El paso del umbral entre un cuerpo y mente fornida y más o menos dotados y los que comienzan su involución progresiva. El protagonista es un actor de teatro que un día, de manera súbita descubre que ha perdido completamente el control de su presencia sobre el escenario. Cada vez que lo intenta entra en una reacción de pánico, convencido de no saber el texto, de no saber representarlo, de haber perdido su capacidad de conectar con el personaje. Tras estar ingresado en un hospital psiquiátrico para tratar su cuadro depresivo, encuentra una tabla de salvación a la que agarrarse. Una relación con una "lesbiana reconvertida" treinta años menor que él. Pero claro, todos sabemos lo frágiles que resultan las tablas cuando el temporal arrecia. Es fácil que nos hundamos arrastrando en el hundimiento a la propia tabla.... O bien que la tabla resulte no ser de madera, sino de acero y nos hunda. Por medio de esta mujer tratará de recuperar la normalidad perdida en su vida, su "centro".

¿Y porqué puede ser tan interesante la historia de un personaje tan aparentemente banal?

La verdad es que cuando uno lee las novelas de Roth parece sentir que narran la vida de personas que podrían ser nuestro vecino de al lado (o la nuestra propia), son perfectamente creíbles y poder asistir como espectador a como piensan, deciden y actúan los peones, reinas y alfiles de este juego nos sirve en muchas ocasiones como lección o al menos como punto de reflexión. El otro día leía este comentario en inglés, en que el periodista comenta que estaba visitando un museo con sus hijos cuando vio que uno de los guardianes tenía abierto y apoyado contra su banco un libro de Philip Roth ("El profesor del deseo"). Se pusieron a hablar sobre é y su obra. El vigilante le confeso que Roth era su autor favorito y comenzaron a cruzar opiniones sobre los personajes y las referencias cruzadas entre las obras. Finalmente el vigilante le confesó que estaba releyendo todas sus novelas acerca de las rupturas de pareja porque estaba pasando por una él mismo y "de verdad, de verdad que te ayudan".

Y no menos interesante es la implicación en política americana de Philip Roth, decidido defensor de la política de Obama (durante el gobierno de Bush ha pasado lo que él llama un "periodo oscuro"). Pero es que además Obama reconoce la gran influencia ideológica que le suponen los pensadores judíos (cita entre ellos expresamente a Roth), llegando a manifestar el fuerte lazo de simpatía y comprensión hacia Israel que tiene cuando se habla de Oriente Medio. Pero bueno, esta es otra historia.

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