domingo, 4 de abril de 2010

84 Charing Cross Road, de Helene Hanff





Hay ciertas obras que difícilmente escapan a los ojos de los aficionados a los libros. No obstante nunca está de más recordar alguna de ellas por si alguien se ha despistado.

Esta obra de Helene Hanff es una pequeña recopilación de la correspondencia que durante mantuvo con Frank Doel durante 20 años. Y el alma de la historia estriba en dos asuntos de suma importancia. El primero, que Hanff era una escritora de guiones, series televisivas y finalmente se introdujo en el mundo de "The New Yorker", vivía en el corazón de Manhattan y adoraba los libros casi por encima de cualquier otra cosa, incluso en una época (la inmediata postguerra de finales de los años 40) en que no tenía dinero para pagar los libros, que en los Estados Unidos eran muy caros, cuando se querían conseguir ediciones de una calidad decente. Doel trabajaba en una librería (Marks & Co, ubicada, claro está, en el 84 de Charing Cross Road), en Londres, que se dedicaba a la venta de libros de segunda mano. Curiosamente era más barato para Hanff que le enviaran los libros desde Inglaterra que comprarlos al lado de su casa. Curiosamente también esto sigue siendo así, yo compro los libros en ediciones inglesas que me envían desde Londres por correo aéreo a precio menor (a veces insultantemente menor) que lo que me costarían en la librería de mi barrio. Y eso es el libro, una sucesión de cartas (si, esos trozos de papel que antes volaban de un sitio a otro y que hoy nos suenan tan antiguas casi como la palabra "gramófono"). Cartas de Helen pidiendo libros, cartas de Frank diciendo que se los envía, cartas de Helen agradeciendo la maravilla que ha recibido ("Nunca pensé que solo tocar la portada de un libro pudiera ser tal maravilla...", "Nunca vi un libro tan hermoso, me siento levemente culpable de poseerlo...") o despotricando por la porquería que le han mandado ("¿Que clase de Biblia negra protestante es esta?", "Que clase de diario de Pepys llama usted a esto?... me lo voy a quedar hasta que me envíe un auténtico Pepys, entonces rasgaré esta imitación de libro, página a página y usaré estas para envolver cosas"). Pero más tarde empieza a escribirse con los otros compañeros de la librería (a espaldas de Frank, que se considera su único intermediario) o con su esposa, intercambiando con ellos noticias triviales, recetas de cocina, etc.

Pero bueno, hablaba yo antes de dos hechos fundamentales y la memoria y la labia me han liado. Hecho número dos: Hanff y Doel se escribieron durante veinte años y se admiraron y establecieron lazos que eran propios de una amistad desarrollada por personas que se ven con frecuencia, pero... nunca se vieron las caras. Hanff tenía pánico a viajar /volar y aunque se tiró quince años prometiendo que iba a ir a Londres a conocer a Doel, a su familia y la librería en que trabajaba él y todos sus compañeros, jamás cumplió con lo prometido. Incluso cuando sus amigos iban por Londres, tenían que escribir a Helene para contarle como era la librería, como olía, como en el momento en que mencionaban que eran amigos de ella, todos los que allí trabajaban querían invitarles a su casa, enseñarles Londres, etc. Esta lectora autodidacta va conociendo a Pepys, Jane Austen, Virginia Woolf... gracias a la mediación de su alma amiga en Gran Bretaña.

Y esto era así porque casi desde un principio, Hanff, además de encargar libros a "Marks & Co.", comenzó a saber de las vidas de los que allí trabajaban. Descubrió que conseguir comida en el Londres de la postguerra era caro y esta se encontraba terriblemente racionada ("un huevo por persona y mes"). Pero si bien los libros eran mucho más caros en los Estados Unidos, no era asi con la comida, era aceptablemente barata y facil de conseguir desde Nueva York, para remitirla a Londres, y asi comenzaron a llegar paquetes de comida periódicamente para repartir entre todos los que alli trabajaban. Estos paquetes eran celebrados como el maná en el desierto ("Hacía años que no veíamos un trozo de carne tan grande... huevos frescos o en polvo...). Un auténtico lujo que Hanff hizo posible a esta gente.

Yo, como mucha otra gente, creo, conocí la obra, en realidad un aburrido domingo, viendo la tele, en que apareció un joven Anthony Hopkins (al que entonces no conocía nadie o casi nadie) y Ann Bancroft en una película que en España se tituló "La carta final" (no respetamos ni un título) y en inglés se llama como el libro, a partir de la cual, tirando, tirando... llegué a esta delicia.


Por cierto, ejemplo de lo antedicho: con calidad similar de publicación, en España (Anagrama) a día de hoy el libro vale 12.5 euros. En inglés, remitido desde Londres me ha costado 7 Euros y además, para mi grata sorpresa, en realidad trae dos obras (trae otra novela muy prometedora llamada "La duquesa de Bloomsbury Street", con la que me voy a meter ahora mismo).

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