sábado, 28 de agosto de 2010

Historias de un gran Pais, de Bill Bryson




Hace años que un amigo (gracias, Pepe) me presentó a Bill Bryson. Precisamente con este libro, que ahora releo en inglés. Luego el resto de libros de este autor me los he tenido que leer en su mayoría también en ingles, porque es relativamente poco lo que había (ahora algo más) traducido al castellano.
Bryson es conocido fundamentalmente por ser uno de los escritores más vendido en el mundo angloparlante (tanto USA como Gran Bretaña) dentro del subgénero de narrativa de viajes. De esto tratan muchos de sus libros (libros de viajes y de costumbres locales acerca de Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia, viajes a Europa, a las montañas del este de estados Unidos…). No obstante el rango de sus libros es más amplio y tiene algunos volúmenes muy buenos, y muy reconocidos y muy bien vendidos, acerca del idioma ingles, una (muy buena) biografía de William Shakespeare, un libro muy ameno titulado “Una breve historia de casi todo” o el último publicado en inglés, “At home” (“En casa”) que es una historia de cómo ha evolucionado el concepto occidental del hogar y como ha ido cambiando el uso de cada una de las habitaciones del mismo.
Uno de los elementos que creo más han marcado a Bill Bryson es que habiendo nacido en Estados Unidos, tras casarse con una inglesa, se desplazó a vivir y trabajar como periodista a Inglaterra, donde estuvo veinte años. Tras esto volvió a su país. Este libro recoge magníficamente la sorpresa del redescubrimiento. Tras veinte años fuera de su hogar, en un país diametralmente opuesto en casi todo, al volver a casa todo le parece diferente, nuevo. Esto, unido al maravilloso (os lo aseguro, maravilloso) sentido del humor de Bryson hace que tenga una posición magnífica para criticar tanto a ingleses como americanos, compararlos y ver en que supera cada uno al otro y en que queda muy por debajo. Y no creáis que barre para casa. Ambos salen igual de bien o de mal parado, según cual sea el tópico tratado en cada capítulo. Y sobre todo, antes que de nada, tiene una capacidad espectacular de reirse de si mismo. Igual que me ocurrió la primera vez que lo lei, el libro me ha provocado desde sonrisas hasta carcajadas que han hecho que los clientes de las mesas vecinas de una mesa de cafetería se vuelvan a mirarme. Bryson es el paladín de la idea que tanto defiendo de que hay que viajar si se puede y se quiere fuera de los límites de nuestro país e idioma para conocer otras formas de vivir, lo cual nos hace mucho más capaces de conocer y criticas la propia.
“El otro día llamé al servicio telefónico de soporte técnico de mi ordenador, porque necesitaba que me hiciese sentir ignorante alguien mucho más joven que yo y la persona de voz infantil que me respondió me dijo que necesitaba el número de serie de mi ordenador antes de poder atenderme.
¿Y donde puedo encontrarlo? Pregunté tímidamente.
“En la base de la unidad funcional de desequilibrio CPU” dijo, o palabras de naturaleza igual de confusa.
Este es, como veréis, el motivo por el que no llamo con frecuencia al servicio de soporte técnico. No habíamos estado hablando cuatro segundos y ya podía sentir una oleada de ignorancia y vergüenza empujándome a las frías profundidades de la bahía de la humillación. Sabía, con un presentimiento de maldición que en cualquier momento me iba a preguntar cuanta RAM tenía.
En realidad el libro es una recopilación de artículos publicados en una revista estadounidense tras su vuelta al país. Sn cortos y tremendamente variados (las estadísticas del país, el servicio de correos de Estados Unidos y sus diferencias con el británico, los moteles, los restaurantes, el béisbol, porqué los americanos nunca caminan y cogen el coche aunque sea para cruzar la calle…). También merece la pena reproducir la conversación que tuvo con el editor de la revista cuando le contrataron:
El editor le pidió que escribiera una columna semanal sobre Estados Unidos para su revista.
“No, no puedo. Lo siento, simplemente no es posible” dijo él
“Entonces puedes comenzar la semana que viene ¿no?”.
“Simon, parece que no me entiendes, no puedo hacerlo”
“Hemos pensado que lo llamaremos Notas de un Gran País”
“Simon, tendrás que llamarlo Espacio en Blanco al Inicio de la revista, porque no puedo hacerlo”.
“Genial” dijo con tono ausente. Daba la impresión de que estaba haciendo algo más al mismo tiempo, mi apuesta es que estaba repasando modelos para un especial de trajes de baño.
“Entonces te enviamos el contrato”.
“No Simon, no lo hagas, no puedo escribir una columna semanal para ti. Así de sencillo”.
“Maravilloso, estoy encantado. Bueno, debo seguir.”
“Simon, por favor, escúchame. No puedo escribir una columna semanal, simplemente no puedo. Simon ¿estas escuchando? ¿Simon? ¿Hola?, Simon ¿Estás ahí?. Cabrón.
Además de los buenos ratos al leer como comenta sus relaciones con su esposa (un día en que toca arreglar el jardín por ejemplo), sus vecinos (me encantaría poder conocer el pueblecito de New Hampshire donde vive, que es de esos en que nunca se cierran las puertas de las casa, los coches se dejan siempre abiertos, si te vas de viaje el día que vuelves los vecinos te han llenado el frigorífico para que no tengas que ir a comprar...) o sus compatriotas, sea en sus aspectos negativos (el desconocimiento de los americanos de todo lo que tenga que ver con cualquier otro país que no sea el suyo, el funcionamiento de las lineas aéreas, la extrema superabundancia de todo en su país, la mala alimentación) o positivos (La exhuberante naturaleza que rodea gran parte del país, y concretamente Nueva Inglaterra, donde los bosques se tragan aviones enteros y nunca los devuelven, donde las nevadas son espectaculares, donde ir a pescar o de montañismo es una auténtica aventura). Ya cuando leí la primera vez estos artículos (que se escribieron antes de la caída de las torres del World Trade Center) me pregunté como se habrían modificado si se hubieran escrito tras el 11-S. Pero , bueno, eso es otra gran historia de un gran país (que por cierto, si, yo también creo que es un gran país).
Asimismo trasciende la sensación de pérdida de ciertos elementos de la cultura americana con los que creció Bryson: los auténticos moteles ("motor-hotel"), las carreteras americanas inextinguibles, los restaurantes particulares que no habían entrado en el proceso de homogeneización de las grandes cadenas.

En resumen. El libro da para muchos buenos ratos, divertido y además con temas que darían para una buena tertulia. Algunos de ellos son específicamente americanos, pero la mayoría son universales o se pueden traducir a la situación de esta nuestra comunidad.

P.S. En español esta en editorial Península, pero no encuentro la carátula para ponerla...

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