martes, 25 de mayo de 2010

Carver, el minimalista, el principiante




Hay dos escritores americanos especializados en el cuento o historia corta que nunca me fallan. Siempre que no se hacia donde dirigirme en las lecturas o tengo un rato o periodo en que no quiero pensar mucho (o no tengo aun claro) cual será el siguiente volumen que elegiré, siempre estarán ahí John Cheever y Raymond Carver.

La verdad es que en ciertos momentos el estilo de Carver (que llaman minimalista y para mi desde luego no lo es), desprovisto de adornos, con frases aceradas que cortan la carne o el pensamiento de sus protagonistas sirve como revulsivo excepcional. Mire usted, parece decirnos, que no todo en América es tan maravilloso, que no todo es el cigarrillo de Bogart o las luces de Manhattan, que el sueño americano salta hecho pedazos muchas más veces de las que llegamos a verlo alzarse de la nada. Nos recuerda que los americanos son muchos millones y que muchos de ellos son solitarios alcohólicos, amargados opresores, parados, aburridos, gente que no tiene mucho glamour, pero con vidas igual de reales que las de los americanos de las películas. Tan reales como que no cabe duda de que la suya propia es una de las que aparece por ahí de vez en cuando, como Hitchcock en sus películas. Se le compara habitualmente con Chekhov, como a tantos otros, pero en este caso estoy de acuerdo: si Chekhov hubiera vivido en los años 60-80 y fuera americano (vaya pedazo de salto de la imaginación...) sería como Carver. El decía que se consideraba "inclinado hacia la brevedad y la intensidad" y "enganchado a escribir relatos". Podemos considerarnos afortunados por ello. Ah, y por cierto no me gusta nada el sobrenombre de "realismo sucio" que se suele dar a su estilo.

Tuve la maravillosa suerte de encontrarme en Chicago el volumen con toda su obra (murió a los 50 años, publicó cuatro colecciones de cuentos y algo de poesía y ensayo que se han reagrupado hasta la saciedad para formar diversos volúmenes con los que tener enredados a sus incondicionales). Pero ya antes había leído los cinco pequeños volúmenes que Anagrama (cuantos grandes escritores en esta editorial, madre mía) le había dedicado. Ah, y si os cruzais alguna vez con una película llamada "Shortcuts: vidas cruzadas" que sepais que está tomada directamente de una de sus colecciones de relatos.

Ay, cuantas veces al día, mientras hablo con más de uno/una, me acuerdo del título del primer relato (y del primer libro) que le leí: "¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?"

En la lápida de su tumba se lee:

Y ¿conseguiste lo que querías de la vida?
Lo conseguí.
Y ¿que querías?
Llamarme a mi mismo amado, sentirme amado en la Tierra.

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