domingo, 2 de mayo de 2010

Un héroe de nuestro tiempo, de Mikhail Lermontov



Hace años (muchos años en realidad) cayó en mis manos un libro de saldo (como casi todos los que podía comprar por aquel entonces) titulado "El anillo de Pushkin". Su subtítulo "Lecturas románticas de escritores y paisajes rusos". El autor era Juan Eduardo Zúñiga, al que no conocía de nada. Haríais bien en recordar el título y si os cruzais con el título (antigua editorial Bruguera), deberíais añadirlo a vuestra biblioteca. Es una maravillosa introducción a los autores,, los temas y el clima de las novelas rusas de los siglos XIX y primera parte del XX. Entre los muchos descubrimientos a que me llevó este libro (descubrí a Pushkin, entendí mucho mejor a Chejov...), recuerdo un capítulo llamado "Lermontov: la pasión de morir".

Al poco tiempo cayó en mis manos (también de saldo, por supuesto), la edición de Planeta de "Un héroe de nuestro tiempo". Prologada nada menos que por Aquilino Duque. recuerdo ese prólogo como uno de los mejores que leí en mucho tiempo ("Almas muertas y ruleta rusa" era su título). Con el tiempo ha caido en mis manos una de las ediciones más famosas en inglés, la primera traducción que se realizó del ruso a ese idioma, y que llevaron a cabo Vladimir Nabokov y (seguro que en mucho menor medida) su hijo Dmitri.

Esta novela corta relata en seis capítulos (o cinco capítulos más una introducción) la vida de Grigory Pechorin, oficial del ejército ruso. El orden de los capítulos de dicha vida se fragmenta y reordena de manera aparentemente aleatoria, obteniéndose la información acerca de dicha vida por otros protagonistas que las reciben de historias oídas, leídas en el diario del propio Pechorin, etc. Tenemos tres narradores en la obra: El propio Pechorin, que habla a través de sus diarios, Maxim Maximytch, un capitán del ejército que sirvió con él durante la guerra del Cáucaso y un escritor viajero cuyo nombre no llegamos a saber (también en él han querido ver al propio autor). Es famosa su capacidad para describir las costumbres y paisajes del Cáucaso. Pechorin es el prototipo del héroe romántico (romántico ruso en este caso), es decir, es realmente un antihéroe que trata de ocultar tras su cinismo todas sus carencias. Sensible y arrogante. Las mujeres son ara él solo piezas de caza, que no merecen el mínimo respeto. En el fondo, como cualquier héroe romántico, todo se reduce a la certeza de la muerte y la inutilidad de la existencia. Es un personaje autodestructivo. Aburrido de la vida. Es el retrato de toda una generación, no sólo de este individuo.

Ha habido quien trataba de ver a Pechorin como un reflejo del propio autor y en gran medida parte del éxito se debe al paralelismo de la vida y la muerte de Pechorin con el propio Lermontov ("para el tipo de lector emocional, gran parte del patetismo y fascinación de la novela reside en que el destino trágico de Lermontov está en cierta medida sobreimpuesto al de Pechorin", dice Nabokov en su introducción). En efecto, a los 27 años, tras una disputa trivial con un antiguo compañero de colegio y compañero cadete, de apellido Martinov, el autor es retado a duelo y muere tras recibir el primer disparo directamente en el corazón (no olvidemos que solo cuatro años antes había muerto exactamente de la misma manera el que fue probablemente el más alto representante de las letras rusas, Alexander Pushkin). No era ni el primer ni el segundo duelo al que era retado. Finalmente su destino le alcanzó.

Dice Aquilino Duque: "Los románticos suelen tener tres formas de morir en plena juventud, y esas tres maneras de ir a la muerte son la tisis, el duelo y el suicidio. A esas tres maneras de morir añaden los rusos una que combina el suicidio y el duelo en un juego de azar: la ruleta rusa. La ruleta rusa viene a ser un duelo con uno mismo y un desafío al azar. y es en definitiva al suicidio y al duelo lo que es el solitario al juego de naipes."

2 comentarios:

  1. Una gran reseña para una excelente novela. Del libro de Zúñiga hay una edición nueva dentro de "Donde los bosques nevados", en Círculo de Lectores, que incluye otros ensayos. De ambas obras guardo muy buen recuerdo. De la de Zúñiga, por su entusiasmo y capacidad de sugerencia. Y de la novela de Lermontov por su fuerza narrativa, por los escenarios del Caúcaso y por su protagonista, Pechorin, que dice "Hay momentos en que comprendo al vampiro".

    ResponderEliminar
  2. Hace poco, por puro recuerdo, he comprado una colección de relatos escritos por Zúñiga publicado por Galaxia Gutenberg llamado "Brillan monedas oxidadas". La verdad es que el recuerdo que me dejó el libro de Zúñiga es inmejorable. Lo recuerdo y recomiendo con frecuencia. Y Lermontov siempre guardará un lugar muy especial para mi entre los autores rusos en particular y en mis amores literarios en particular.

    Me alegro mucho de que compartas gustos y de que hayas leido el libro de Zúñiga. No conocía esa edición.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar