domingo, 16 de mayo de 2010

Los demasiados libros



No me digais que no es empezar un artículo tocando las narices...

"Durante los últimos siete años he vivido en un antiguo presbiterio de piedra, en Francia, al sur del valle del Loira, en un pueblo de menos de diez casas. Elegí el lugar porque cerca de la casa del siglo XV había un granero parcialmente derruido siglos atrás, suficientemente grande para dar cabida a mi biblioteca de 30.000 volúmenes, reunidos a lo largo de seis itinerantes décadas. Sabía que una vez que los libros encontraran su lugar, yo encontraría el mío."

Y sigue:

"Mi biblioteca no es una bestia única, sino un compuesto de muchas otras, una animal fantástico creado de las varias bibliotecas construidas y luego abandonadas una y otra vez, a lo largo de mi vida. No puedo recordar un momento de mi vida en el que no tuviera una biblioteca de algún tipo. La actual es como una autobiografía con múltiples capas, cada libro sosteniendo el momento en que lo abrí por vez primera. Las anotaciones en los márgenes, las ocasionales fechas en la guarda, el apagado billete de autobús que marca una página por una razón hoy misteriosa, todo trata de recordarme quien era yo entonces. La mayor parte de las veces fracasan. Mi memoria está menos interesada en mi que en mis libros, y encuentro más fácil recordar la historia leída una vez que al joven que la leyó entonces."

Para no prolongar el misterio, os contaré que quien así habla es Alberto Manguel, en una entrevista al New York Times (en 2008) titulada: "Una ventana al mundo de 30.000 volúmenes". Este autor es muy interesante por diversos motivos, algunos anecdóticos, como el hecho de que no solo conoció a Borges, sino que durante su periodo de ceguera, durante cuatro años fue uno de los afortunados que leía libros al maestro. Pero lo interesante de Manguel es que es un especialista en el arte de la lectura. Sus mejores libros y ensayos tratan no sobre el análisis de los escritores o su forma de escribir (que alguno de estos tiene también), sino sobre como y porqué leemos, cuales son nuestras relaciones con los libros y las bibliotecas. El hecho de que se refiera a que su biblioteca ha sido recogida a los largo de seis décadas itinerantes hace referencia a que ha vivido por todo el mundo. Nacido en 1948 en Argentina, creció en Israel, donde su padre era embajador de Argentina. Luego vuelta a Buenos Aires (donde conoce a Borges). Después vivió en Paris, en Londres, en Milán, en Tahití, en Surrey (Inglaterra), de nuevo Tahití, en Toronto (Canadá) durante veinte años. Luego se mudó a Poitou-Charentes, al sur de Francia, donde compró el Presbiterio a que hace referencia en la entrevista.

Esta entrevista se realiza a colación de la publicación (entonces) de una obra (magnífica) llamada "La biblioteca a medianoche", que ya podéis estar saliendo a comprar. Luego, si os gusta, podeis seguir con la más conocida "Historia de la lectura" o el magnífico "Nuevo elogio de la locura" o "En el bosque del espejo". Todas son apasionantes. Es un escritor muy interesante, en el que los que amamos realmente los libros, la lectura, los rincones solitarios y las bibliotecas (gigantescas o pequeñas, polvorientas o deslumbrantes) encontramos un alma gemela y a alguien que pone por escrito muchas veces aquello que nosotros hemos pensado muchas veces (incluso sin tener conciencia de ello) acerca de este mundo de la lectura.

En su página oficial podeis ver fotos de él y algunas de la famosa biblioteca (la que encabeza esta entrada es también una de ellas).

La entrevista no tiene desperdicio, aunque es un poco larga para traducirla entera, os traigo algunas perlas.

"Uno de mis primeros recuerdos (debía tener 2 ó 3 años) es una estantería llena de libros en la pared por encima de mi litera, de la que mi niñera elegía una historia para dormir. Esta fue mi primera biblioteca; cuando aprendí a leer por mi mismo un año después o algo asi, la estanterís, transferida al más seguro suelo, se convirtió en mi dominio privado. Recuerdo ordenar y reordenar mis libros de acuerdo a normas secretas que yo mismo me inventaba."
"Antes de volver a Buenos Aires, mi padre pidió a su secretaria que comprara suficientes libros para llenar las estanterías de nuestra nueva casa. Obedientemente, ella encargó carretadas de libros de un tratante de segunda mano, pero encontró que cuando trataba de colocarlas en las estanterías, muchos no se adaptaban. Desconsolada probó a recortarlos y encuadernarlos en piel verde, un color que combinado con el roble oscuro, le daba al lugar el aspecto de un bosque suave... Yo hurté libros de esta librería para llenar la mia propia, que por entonces ocupaba tres de las paredes de mi habitación."
"La biblioteca de mi adolescencia contenía casi cada libro que me importa hoy en día. de los miles que se han añadido desde entonces, pocos son esenciales."
"dejé mis libros atrás cuando partí para europa en 1969, algún tiempo antes de la dictadura militar. tenía 21 años y quería ver el mundo sobre el que había leido, el Londres de Dickens, el París de Marcel Aymé. Mis libros, pensé confiadamente, estarían alli esperándome en la casa de mis padres cuando regresara un día. No podía imaginar que en caso de haberme quedado como tantos de mis amigos, habría tenido que destruir mi biblioteca por miedo a la policía., dado que en esos terribles días uno podía ser acusado de subversión meramente por ser visto con un libro que pareciera sospechoso. Los fontaneros argentinos tuvieron un número inusitado de llamadas, porque muchos lectores trataron de quemar sus libros en el lavabo, provocando que se rajara la porcelana."
"Ciertos autores son privilegiados. Tengo miles de novelas de detectives pero muy pocas de espías, Mas Paltón que Aristóteles, todo Zola y casi nada de Maupassant, casi todo John Hawkes y Cinthia Ozick. Tengo docenas de libros muy malos que no tiro a la basura por si alguna vez necesitos un ejemplo de libro que considere muy malo. El único libro que tiene prohibida la entrada a mi biblioteca es "American Psycho" de Bret Easton Ellis, que me parecía que infectaba las estanterías con su lasciva descripción de dolor infligido voluntariamente."


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