viernes, 16 de julio de 2010

El inaguantable peso de la experiencia. "Night" de Elie Wiesel





Una de las cosas que más claras me pone la vida delante de los ojos todos y cada uno de los días que me echo a la calle, es que existe una brecha insuperable entre la experiencia y la narración. Por mucho que andemos hacia atrás y tomemos carrerilla, no podremos dar un salto suficientemente largo para llegar a asir el borde contrario de la zanja.
Y este exabrupto filosófico viene al caso, no creáis que deliro. Estamos acostumbrados a leer muchas descripciones de hechos históricos. Los más antiguos a veces nos resultan parcialmente asimilables por no estar capacitados para entrar en la forma exacta de pensar de las personas que los vivieron, organizaron o provocaron. Pero algunos de los hechos mas recientes nos pueden resultar aun más difíciles de entender. Y cuando nos los narra alguien que los ha vivido en su propia carne, su propia sangre y su propia piel, a veces llegamos a atisbar muy de lejos lo que ello pudo suponer.

Nos cuenta el escritor francés François Mauriac que siempre ha desconfiado de los periodistas, porque lo que les contaba podía ser transcrito o reinterpretado de cualquier manera. Por eso le resultó tan extraño cuando un día acudió a entrevistarle un joven judío de un diario de Tel Aviv sintiera inmediatamente tanta confianza con él para encontrarse conversando acerca del holocausto del pueblo judío. Empezó Mauriac a narrarle al judío que la imagen más horrorosa que tenía de esa masacre ni siquiera la había visto él mismo: su esposa le narró como había visto en la estación de Austerlitz vagones de ganado repletos de niños, sellados y enviados a un destino que por entonces nadie podía acercarse a imaginar cual era. "He pensado tantas veces en esos niños!". La respuesta de Elie Wiesel fue un mazazo: "Yo fui uno de ellos".

"Noche" (Night en ingles, y traducido como La Noche en castellano, lo cual no me gusta un pelo), es la narración de como un pequeño pueblo de Transilvania fue tomado por los nazis, como se seleccionó a los judíos y como se les envió (entre ellos a toda la familia de Wiesel) a Auschwitz (Wiesel también estuvo en Buchenwald, campo al que pertenece la foto superior, en la que en la segunda hilera, en séptima posición desde la izquierda, encontrareis a Wiesel). Wiesel era en su pueblo un "niño de Dios" cuya principal misión era el estudio permanente de los libros sagrados. Alli conoció a un extraño personaje que le ayudó en su estudio hasta que fue uno de los primeros capturados por la Gestapo, llevado en tren y en camión hasta un bosque en Galitzia donde se obligó a los adultos a cavar sus zanjas y colocarse al borde presentando la nuca para facilitar la labor de los verdugos. Los bebés eran arrojados al aire como objetivo para las ametralladoras. Pero este individuo retornó al pueblo y a voz en grito contó en todo el pueblo lo ocurrido, conminándoles a escapar de allí. Nadie le creyó. Tampoco creyeron que los nazis que mas tarde tomaron el pueblo iban a hacerles nada más que robarles. Cuando llegaron dentro de un vagón de tren con las puertas clavadas (en grupos de ochenta por vagón) a un lugar llamado Auschwitz, nadie había oido hablar de ese lugar en su vida. La madre de Wiesel junto a la más pequeña de sus hermanas fueron arrojadas (vivas) a los hornos crematorios. Al igual que la mayoría de niños.

Si alguien se cree capaz de saltar la brecha de que hablaba al principio, que me explique qué es lo que se puede sentir en esta situación (habla Wiesel):

"Recuerdo aquella noche, la más horrenda de mi vida: "..Eliezer, hijo mío, ven aqui... Quiero decirte algo... Solo a ti ... Ven, no me dejes solo ... Eliezer..."
"Yo oía su voz, entendí lo que decía y la trágica dimensión del momento, y a pesar de ello, no me moví."
"Fue su último deseo tenerme a su lado en su agonía y en el momento en que su alma se desgajaba de su lacerado cuerpo, y no le permití cumplir ese deseo"
"Me encontraba asustado"
"Asustado de los golpes".
"Por eso permanecí sordo a sus gritos"
"En lugar de sacrificar mi miserable vida y correr a su lado, coger su mano, tranquilizarlo, mostrarle que no le había abandonado, que estaba cerca de él, que sentía su pesar; en lugar de todo eso, permanecí tumbado de espaldas, pidiendo a Dios que hiciera a mi padre parar de gritar mi nombre, hacer que dejara de gritar. Asi de asustado estaba de provocar la ira del SS"
"De hecho mi padre ya no estaba consciente".
"Pero su quejumbrosa voz seguía perforando el silencio, llamándome, a nadie más que a mi".
"Bien!. El SS estaba enfurecido y golpeaba a mi padre en la cabeza: Cállate viejo, cállate".
"Mi padre ya no sentía los golpes de la porra. Yo si. Y seguí sin reaccionar. Dejé al SS golpear a mi padre . Lo dejé solo en las garras de la muerte. Peor: estaba enojado con él por haber sido tan ruidoso, por haber gritado, por provocar la ira del SS"....
"Jamás me perdonaré."

Pero os aseguro que lo que hace que el libro te impacte como una patada en el estómago no son las increíbles barbaridades que se llevaban a cabo, sino la incapacidad de comprender como podía existir una actuación como aquella que hacía que los judíos saltaran a los hornos prácticamente sin saber si estaban soñando. Aun hoy no puedo llegar a imaginarme como se pudo llegar a deshumanizar a toda una raza de esa manera, como para que costara más trabajo talar un árbol que arrojar familias enteras a una fosa común.

Este volumen, muy pequeño (120 paginas en inglés), se siguió de dos más: "El amanecer" y "El día" (conocidos como la trilogía de la noche). Se lee en un rato, pero se tarda mucho en digerirlo. Cuando uno lee este testimonio de primera mano, otras historias hasta ahora impactantes (narradas por Steven Spielberg o Escritas por John Boyne), palidecen en gran medida en mi opinión.

Es una brecha demasiado amplia.

Elie Wiesel recibió el premio Nóbel de la paz y escribió unas 40 obras.

2 comentarios:

  1. Impresionante. Llevo tiempo esperando que me caiga en las manos algo de este autor, y de hecho creo que lo tengo por algún lado. Yo recientemente vi la película Shoa, de Claude Lanzmann (reseñada en mi blog), y también me hizo pensar en lo que dices de "una brecha insuperable entre la experiencia y la narración".

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  2. La verdad es que fue impactante leer esta obra. Solo he leiod de Wiesel esta rtilogía (tiene mucho publicado) e indudablemente "Noche" es lo mejor. Al poco tiempo lei "El niño del pijama a rayas" y creo que soy de los pcoos a los que no le gustó, entre otras cosas porque echaba en falta el olor d elo vivido. No es que sea tan simple como para pensar que uno no puede escribir de algo si no lo ha vivido. Simplemente es que este libro me impactó mucho.

    Por cierto, me encanta eso de "creo que lo tengo por algún lado". Me consuela no ser el único acumulador empedernido.

    Un saludo.

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